Laicos que estudian Teología

La Facultad de Teología de Burgos ofrece en su Instituto Superior de Ciencias Religiosas una cuidada formación destinada a religiosos, los que se preparan para el diaconado permanente, los que desean impartir clases de Religión, catequistas, educadores, miembros de asociaciones religiosas y demás agentes de pastoral. Queta y José Luis son dos de sus alumnos, que nos explican qué supone para ellos el estudio de la ciencia sagrada.

 

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Queta y José Luis estudian Teología en el Instituto Superior de Ciencias Religiosas San Jerónimo.

 

Algunos piensan que es muy duro, sólo apto para grandes filósofos o sesudos estudiosos. Otros creen que es algo destinado exclusivamente para sacerdotes, religiosos o docentes. Sin embargo, el estudio de la Teología está al alcance de todos y son muchos los laicos que, bien por curiosidad, bien por una necesidad formativa, también se lanzan a estudiar la ciencia sagrada. La Facultad de Teología del Norte de España, en su sede de Burgos, ofrece desde 1995 la posibilidad de cursar el bachiller y la licenciatura en Ciencias Religiosas, así como la DECA para ser profesor de Religión en infantil, primaria y secundaria a través de su Instituto Superior de Ciencias Religiosas San Jerónimo, unos cursos que al desarrollarse en horario vespertino son seguidos en su mayoría por laicos.

 

Esta oferta formativa tiene su origen en el Instituto de Teología para Laicos que puso en marcha el centro de estudios teológicos allá por el lejano 1968. En la actualidad, ofrece una enseñanza institucional completa y orgánica de la Teología, así como de los necesarios presupuestos filosóficos y de otras ciencias humanas, con el fin de contribuir a la formación académica y pastoral de sus alumnos. Además, ofrece la posibilidad de cursarlo en dos modalidades, online –es decir, desde casa y aprovechando las potencialidades de las nuevas tecnologías– y presencial.

 

José Luis García y Enriqueta Alonso son algunos de los que han optado por esta segunda posibilidad. Todas las tardes, de 18:45 a 21:10, sacan un hueco para volver a coger sus libros y desplazarse hasta la Facultad para cursar sus materias de Teología. José Luis decidió estudiar animado por José Manuel, el anterior cura de su parroquia, San Julián Obispo, donde era y continúa siendo catequista. Empezó cursando alguna asignatura suelta; después se fue enganchando y, en su tercer año, ha decidido matricularse del curso completo. Enriqueta –Queta para sus amigos– «empezó por curiosidad». «Quise saber; pensaba que la mujer no tenía el puesto que meritaba en la Iglesia y decidí empezar por donde comienzan los hombres, por estudiar Teología». «Al principio fue horroroso, no conocía los términos y me dieron ganas de dejarlo porque no entendía nada», revela. Y es que ella se considera «una mujer del mundo, poco de Iglesia». Pero ahora, «estoy encantada con los profesores y mis compañeros, que siempre tenemos ganas de aprender», revela, «tienen mucha paciencia, te lo explican todo y te ayudan en todo lo que necesitas; hay muy buen ambiente y somos buenos amigos». Sin duda, «ha sido la mejor opción que tomé el año pasado», subraya. Así que para ella, la Teología es una ciencia apta «para todo el mundo».

La Teología en su vida

Después de veinte años sin estudiar, que estos laicos vuelvan a las clases tiene su mérito. No es fácil compaginar su día a día, sus quehaceres, sus trabajos y su familia con los estudios. José Luis es funcionario y revela que «alguna vez me han reclamado más atención en casa». Y es que «el trabajo, el llegar a casa, hacer las labores, estudiar un poco, las clases»… hacen que su vida lleve un ritmo trepidante. Además, en su tiempo libre sigue colaborando con la parroquia y en todo lo que haga falta. Aún así, no lo quiere dejar porque «la Teología engancha y se vive» y «porque estudiar a Cristo no es como estudiar cualquier otra cosa; él está vivo y forma parte de tu vida», asegura. Le apasiona estudiar las asignaturas que tienen que ver con Jesús: la cristología, los evangelios o las cartas de San Pablo. A Queta le ha «encantado la mariología» y ambos destacan en subrayar que la filosofía es su hueso duro.

 

Ambos reiteran que les gustaría sacar más tiempo para poder profundizar en lo que aprenden en clase, a la que acuden «contentos e ilusionados» aunque el de Teología «no sea un título que necesitemos». Así, los estudios van formando parte de su día a día, ayudándoles a vivir su fe bajo un nuevo prisma. José Luis asegura que sus estudios le «ayudan a vivir la fe con coherencia, de un modo más maduro», mientras Queta subraya que le ha ayudado a «tener argumentos para apoyar mi fe, salir de casa y desmontar algunos mitos que tenía sobre la Iglesia».

 

Algunos de sus amigos se sorprendieron en su día de que decidieran estudiar Teología –«¿Y por qué no?», les respondía Queta–. Ahora son ellos los que animan a otros laicos «e incluso alejados» a decidirse por cursar si no todas, al menos algunas de las materias u otras propuestas formativas que la Facultad ofrece para laicos, como la Cátedra Francisco de Vitoria y sus aulas sobre Doctrina Social de la Iglesia, Patrimonio o formación familiar. «Los profesores saben adaptarse a nuestra situación personal y laboral; entre los alumnos hay mucha amistad y se puede compatibilizar con tu día a día». Además, «es algo que engancha y ayuda mejor a conocer a Cristo, te ofrece nuevos argumentos para tus conversaciones con tus amigos» o, simplemente, «abre nuevos horizontes».

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