La Eucaristía, sacramento de la caridad

Mensaje del arzobispo de Burgos, don Fidel Herráez Vegas, para el domingo 29 mayo 2016.

 

Con la fiesta del Corpus Christi, que hoy celebramos, y con nuestra fiesta local del Curpillos, que tiene lugar en la Octava, nos disponemos a vivir una semana profundamente eucarística en nuestra diócesis. Permitidme que hoy, en el marco del Jubileo de la Misericordia, reflexionemos en voz alta sobre el Misterio de la Eucaristía y sus profundas consecuencias en la práctica de la caridad. No en vano, hoy celebramos el Día de la Caridad, el día de Cáritas. Una vinculación entre ambas realidades que contribuye a alejarnos de la tentación siempre permanente de separar nuestro culto de la práctica de la justicia y la misericordia.

 

San Agustín tiene un texto en el que, con unas palabras que pone en labios del mismo Señor, nos dice algo fundamental para comprender esta estrecha relación entre Eucaristía y misericordia: «Manjar soy de grandes… no me transformarás en ti como el manjar de tu carne, sino que tú te transformarás en mí». En efecto, participar en la Eucaristía es transformarse en Cristo; y desde Cristo, es entrar en el misterio de Dios, es configurar nuestra vida desde el modelo que es Él, es unirse en comunión profunda con Jesús, es, en el fondo, hacer nuestros sus mismos sentimientos y actitudes. Y como bien sabemos, en la raíz de toda la vida y actividad de Jesús está su amor compasivo. Él se acerca a los que sufren, alivia su dolor, toca a los leprosos, libera a los poseídos por el mal, los rescata de la marginación y los devuelve a la convivencia. Por eso, al participar en la Eucaristía, en cierta medida, nos empapamos de Jesús y nos hacemos como un eco prolongado de su misma acción misericordiosa. De ahí que, como nos decía S. Juan Crisóstomo, ha de existir continuidad entre la adoración a Jesús en la mesa del altar y su descubrimiento y servicio en el altar de los pobres.

 

En su mensaje con motivo de esta festividad, los Obispos españoles reflexionamos sobre algo que me parece muy significativo: la Eucaristía como generadora y promotora de una nueva cultura de la compasión, hoy tan necesaria. Me parece fundamental descubrir que vivir auténticamente la Eucaristía nos lleva a vivir desde otras claves, que son las que construyen el Reino de Dios en la tierra y contribuyen a la fraternidad en nuestro mundo. No en vano, la Eucaristía es anticipo de la mesa celestial, donde todo tipo de hambre será saciada,  y se convierte en el centro y la fuente de nuestra vida cristiana. Configurados con el misterio eucarístico, se nos capacita e impulsa a trabajar comprometida y audazmente por renovar desde dentro nuestra cultura, tan marcada por la indiferencia, encarnando algunos rasgos propios de nuestro Maestro: estar atentos a la realidad en la que vivimos, acercarnos a las miserias que nos rodean, salir al encuentro del otro, curar las heridas del sufriente, acompañar a las personas en el crecimiento de su dignidad y trabajar por dejar a nuestro paso la profunda huella de la justicia y de la misericordia.

 

Por eso, cuando celebramos la Eucaristía ha de crecer la dimensión misericordiosa en la comunidad cristiana. Así lo pide insistentemente la misma oración de la Iglesia que, en una de sus plegarias eucarísticas, ora para que toda la Iglesia y cada cristiano sean transformados, por la acción del Espíritu Santo, en instrumentos de misericordia: «Danos entrañas de misericordia ante toda miseria humana, inspíranos el gesto y la palabra oportuna frente al hermano solo y desamparado, ayúdanos a mostrarnos siempre disponibles ante quien se siente solo y deprimido. Que tu Iglesia, Señor, sea un recinto de verdad y de amor, de libertad, de justicia y de paz, para que todos encuentren en ella un motivo para seguir esperando».

 

¡Qué hermoso sería que, nuestra sociedad y nuestro mundo, pudieran encontrar hechas vida estas hermosas palabras en cada una de las comunidades que celebran la Eucaristía! En esta tarea está empeñada especialmente nuestra Cáritas Diocesana y cada una de las Cáritas parroquiales a las que hoy agradezco y animo en su tarea encomiable: ellas son la misma Iglesia que se organiza para acercarse eficaz e integralmente a los más empobrecidos de nuestras parroquias. La acción caritativa que Cáritas desempeña como expresión de nuestra Iglesia local, bebe y se alimenta del misterio eucarístico que hoy procesionamos solemnemente con actitud de adoración, agradecimiento y compromiso. Os animo y aliento a vivir  juntos el hondo significado de la fiesta de hoy para que, esta Iglesia que camina en Burgos sea, por la celebración de la Eucaristía, ese necesario «oasis de misericordia» que el Papa Francisco nos demanda para este Año Jubilar. Suyas son estas palabras, en la solemnidad del Corpus Christi del pasado año, cuando nos decía que por la unión con el Señor en la Eucaristía «experimentaremos la gracia de la transformación… y seremos sus ojos que van en busca de Zaqueo y la Magdalena; seremos su mano que socorre a los enfermos del cuerpo y del espíritu; seremos su corazón que ama a los necesitados de reconciliación, de misericordia y de comprensión». 

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