Estudiar en Roma: un beneficio para toda la diócesis

El Colegio Español de Roma cumple 125 años de vida. Desde que se fundara, han pasado por allí 84 sacerdotes burgaleses. Hoy hablamos con Óscar y Jesús, un sacerdote y un seminarista que estudian en la actualidad en este centro académico.

 

Óscar Moriana y Jesús Varga en una de las basílicas de Roma.

Óscar Moriana y Jesús Varga en una de las basílicas de Roma.

 

Es como una familia sacerdotal de diversas diócesis, donde se vive en comunidad y se garantiza un ambiente de estudio, oración y fraternidad. Así es el Colegio Español de Roma, una institución puesta en marcha en 1892 por el beato Manuel Domingo y Sol y donde conviven sacerdotes y seminaristas españoles y latinoamericanos que, enviados por sus obispos, estudian en la Ciudad Eterna alguna especialidad teológica o pastoral con el objetivo de formarse y prestar un servicio especializado en sus diócesis de origen.

 

Este año, el Colegio Español está de aniversario. Celebra 125 años desde su fundación, recordando a los miles de sacerdotes españoles que por allí han pasado. Desde que se abriera en el ocaso del siglo XIX, 84 burgaleses han vivido allí mientras estudiaban en algunas de las facultades eclesiásticas de Roma. Bastantes han fallecido. Otros han acabado sirviendo en otras diócesis. Muchos de ellos prestan un servicio específico en la Iglesia burgalesa. Otros prosiguen todavía allí sus estudios.

 

Tal es el caso de Óscar Moriana López de Silanes, sacerdote ordenado en 1998, y Jesús Varga, un joven seminarista de 23 años. El primero defenderá el 14 de junio su tesis para obtener el doctorado en Teología Pastoral en la Universidad Lateranense. El segundo estudia licenciatura en Sagrada Escritura en el Pontificio Instituto Bíblico. Ambos destacan el «ambiente agradable» que se respira en el Colegio Español. En la actualidad conviven con otros 70 sacerdotes españoles y de otras partes del mundo como Venezuela, Chile, Méjico, Argentina, Perú y Colombia. Allí han «encontrado amigos para toda la vida», a la vez que se han beneficiado con la vivencia eclesial de sus compañeros: «Es enriquecedor y uno hace muchas amistades con otros sacerdotes no solo de España, sino del mundo entero: en la universidad conoces gente de muchas nacionalidades, y eso abre tus horizontes y hace que te “quites la boina de Burgos”. Roma abre tu mente», señala el seminarista.

 

Ambos coinciden en afirman que lo que están viviendo es una gran oportunidad, «una gracia» que también quisieran para otros hermanos sacerdotes. Durante su estancia en Roma, Óscar y Jesús estrechan amistades, conviven con otros sacerdotes y se engrandece su perspectiva eclesial. Además, aprovechan para cumplir con el viejo dicho de «imparare Roma», aprender Roma, conociendo los distintos rincones de la ciudad y de Italia y haciendo de guías turísticos para las visitas que les llegan de España. Además, ambos colaboran en alguna parroquia cercana y han podido disfrutar de grandes acontecimientos eclesiales, como el Año de la Misericordia, canonizaciones y audiencias con el papa Francisco, al que ambos han saludado.

 

Sin embargo, no todo es tal idílico. Echan en falta a la familia y amigos. Además, estar en Roma supone para ambos cumplir con una misión encomendada por el obispo y su principal ocupación es el estudio. Para Óscar ha sido costoso volver a estudiar y leer después de casi 20 años que acabó su licenciatura en la Facultad de Teología de Burgos: «Lo más duro es cuando se tiene que escribir la tesis y pasar gran cantidad de horas leyendo y escribiendo, que en ocasiones se hacen muy difíciles», revela. Tienen que habituarse a un intenso horario de trabajo, controlar el habitual caos de la ciudad y hacerse con el italiano, que en el caso de Jesús se amplía al estudio de otras «lenguas raras» como griego, hebreo, arameo, ugarítico y siríaco.

Oportunidad única

A pesar de las dificultades, ambos se muestran contentos por la oportunidad que están viviendo. Para Óscar, «Roma ha supuesto una parada necesaria en el ministerio y así poder dedicar tiempo a la oración y la reflexión, un crecimiento personal por el contacto con tantas realidades diversas y nuevas y un enriquecimiento en conocimientos y en experiencias de la Iglesia de todo el mundo».Jesús indica que su estancia en Roma «supone culminar su etapa de formación como seminarista» y le está ayudando a «descubrir la Iglesia universal, estar cerca del Papa, tocar las raíces del cristianismo… y aprender del testimonio de tantos sacerdotes».

 

Sin duda una oportunidad de estudio y acercamiento a la Iglesia que en el futuro beneficiará, de una u otra manera, a la diócesis burgalesa.

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