«Dar buen consejo al que lo necesita»

Siguiendo por nuestro recorrido por las obras de misericordia, nos detenemos hoy en la de «dar buen consejo al que lo necesita». Así lo hace Francisco Javier Arribas, psicólogo, en el Centro de Orientación Familia, ayudando a las familias de Burgos que pasan por alguna dificultad en sus relaciones.

 

javi arribas

Javier, psicólogo, trabaja en el COF de Burgos.

A finales de 1998, Francisco Javier Arribas vino de Salamanca para trabajar en el programa de infancia de Cáritas Burgos. En aquel momento se estaba poniendo en marcha un nuevo proyecto para reavivar el Centro de Orientación Familiar, por encargo del entonces obispo don Santiago y como respuesta al Sínodo Diocesano que se acababa de realizar: una de las acciones prioritarias era «revitalizar y dar a conocer el centro de orientación familiar».

 

«La especialidad en la que pude formarme después de estudiar Psicología fue precisamente la de Terapeuta Familiar y, a través de compañeros de la Universidad Pontificia de Salamanca, conocí al Padre Simón Portillo, que fue nombrado director del COF en esta nueva etapa. Él fue quien me pidió que colaborase en este proyecto». Estuvo varios años como voluntario y en 2005 le propusieron dedicarse laboralmente para atender a las familias, coordinar y apoyar el trabajo de los voluntarios.

 

La labor que desarrolla Javier y los voluntarios consiste en ayudar a resolver situaciones conflictivas, estas surgen en todas las familias –es la oportunidad fundamental para crecer y madurar–, pero es posible que en un momento dado una crisis se atasque y no se logre superar. «El trabajo consiste en escuchar, acompañar y aportar nuestros conocimientos, pero el trabajo principal es lo que hay que ir cambiando en casa, y esto es tarea suya. Una imagen que explica esto es la de un entrenador deportivo: él no juega el partido pero ayuda a cohesionar el equipo, a aprovechar las capacidades de cada uno, a diseñar un plan de trabajo…»

 

Según Javier, la mayoría de las dificultades que surgen en las relaciones entre los miembros de las familias son de la pareja o en las relaciones padres-hijos, pero también llegan problemas entre hermanos o una relación inmadura con las familias de origen. «Estas dificultades pueden surgir por muchas causas. Una de las más importantes es la cultura individualista en la que estamos: con todos los mensajes que recibimos con los que nos bombardean es a veces difícil reconocer que la mejor forma de crecer como persona es ayudar a crecer a mi familia».

 

Para Javier, trabajar con las personas y para las personas es una fuente de aprendizaje continuo: «Una de las cosas que se aprende desde el comienzo es que no se trata de dar consejos ni teorías, esto es fácil de hacer pero si han llegado aquí a pedir ayuda es porque a pesar de eso, incluso de saber la teoría, no han sido capaces aún de superarlo. Nuestra labor es pensar con ellos: nadie conoce más su matrimonio y su familia que ellos mismos, y esto se puede complementar con lo que ve quien está fuera del sistema familiar y quien ha podido formarse con técnicas específicas».

 

Otro aprendizaje es que el éxito de superar una crisis no es el nivel de dificultad y sufrimiento en el que se encuentran: «Vemos situaciones que pueden parecer nimias y que no se logran superar y lo contrario, dificultades muy dolorosas y atascadas que se superan y son una nueva oportunidad para avanzar como persona y familia. La clave del éxito está en la actitud de cada uno, de poner toda la carne en el asador y de valorar y fiarse de lo que se les aporta desde fuera».

Aceptar y aprender del sufrimiento

¿Y qué puede ayudar a un matrimonio a formar una relación sólida? «Está en nuestro imaginario lo que nos dicen los cuentos: “se casaron y fueron felices para siempre”. La felicidad no consiste en la ausencia de sufrimiento sino en crecer en amor y fortaleza. Hemos de aprender a no ver las crisis como una catástrofe, sino aceptar que estas forman parte de la vida y constituyen la oportunidad para aprender a querer mejor.

 

Es importante también dejarse acompañar. En la gran mayoría de los casos no hace falta que sea un profesional, pueden ser otros matrimonios que ya han vivido lo que ellos están viviendo, un sacerdote, una comunidad… De hecho esto es lo que a mi mujer y a mí nos ayuda a caminar en la vida.Por último, «como cristianos, tenemos la suerte de saber que nuestro matrimonio, y por tanto nuestra familia, no es cosa de dos, sino de tres: ¡todo un Dios se ofrece a formar equipo con nosotros! Por eso es importante poder orar juntos y, siempre que se pueda, servir juntos».

 

Y es que para Javier, la presencia de Dios es una constante en su trabajo: «Es un gran privilegio para mí trabajar en lo que me gusta, sirviendo a la Iglesia a través de la ayuda a las familias. No me canso de dar gracias a Dios y a la vez de suplicarle que sea su Espíritu Santo, y no sólo la técnica, quien esté en las entrevistas que tengo con las personas. Cuando una familia te abre su corazón, te muestra su sufrimiento, siento que estoy pisando tierra sagrada».

 

«Es posible, así dicen las investigaciones que hacemos, que no ayudemos a algunas familias, pero se trata de que, al menos, no las hagamos sufrir más y no se sientan juzgadas. Pido constantemente al Señor que me llene de su misericordia para colaborar a que se acerquen a la verdad sintiéndose comprendidos y acogidas».

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