Iesu Communio, el nacimiento de una realidad espiritual novedosa

Una de las tareas que ha llevado a cabo el arzobispo durante su ministerio en la diócesis, ha sido acompañar el nacimiento de un nuevo instituto religioso femenino en la provincia. Tal ha sido la ayuda prestada, que las religiosas de «Iesu Communio» le agradecen de forma especial todo el trabajo prestado a través de una emotiva carta.

 

Iesu Communio

Sor Verónica y don Francisco, en la misa de acción de gracias por la aprobación del nuevo instituto religioso.

 

Iesu Communio es hoy un Instituto religioso femenino de derecho pontificio. Está formado por dos centenares de jóvenes religiosas dedicadas a la oración y a hacer apostolado en sus propias casas.

 

Todo comenzó en 1984, cuando una jovencísima Verónica María Berzosa ingresaba en el monasterio de la Ascensión de las Damas Pobres de Santa Clara en la villa burgalesa de Lerma. En aquel momento, la comunidad de religiosas estaba formada por veinticinco profesas solemnes. Y es que tras veintitrés años de ausencia de vocaciones, la llegada de sor Verónica adquiría especial relevancia.

 

Diez años después de su admisión, sor Verónica fue elegida maestra de novicias. A los dos años de su nombramiento, tenía a su cargo a siete novicias y once postulantes. De este grupo de jóvenes religiosas brotaba una especial alegría, fruto de pertenecer a Jesucristo. Y todas ellas fueron creciendo en una especial sensibilidad en la comprensión y sintonía con los Padres de la Iglesia.

 

El número de vocaciones iba en aumento. Allí estaba naciendo algo nuevo, se percibía una realidad distinta, sin duda una experiencia espiritual novedosa. Grupos de personas muy dispares acudían a los encuentros en sus locutorios. Allí las consagradas eran capaces de transmitir su amor por Jesucristo y a la Iglesia. Se trataba de encuentros de los que nadie salía indiferente.

Nueva realidad, nueva necesidad

En aquel monasterio, se corroboraban las palabras que san Juan Pablo II había dirigido en Ávila a las religiosas en 1982: «Consientan vuestros monasterios en abrirse a los que tienen sed», decía el Santo Padre. «Vuestros monasterios son lugares sagrados y podrán ser también centros de acogida cristiana para aquellas personas, sobre todo jóvenes, que van buscando una vida sencilla y transparente en contraste de la que les ofrece la sociedad de consumo».

 

Tal era el flujo de jóvenes llamadas a aquella forma de vida religiosa, que dicho monasterio resultó ser insuficiente para acogerlas a todas. Al mismo tiempo, las Hermanas Clarisas del monasterio de Briviesca y de Nofuentes (Burgos) habían pedido ser recibidas en Lerma.

 

En aquellos instantes era necesario un nuevo lugar. No sólo para acoger a las más de cien religiosas, sino también para atender a las numerosas personas que las visitaban. Así finalmente lograron establecerse en el santuario de San Pedro Regalado, situado en La Aguilera, cerca de Lerma.

Aprobación y autorización

En marzo de 2009, la madre abadesa sor Blanca María, que había ingresado en el monasterio en 1962, debía cesar en su cargo ya que no podía ser reelegida al haber agotado sus mandatos. La Comunidad eligió a sor Verónica como abadesa, que hasta ese momento seguía siendo maestra de novicias.

 

Al finalizar las obras de adecuación en el monasterio de San Pedro Regalado, las Hermanas solicitaron al Prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada, cardenal F. Rodé, ser constituidas en una única comunidad en dos sedes diferentes (Lerma y La Aguilera) y con un único gobierno. Dicha solicitud fue aceptada en junio de 2009 por un periodo de tres años, con el encargo de establecer claramente lo que las Hermanas se sentían llamadas a realizar.

 

En aquellos momentos, el nuevo monasterio ya se había quedado pequeño puesto que no cesaban de crecer nuevas vocaciones: más de 127 hermanas. No ajeno a tal fenómeno, el arzobispo de Burgos, Francisco Gil Hellín, les recomendó la ayuda de un especialista. Así, el Dr. D. Jorge Miras asesoró a las Hermanas para explicitar canónicamente lo que la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada había solicitado.

 

Tras mucha oración y discernimiento, redactaron el texto de unas constituciones donde quedaba reflejado los aspectos esenciales de la vida vivida en la comunidad durante sus diecisiete años. Bajo la presidencia del arzobispo de Burgos, las Hermanas aprobaron que el documento fuese presentado a la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada.

 

El 4 de diciembre de 2010, el arzobispo, padre y pastor de la diócesis de Burgos, Francisco Gil Hellín comunicó con gozo a la comunidad que el papa Benedicto XVI daba su beneplácito a la resolución propuesta por el Prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada.

Instituto de derecho pontificio

Así pues, el 8 de diciembre de 2010, quedaba decretado que el monasterio autónomo de la Ascensión de Lerma se transformaba en un nuevo instituto religioso de derecho pontificio denominado «Iesu Communio». A la par que se aprobaban sus constituciones ad experimentum por cinco años, se reconocía a sor Verónica Berzosa como fundadora y la confirmaba como superiora general del nuevo instituto. Además, se encomendaba al arzobispo de Burgos el especial cuidado y vigilancia de la vida del nuevo instituto, sin perjuicio de la autonomía de vida y gobierno propia de un instituto religioso.

 

El espíritu de Iesu Communio se ve reflejado en las palabras de su fundadora, la madre Verónica María Berzosa, cuando se refiere a que «el fin más noble de la vida de la criatura y su propia felicidad y bienaventuranza es responder al amor de Dios apasionadamente, con todo el corazón, con todas las fuerzas, con toda el alma, con toda la mente».

 

La misión de Iesu Communio es ser «comunión de Jesús», comunión que brota del don de Jesucristo. Como religiosas contemplativas, están llamadas a ser por entero de Jesucristo, a orar y a permanecer en Él. Iesu Communio es además una casa abierta, un lugar de encuentro donde el peregrino pueda encontrarse con el Redentor y reavivar su fe. Pero sobre todo es un espacio abierto donde se celebra la Eucaristía y se comparte la fe en Jesucristo.

Carta de agradecimiento de las Hermanas de Iesu Communio al arzobispo

 

Esta comunidad de religiosas ha querido agradecer la labor de pastor que ha tenido el arzobispo de la diócesis de Burgos, Francisco Gil Hellín con Iesu Communio. En Iesu Communio, además de estimarle, saben que deben mucho al arzobispo. Reproducimos, a continuación, una carta de agradecimiento que escriben a quien hasta ahora ha sido arzobispo de la diócesis.

 

iesu communio

Imagen de grupo de las religiosas.

 

Hace cinco años, una realidad estaba a punto de manifestarse. Poco a poco, se había ido gestando en el Monasterio de Santa Clara de Lerma. El Espíritu había ido sugiriendo y modelando una nueva forma de vida que requería el discernimiento eclesial.

Aquello que nacía dentro de la diócesis estaba necesitando a su padre y pastor.

Usted, D. Francisco, se acercó hasta nosotras en el momento preciso para ser el padre y pastor solícito que supo abrir su corazón y comprender desde el primer momento que el Señor quería aquello. Con solicitud incansable se entregó de lleno e incondicionalmente a cuidar amorosamente de aquella porción de su rebaño.

Nuestra Madre Fundadora, Verónica María Berzosa, pudo descansar en Usted su corazón urgido por el don de Dios, por la misión y por lo delicado que es el discernimiento del carisma recibido, además de las dificultades que entraña encontrar la forma, el cauce y los tiempos de Dios.

Con Usted, la Madre ya nunca se sintió sola. Pudo contar con su Obispo y pastor en todo momento, siempre pronto para discernir cuando surgían las dudas, clarividente y firme para defender la verdad, generoso hasta el límite, padre protector, colaborador tenaz y padre solícito que hizo suya nuestra vida.

Muchas más cosas se pueden decir, pero Usted sabe bien cuánto le queremos y cuánto le debemos.

Gracias, D. Francisco, su nombre queda vinculado a nuestro Instituto para siempre y deseamos de todo corazón vivir el gozo de la comunión de Jesús.

Cristo, nuestro inseparable vivir.

María, la Bella Pastora.

¡Cuánto sabemos Usted y nosotras de estos dos amores compartidos en estos cinco años!”  

Hermanas de Iesu Communio

Comentarios

Comentarios: 1

  1. yuletzi

    Dios no deja de suscitar en su Iglesia gracias y bendiciones; porque eso son ustedes: un verdadero don y gracia para el mundo y la Iglesia.Dios las bendiga siempre


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