José Luis Lastra: «Ser vicario de pastoral es una tarea que aprenderé poco a poco»

Nació en Burgos en 1968 y entre sus aficiones destaca leer, coleccionar sellos y escuchar música «cuando le queda tiempo». Uno de los hobbies que no deja de lado es darse un paseo de media hora todas las noches antes de ir a dormir. Recientemente, el arzobispo le ha nombrado vicario episcopal de pastoral, tarea en la que anda ahora inmerso mientras deja cerrada su última etapa como párroco de San Gil y coordinador de la Mesa Diocesana de Pastoral con Inmigrantes. Hoy nos cuenta cómo afronta su nueva misión y la puesta en marcha del próximo plan de pastoral diocesano.

 

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José Luis Lastra toma posesión de su cargo ante el arzobispo.

 

P.: ¿En qué consiste la labor del vicario de pastoral?

R.: Es algo que hay que ir aprendiendo poco a poco; yo me hago a la idea según lo que he ido viendo en mis predecesores, de lo que han hecho. Aunque me imagino que cuando más me vaya metiendo en esto, iré viendo mejor de qué se trata. Me lo sé en teoría, me falta ir adquiriendo la práctica. En teoría sería quien en nombre del obispo, junto con éste, anima y coordina la actividad pastoral de la diócesis, y especialmente es la relación de animación con los arciprestazgos y las delegaciones, porque además ahora, al haberse suprimido la vicaría social, prácticamente la mayoría de las delegaciones dependen de la vicaría de pastoral, con lo cual el campo es un poco más amplio que hasta ahora.

 

Una tarea muy importante en la que estamos ahora mismo es la de confeccionar el plan pastoral de estos próximos cuatro cursos, que está prácticamente terminado: ha pasado ya por tres filtros o fases de aportaciones y ahora está ya con los últimos matices y por eso calculo que a mitad de agosto más o menos, puede estar el texto definitivo. Lo único que nos falta en este momento es determinar cuáles son las tres o cuatro prioridades. Luego, durante los cuatro cursos que vienen, la tarea principal será ir desarrollando y animando la aplicación de este plan que ahora aprobamos.

 

P.: ¿Qué es lo que se espera del vicario de pastoral?

R.: Otra cosa que el obispo nos ha dicho a todos y especialmente a mí, es que tenemos que estar en movimiento, y esto significa que tenemos que acercarnos a los diversos ámbitos, lugares, reuniones de sacerdotes, encuentros arciprestales, actividades de las delegaciones… Es decir, que no es una tarea de despacho, sino de que se haga presente de algún modo en la diócesis y que el obispo esté presente a través del vicario de pastoral en todos aquello lugares, actos, reuniones programaciones y encuentros que a lo largo y ancho de la diócesis vayan teniendo lugar.

 

P.: ¿Cómo estás afrontando esta nueva responsabilidad?

R.: De momento muy a medias, porque la cuestión es que este verano lo tengo que compatibilizar todavía con el resto de actividadees. Especialmente hay dos que me están llevando mucho tiempo, que es la parroquia de San Gil y la mesa de pastoral con inmigrantes, porque en verano estamos en temporada alta en ambas cosas: San Gil por el tema de bodas, obras, etc., e inmigrantes porque la mayoría de las fiestas, celebraciones y actividades especiales son ahora, en verano.

 

No me dan las horas para compaginar todo, aunque es un momento más tranquilo para la vicaría de pastoral porque no hay prácticamente reuniones ni actividades, pero sí que estoy aprovechando el verano para ir hablando poco a poco con delegados y arciprestes. De hecho ya tuvimos una reunión de arciprestes a finales de junio, y con lo demás voy poco a poco, hasta donde llego, y de paso pues también ir pensando en cómo poner en práctica a partir de septiembre el plan diocesano.

 

De hecho ahora mismo estamos pergeñando una primera jornada que va a haber en septiembre de reflexión y concienciación en torno al plan. Ese va a ser el primer momento fuerte. Después, a partir de ahí se va a invitar a que en cada arciprestazgo o varios arciprestazgos juntos se reúnan a finales de septiembre o principios de octubre para tener asambleas arciprestales donde hacer suyo y concretar el plan diocesano. Luego va a haber un tercer momento que va a ser en el mes de octubre durante tres días. El obispo se va a hacer presente para tener tres retiros con los sacerdotes en Burgos, Aranda y Miranda. Allí intentaría animarles en el espíritu del plan. Y finalmente, todo este proceso, como es para cuatro cursos, no importa que sea un poco largo el comienzo concluiría el 12 de noviembre, que va a ser la clausura del Año de la Misericordia, pero que por la mañana tendremos un encuentro-jornada diocesana, de convivencia, celebración, de compartir cómo estamos viviendo lo que en el plan está determinado.

 

P.: ¿Cuáles son las prioridades de este plan pastoral?

El título es «Discípulos misioneros», que recuerda esa doble condición nuestra de discípulos de Jesucristo en conversión y revisión, y al mismo tiempo con la tarea de transmitir el evangelio, siendo así discípulos misioneros. Los cuatro objetivos del plan coinciden con las cuatro grandes áreas que se tocaron en el sínodo diocesano: el recibir la novedad del evangelio, celebración del mismo –aquí abordamos el tema de cómo atender las pequeñas parroquias rurales y otras cuestiones litúrgicas–, el testimonio y compromiso –cómo transmitir esa buena noticia que hemos recibido, mediante las acciones de primer anuncio, reforzando lo que ya se ha hecho (centinelas, cursos Alpha, tareas con voluntariado de iglesias…)– y levando la presencia del evangelio a los pobres –Cáritas, cárceles, salud, migraciones–. El último punto sería la comunidad. Aquí se aborda la revitalización de los consejos y ministerios de las parroquias y también la reestructuración de la diócesis: arciprestazgos, delegaciones, consejos, vicarías… que está al servicio de toda esta pastoral

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