La interpelación misionera del Papa Francisco

Mensaje del arzobispo de Burgos, don Fidel Herráez Vegas, para el domingo 3 de marzo de 2019.

papa francisco

 

Durante los próximos días 7, 8 y 9 de este mes nuestra Facultad de Teología, a través de su Instituto de Misionología y Animación Misionera, va a celebrar un nuevo Simposio de Misionología. Hoy quiero hacerme eco de este evento, con el deseo de que lo vivamos y aprovechemos, personalmente y como comunidad diocesana, para mantener viva la llama misionera, que es uno de esos carismas que realmente revitalizan y rejuvenecen nuestra Iglesia burgalesa.

 

El Instituto de Misionología y Animación Misionera nació siguiendo las directrices del Concilio, donde se pedía a los centros eclesiásticos que se enseñara “a los jóvenes la verdadera situación del mundo y de la Iglesia, para que aparezca ante ellos y aliente su celo la necesidad de una más intensa evangelización de los no cristianos” (AG 39). Desde ahí, el año 1975 se creó este organismo, con la perspectiva de que la investigación teológica debe dar luz a la acción y a la animación misionera, puesto que ambas han de ser un lugar teológico para la investigación. Este criterio ha estado presente a lo largo de todos estos años, celebrándose en esta ocasión el Simposio de Misionología número veintinueve. Su título nos hace ver la actualidad del mismo: La interpelación misionera del Papa Francisco.

 

El Papa va a cumplir como obispo de Roma seis años. Durante este tiempo, sus gestos, sus palabras y su magisterio bien nos permiten conocer el horizonte misionero explícito que desea y plantea a la Iglesia. En su Exhortación programática, La alegría del Evangelio, ya había señalado, utilizando las mismas palabras de san Juan Pablo II, que “es necesario mantener viva la solicitud por el anuncio a los que están alejados de Cristo, porque ésta es la tarea primordial de la Iglesia. La actividad misionera representa aún hoy el mayor desafío para la Iglesia, y la causa misionera debe ser la primera” (EG 15).

 

Ahora, con motivo del centenario de la Carta Apostólica Maximum Illud de Benedicto XV, en la que se daba un nuevo impulso a la responsabilidad misionera de anunciar el Evangelio, el Papa Francisco convoca el Mes Extraordinario Misionero, e invita a prepararlo a todas las Iglesias diocesanas, congregaciones religiosas, asociaciones y movimientos del mundo entero. Así lo expresa en la carta que envía a través de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos en la que dice: Convoco un mes misionero extraordinario en octubre de 2019, con el fin de despertar aún más la conciencia misionera de la Missio ad gentes y de retomar con un nuevo impulso la transformación misionera de la vida y de la pastoral…, para que todos los fieles lleven en su corazón el anuncio del Evangelio y la conversión misionera y evangelizadora de las propias comunidades; para que crezca el amor por la misión, que es una pasión por Jesús, pero, al mismo tiempo, una pasión por su pueblo”.

 

Nuestro Instituto de Misionología ha querido secundar este llamamiento del Papa a fin de profundizar en su pensamiento, ofrecer pautas de reflexión en clave evangelizadora y favorecer la animación y la cooperación misioneras a nivel diocesano, nacional e internacional. Para ello el Simposio de Misiología que, como he dicho, va a celebrar la Facultad de Teología, desarrollará un amplio programa que abordará, tanto en las ponencias como en las mesas redondas, los aspectos nucleares que el Papa viene regalándonos desde esta dimensión esencial de la Iglesia y para la Iglesia.

 

Os invito de corazón a este encuentro misionero que nos animará, por supuesto, a profundizar en nuestra propia vocación cristiana que siempre es misionera. Ojalá que esta celebración nos ayude a nivel personal y diocesano a ser y a sentirnos mejores “discípulos misioneros”, como expresamos en nuestro Plan Pastoral. Así iremos haciendo realidad el reiterado anhelo del Papa cuando dice: “Sueño con una opción misionera capaz de transformarlo todo, para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda la estructura eclesial se convierta en un cauce adecuado para la evangelización del mundo actual” (EG 27).

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