Realidad y horizonte de la emigración

Cope – 20 enero 2013

Los flujos migratorios son “un fenómeno que impresiona por sus grandes dimensiones, por los problemas sociales, económicos, políticos, culturales y religiosos que suscita, y por los dramáticos desafíos que plantea a las comunidades nacionales y a la comunidad internacional”. Estas palabras del Mensaje de Benedicto XVI para la Jornada Mundial de las Migraciones del año 2013, son una llamada a los cristianos y, más en concreto, a los de España.

En efecto, el año 2012 vivían en España 5,7 millones de extranjeros, lo cual representaba el 12% de la población; si se incluyen los que ya se han nacionalizado, la cifra se eleva a 6,7 millones y al 14%. Sin ser los causantes de la crisis económica y moral que nos afecta, son “las primeras víctimas de la misma”, como señalamos los Obispos Españoles en el Mensaje para la Jornada del Emigrante, que celebramos este 20 de enero. De hecho, la tasa de paro de los emigrantes es del 35%, la cual ha motivado que no pocos hayan tenido que volver a sus países, con la consiguiente frustración y, en ocasiones, con importantes gravámenes económicos.

La Iglesia que peregrina en España, pastores y fieles, lejos de vivir de espaldas a esta realidad, está mostrando una gran sensibilidad y solidaridad hacia los emigrantes. Como decimos los Obispos en el citado Mensaje, “asombra, a pesar de la escasez de medios y recursos, la multitud de iniciativas eclesiales, algunas admirables, que se realizan en nuestra Iglesia a favor de los inmigrantes”. Pero esto no puede ser una excusa sino una fuerte llamada a seguir trabajando y ampliando nuestro radio de acción.

Entre las acciones más urgentes y necesarias cabe señalar éstas: la defensa de los derechos de las personas migrantes, la promoción de una cultura hospitalaria, la integración, la superación del asistencialismo, la formación y, por supuesto, la creación de puestos de trabajo. Así mismo, es importante apelar al sentido de responsabilidad política y social de las autoridades para que –como señalamos los Obispos– “los costes de la crisis no recaigan sobre los inmigrantes, arbitrando más bien las medidas necesarias para que reciban las ayudas sociales oportunas”.

Por otra parte, ante el aumento de los casos en que es necesario cubrir las necesidades más elementales: comida, vestido, salud y vivienda, es muy oportuno recuperar la colecta que antes se hacía con motivo de la Jornada, y así potenciar la ayuda pastoral a favor de los inmigrantes. En este sentido animo a los sacerdotes, especialmente a los de las parroquias grandes, a realizar esta colecta y ponerla al servicio de Cáritas para que atienda los casos más graves y urgentes, primando a las familias.

Con todo, la ayuda material y humana que hemos de prestar a los inmigrantes no puede hacernos olvidar que hemos de anunciarles el evangelio. Como decimos los obispos en el Mensaje para la Jornada de las Migraciones, “se dice que la Iglesia evangelizando promociona y promocionando evangeliza. Es verdad. No es bueno separar ambas dimensiones, pero tampoco es bueno confundirlas. En la Iglesia todo o casi todo es pastoral”, pero “la dimensión más netamente pastoral, es el servicio a la fe”. Por eso, no sólo hay que preocuparse de “los servicios que brotan de la fe” sino del “servicio a la fe”.

¡Ojalá que “los hermanos bautizados en la Iglesia Católica, venidos de otros países, puedan encontrar en nuestras parroquias su propia casa”!, y que ellos y nosotros seamos conscientes de “que lo mejor que nuestra Iglesia puede ofrecer a nuestros hermanos los hombres no son ni siquiera sus obras sociales sino a nuestro Señor Jesucristo; con Él todo lo demás viene por añadidura” (Mensaje de los Obispos de España para el Día de las Migraciones 2013).

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