Corpus Christi: gesto diocesano

Cope – 2 junio 2013

El Papa Francisco ha dicho varias veces que la Iglesia no es una ONG. Una ONG se limita a prestar servicios, a poner remedio a las necesidades. La Iglesia también presta servicios y pone remedio a las necesidades materiales y espirituales, como lo demuestran todos los orfanatos, hospitales, escuelas, colegios, universidades, leproserías y los innumerables centros de Cáritas existentes a lo largo y ancho del mundo. Pero hace ‘otra cosa’. La Iglesia mira a las personas y sabe descubrir en ellas –con independencia del color de su piel, de su carné de identidad, de su lengua y de su religión– el rostro de Cristo. Y, cuando presta todos esos servicios y pone remedio a las necesidades, lo hace sirviendo y ayudando al mismo Cristo: “Lo que hicisteis con uno de estos, a Mí me lo hicisteis”, dijo él mismo.

En una ocasión, una persona que acompañaba a la Madre Teresa en Calcuta, viendo el esmero con que ella cuidaba a aquellas personas destrozadas por la vida, le dijo: “Yo no haría esto por todo el dinero del mundo”. Ella le contestó: “Ni yo tampoco”. –Entonces, ¿por qué lo hace? Ella respondió sin vacilar: “Yo lo hago por Jesucristo. Yo cuido a Jesucristo en estos hermanos”.

¿De dónde sacaba la madre Teresa la fuerza para salir un día y otro a dar la vida por aquellos pobres desgraciados, siendo, como era, poca cosa desde el punto de vista físico? Ella misma lo dijo en más de una ocasión: de las horas que pasaba delante del Santísimo Sacramento. Personas como ella son los ejemplos verdaderos que resuelven todas las dificultades que plantean quienes tienen una fe teórica o practican un ateísmo buenista. Ellas han logrado integrar la fe en la vida y la vida en la fe. Por eso, saben que sin la fuerza de la Eucaristía a lo más que llegarán es a un filantropismo de salón o de circunstancias; y que una Eucaristía que no practica el amor real al necesitado, es una Eucaristía esteticista y de salón.

En la carta que Benedicto XVI nos escribió para el Año de la Fe, nos decía: “Es la fe la que nos permite reconocer a Cristo, y es su mismo amor el que nos impulsa a socorrerlo cada vez que se hace nuestro prójimo en el camino de la vida”. Los santos –como Teresa de Calcuta– nos dicen con la fuerza de su propia vida que es imposible reconocer a Cristo como ‘prójimo nuestro’ en el camino de nuestra vida, sin descubrirle en la Eucaristía y apoyarse en ella sin cesar. A la vez, que es imposible descubrir de verdad –sin engañarnos– a Cristo en la Eucaristía y luego no descubrirle en el camino de nuestra vida. Por eso, hoy, día del Corpus, sigue siendo el Día de la Eucaristía y de la Caridad. Hoy, por tanto, es el Día de la Eucaristía, rectamente entendida, y el Día de la Caridad, rectamente entendida. Porque cada una de ellas, si se entiende en su integridad, resultan inseparables.

Por eso, hoy procesionaremos la Eucaristía por las calles y plazas de nuestros pueblos, villas y ciudades. También por la de Burgos, que yo mismo presidiré. Pero hoy queremos comprometernos a llevar adelante el ‘gesto diocesano’ que ha impulsado Cáritas con motivo del Año de la Fe. Este gesto consiste en recaudar trescientos mil euros en tres años (100.000 x 3) para apoyar a seis equipos de Caritas Rural para el acompañamiento social. Se trata de promover una serie de iniciativas para que los equipos de Caritas del mundo rural puedan articular una acogida adecuada a las personas que se encuentran en riesgo de exclusión. Un apartado importante de esta acción será el de favorecer procesos de integración social de las personas en exclusión.

El Vaticano II ha recordado que la Iglesia saca de la Eucaristía toda su fuerza y todas las energías que necesita para hacer realidad un mundo realmente nuevo, donde los cristianos seamos capaces de crear un modo de vivir evangélico, con nuevas relaciones, nuevos espacios de convivencia en todos los niveles y nueva ayuda mutua.

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