Crónica del encuentro regional de catequistas

Nos recogía el autobús a las ocho treinta de la mañana en la Real y Antigua, y tras recoger al resto  en las distintas paradas, nos dirigimos hacia Valladolid.

Se nos repartió un folleto con el guión de laudes y así comenzamos el viaje, alabando y presentando al Señor desde la mañana el resto del día.

Llegamos sin novedad al destino, el Colegio San José de los Jesuitas, nos acogieron los catequistas de Valladolid y nos entregaron  la documentación y con gran amabilidad nos indicaron la sala que habían decorado con un precioso mural de la Misericordia y una mesa decorada con flores de múltiples colores.

Una breve oración sirvió de inicio junto con un power point de presentación de cada una de las diócesis; nos presentaron al conferenciante, José Román Flecha.

La conferencia versó sobre: “Misericordiosos como el Padre”. Iniciación cristiana y sacramento de perdón.

“La misericordia es la verdadera fuerza que puede salvar al hombre y al mundo del cáncer que es el pecado, el mal moral, el mal espiritual. Solo el amor llena los vacios, las vorágines negativas que el mal abre en el corazón y en la historia” ( Papa Francisco, Angelus 15.9. 2013)

La exposición fue muy amena y os transcribo algunas frases que me llamaron la atención.

-. Hablando de que hemos perdido la conciencia de pecado, nos comentaba que lo que hemos hecho es cambiar la etiqueta, pero el pecado existe, huele mal.

-. El segundo punto lo centró en el trípode yo, el otro, lo absolutamente otro. Fue una parte complicada.

-. Desarrolló amenamente cómo debe ser el caminar hacia la santidad, el respeto al medio ambiente y al entorno, aceptar la misión a  la que Dios nos llama y agradecer esa llamada con oración y escucha. (Padre, he perdido la fe, pero ¿la has tenido alguna vez?, he perdido la fe en Dios, pero Dios no  ha perdido la fe en ti). Habló de la masa y las minorías.

-.  Somos minoría y la culpa siempre es del otro, debemos encontrar una armonía y dejar  de lado el yo Narciso y  de Eco, “yo me basto y me sobro”. Cuidado con la indiferencia o “ese es tu problema” y cambiamos sedación por eutanasia, es cuestión de etiqueta de la que ha hablado en el primer punto. Hay derechos y deberes.

Podemos ser manos, ojos, voz para los demás. Pasar de la frustración y la idolatría (que siempre los ídolos, los que sean piden sangre) al alegraos, al gozo, a la fraternidad.

-. Pasó a presentar las grandes parábolas del retorno a través del comentario de una obra de Rembrandt.  Se puede comprar una fiesta, pero no la alegría, el perdón. Lo contrario de misericordia es dureza del corazón, la casa del Padre no tiene candados siempre está abierta. La alegría del retorno. El sentido de la vida, el descubrir la fraternidad. La alegría del perdón: el psicólogo te cobra, el sacerdote te perdona. La confesión es el gran misterio pascual. El demonio juega con el pecado, jugando con la mentira.

Finalmente pasó a comentar unos textos de Pablo VI y concluyó con el mensaje del Papa en el año jubilar, no sin antes proponernos dos cuestiones:

1-. ¿Qué dificultades tengo en mi catequesis para transmitir  esta misericordia del perdón?

Las respuestas se centraron en ver la falta de valores, lo mal que van las catequesis, los padres, etc…

2-. ¿Qué posibilidades tengo de ayudar a comprender el perdón misericordioso de Dios?

 Se centró en lo que se hace en las catequesis, los recursos y medios para intentar transmitir el kerigma y mantener un cierto clima evangélico. Se veía interés e ilusión por seguir adelante.

La comida fue muy agradable porque nos permitió compartir lo que se hace en otros lugares o en otras parroquias de nuestra diócesis.

La eucaristía puso el broche final y en ella se nos regaló una postal de la misericordia. La celebramos con poca salsa, era la hora de la siesta y se notaba, a pesar de que el coro intentó animar, pero no conocíamos todas las canciones; el cardenal fue breve y sin nada llamativo, nos agradeció la labor que llevamos a cabo y nos animó a seguir en el camino.

De vuelta rezamos el Regina ante la tumba de san Rafael,  completas y salve con los monjes de la Trapa y fin de fiesta. Un día pleno y lleno de alegría, cordialidad  y un muy buen ambiente.

Una catequista de la parroquia de San Pablo

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