Feliz tiempo de descanso

Mensaje del arzobispo de Burgos, don Fidel Herráez Vegas, para el domingo 29 de julio de 2018.

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Es frecuente oír en estas fechas el saludo y el deseo que también quiero hacer mío al dirigirme hoy a todos vosotros: ¡Feliz verano!, ¡Felices vacaciones!, ¡Felices días de descanso! Es cierto que el período vacacional se reparte con frecuencia a lo largo del año. Pero sin duda en estos meses cambian sustancialmente el ritmo vital y el escenario social, porque se multiplican los desplazamientos, se intensifican los viajes, la población se concentra en las playas y en lugares turísticos, nuestros pueblos se animan con numerosos visitantes…

 

Cortar con el trabajo habitual, alejarse del espacio de la vida cotidiana, cambiar de actividad, conocer lugares nuevos, acercarse a países o culturas distintas… contribuye al equilibrio sicológico de la persona. De este modo se reemprende posteriormente la actividad con más frescura, con sentido de novedad, con mayor creatividad y energía.

 

Sea cual sea nuestra situación, es posible que el verano pueda darnos la oportunidad de hacer algo diferente; o de hacer lo que siempre hacemos de un modo diferente. Descansar bien y reponer fuerzas no es algo meramente físico o biológico. Hay que distinguir entre el ocio y el descanso. El ocio entretiene, el descanso renueva. Necesitamos descansar para centrar la vida en lo que es realmente importante; para refrescar el sentido de cuanto pensamos y hacemos; más que los viajes de fuera que a veces multiplicamos en busca del descanso, se necesita en verano un viaje interior.

 

Cuando hablamos de vacaciones y de descanso tampoco podemos olvidar, como si fueran invisibles, a quienes por diversos motivos no disponen de esa posibilidad o a quienes deben trabajar con mayor empeño para que los demás puedan disfrutar de su tiempo libre. Nuestra mirada y nuestro corazón deben estar con esas personas, acompañándolas en sus dificultades y agradeciéndoles sus esfuerzos. La experiencia de las vacaciones debe abrirnos también a la solidaridad con nuestros prójimos, a veces tan próximos.

 

Como el ritmo de actividad se hace más pausado, también podréis encontrar momentos para la reflexión y para la meditación, para acercaros al Nuevo Testamento, para leer algún libro de formación religiosa, para una oración más sosegada… Dios no se va de vacaciones. Contemplad la naturaleza y dadle gracias. Vivid el Domingo, que en vacaciones sigue siendo el día del Señor.

 

También en la Diócesis vivimos lo que llamamos «el curso pastoral»; y algunas actividades pastorales se toman ahora un descanso. Por eso también durante el mes de agosto haremos una pausa en este contacto personal que mantenemos de modo constante, a través de los mensajes semanales, a lo largo de once meses. Esta comunicación permanente y continua es para mí una experiencia profundamente humana y pastoral. Es un signo de cercanía y una oportunidad de llegar a personas concretas, como me lo confirman quienes de vez en cuando me comentan que leen o escuchan estas breves y sencillas intervenciones.

 

Es también un modo de ejercer mi ministerio como obispo alentando, comentando, orientando y respondiendo a preguntas que se me dirigen o a cuestiones que están en el ambiente eclesial o social. En el curso de los meses hemos tocado temas muy variados, unas veces como crónica viva de acontecimientos importantes y significativos. Otras he intentado presentar la urdimbre de nuestra Iglesia diocesana, las fiestas litúrgicas y las devociones populares, el compromiso y la presencia en las realidades sociales y políticas. Mi intención y mi deseo es hablar siempre después de haber escuchado, de haber captado las inquietudes y expectativas de los católicos y de la sociedad en general. Es y quiere seguir siendo un diálogo abierto y fraterno.

 

Seguro que esta pausa veraniega nos permitirá tomar distancia y perspectiva para volver en septiembre cargados de ilusiones y proyectos. Así, con el ánimo renovado y con la ayuda de Dios, y de Santa María la Mayor, cuya fiesta celebraremos en el corazón del verano, reemprenderemos el camino, apasionante y siempre nuevo, de la misión de la Iglesia.

 

Con mis mejores deseos y la bendición de Dios para todos, ¡Feliz tiempo de descanso!

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