Carta a los jóvenes

Mensaje del arzobispo de Burgos, don Fidel Herráez Vegas, para el domingo 22 de abril de 2018.

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Muy queridos jóvenes de nuestra Diócesis de Burgos:

 

Recibid todos y cada uno mi saludo cordial y cercano, con el deseo de que el tiempo pascual que estamos celebrando, llene vuestra vida de la alegría y la paz de Jesucristo Resucitado. Celebramos este día, llamado Domingo del Buen Pastor. Es una jornada que la Iglesia dedica a orar especialmente por las vocaciones. Permitidme por ello que os dirija hoy, especialmente a vosotros, este mensaje que semanalmente tengo la oportunidad de dirigir a todos los burgaleses.

 

Como ya sabréis, el próximo otoño, el Papa Francisco ha convocado un Sínodo en Roma centrado en el tema de los jóvenes, en concreto en la relación entre jóvenes, fe y vocación. Con tal motivo ha invitado a todos los jóvenes a participar en diferentes foros de encuentro y diálogo para que puedan hacer llegar su voz y su opinión sobre diferentes aspectos de la vida eclesial y social. Quizá alguno de vosotros también haya podido participar enviando sus aportaciones. Es su voluntad que en la asamblea sinodal resuene especialmente la voz de los jóvenes, para que la Iglesia pueda responder adecuadamente a vuestra realidad y a vuestras esperanzas.

 

La juventud siempre es vista con particular simpatía por todas las instancias sociales. En vosotros se tienen puestas enormes esperanzas e ilusiones. También la Iglesia, y particularmente nuestra Iglesia de Burgos, os miran con especial cariño e interés. Y no sólo porque seáis el futuro, sino porque quiere acompañaros ya en el presente de vuestra vida, en el crecimiento y en la respuesta a lo que buscáis y necesitáis. Me viene a la mente el pasaje de Jesús cuando se encontró con aquel joven rico que se le acercó, y al que miró con amor, proponiéndole un camino de vida y plenitud.

 

En vuestra juventud recibís innumerables llamadas: me estoy refiriendo no a las llamadas del teléfono móvil, sino otro tipo de llamadas a vivir, a disfrutar, a crecer, a gozar, a servir, a consumir… Son llamadas muy desiguales, que conviene discernir y acompañar para que os ayuden verdaderamente en vuestra vida. También entre esas llamadas, sin duda, está la llamada de Dios que, siempre cercano a nosotros, nos invita a vivir una vida plena en la entrega al servicio de los demás. Como dice el Papa Francisco, «todo cristiano debería desarrollar la capacidad de “leer desde dentro” la vida, e intuir hacia dónde y qué es lo que el Señor le pide para ser continuador de su misión». Son estas dos preguntas fundamentales a las que hay que dedicar un tiempo en la vida porque en su respuesta se encierra el secreto de la felicidad que todos buscáis.

 

Sin embargo, lo sabemos muy bien, «la llamada del Señor no es tan evidente como todo aquello que podemos oír, ver o tocar en nuestra experiencia cotidiana. Dios viene de modo silencioso y discreto, sin imponerse a nuestra libertad. Así puede ocurrir que su voz quede silenciada por el ruido de tantas cosas que nos rodean y por las numerosas preocupaciones y tensiones que llenan nuestra mente y nuestro corazón».

 

Para poder escucharle más nítidamente se requiere en especial del silencio y del acompañamiento, que os invito a buscar y a cultivar. Solo desde ahí podréis descubrir cuál es vuestro camino y conoceréis mejor si en vuestra vida el Espíritu Santo ha depositado la vocación al sacerdocio, al diaconado permanente, a la vida consagrada, al servicio misionero más allá de nuestras fronteras, a la formación de una familia como Iglesia doméstica… Cuando penséis en vuestro proyecto de vida, dejad que Dios entre también en vuestros planes. Escuchadle. Contad con Él.

 

Queridos jóvenes: ¡qué hermoso entender la vida como respuesta a una llamada de Dios! Eso nos da paz, alegría, generosidad… Comparto con vosotros vuestras preocupaciones e ilusiones por el futuro y os animo en vuestro caminar. Por fortuna, tenemos una certeza: Cristo Resucitado va siempre delante de nosotros: ¡no tengáis miedo!

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