Trabajar en la catedral: un privilegio al alcance de pocos

Álvaro Miguel Preciado es uno de los 21 trabajadores contratados de la catedral. Su labor de mantenimiento consiste en buscar posibles deficiencias en el edificio y reparar los desperfectos.
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No hay gárgola, arquivolta u ojiva que no conozca. Álvaro Miguel Preciado se considera un privilegiado. Ha trabajado llevando a cabo distintas obras de restauración en catedrales de toda España. Sin embargo, es en la de Burgos donde su labor se hace más gratificante y satisfactoria. Trabajador de CPA desde 1995, fue el encargado de controlar y supervisar las obras de rehabilitación de la Catedral desde 1997, permitiéndole tener un conocimiento cercano y singular del templo gótico. Tras la desaparición de la empresa de Conservación del Patrimonio Artístico, el Cabildo valoró su buen hacer y decidió contratarlo en 2013 para el mantenimiento del edificio, creando para él un nuevo puesto de trabajo. De hecho, se manifiesta altamente agradecido por «la confianza que el Cabildo ha depositado en él».

 

A Álvaro le encanta su trabajo. Su pasión por la arquitectura y su espíritu inquieto hacen que la catedral esté a salvo en sus manos. Él es el encargado de supervisar el estado del edificio, valorar posibles deficiencias y atar cabos para que los problemas que surgen no vayan a más. Su jornada de trabajo comienza a las ocho de la mañana, siendo el encargado de abrir el edificio. Bajo las indicaciones de su superior, el canónigo «fabriquero» –el encargado del buen estado del templo– Álvaro desarrolla su trabajo recorriendo cada rincón de la catedral a la búsqueda de deficiencias y solucionando las cosas que están en su mano. «Mi trabajo consiste en detectar deficiencias y comunicarlas al equipo técnico. Si está en mi mano, yo mismo subsano el problema; pero si se requiere una intervención mayor como arreglos eléctricos, limpieza de retablos o intervenciones que afectan a la estructura del edificio, contratamos a empresas externas», revela.

 

Trabajo de altura

Se trata de una «tarea ardua», pues la Catedral tiene muchos recovecos y zonas complicadas y de difícil acceso, donde no llega ningún burgalés ni el ojo del turista más observador consigue contemplar. Sin embargo, Álvaro no tiene problema. Enfundado en su buzo de trabajo, recorre galerías y tejados sin miedo a las alturas o a las inclemencias del tiempo. Revisa las tejas, las vías de evacuación de agua y anota cualquier deficiencia que encuentra a la espera de ser reparada.

 

Se manifiesta satisfecho con el trabajo de rehabilitación que se ha llevado a cabo en el templo: «Pocas catedrales tienen un plan director como la nuestra», indica. «Gracias a la buena gestión del Cabildo, que ha sabido atraer mecenas y financiar las obras con su propia aportación, se han ejecutado las obras prácticamente al 95%». Aunque, según él, «nunca se va a acabar el trabajo, siempre hay algo que reparar, arreglar o mejorar, porque la catedral es un edificio vivo».

 

Álvaro ha revisado todas las obras de restauración y ello le ha permitido tener una visión global del templo, siendo uno de los pocos burgaleses que tienen acceso a unas vistas espectaculares de la ciudad y detalles escultóricos no apreciables a pie de calle. Tanto, que considera a la catedral «como un todo único», y es difícil saber cuál es su capilla favorita, «me impresionan todos los rincones».

 

A la espera de ver concluídos los trabajos de rehablitiación en su totalidad, Álvaro recorrerá galerías y tejdos cuidando con mimo nuestro más preciado templo.

Comentarios

Comentarios: 1

  1. Alfonso

    Gracias a la profesionalidady dedicación de personas xomo Álvaro podremos compartir las obras de arte con nuestros nietos y ellos a su vez con los suyos


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