La Asamblea Diocesana comienza su andadura

Mensaje del arzobispo de Burgos, don Fidel Herráez Vegas, para el domingo 16 de junio de 2019.
El arzobispo, durante un consejo diocesano de pastoral.

El arzobispo, durante un consejo diocesano de pastoral.

 

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En mis últimos mensajes dominicales y en otras intervenciones he aludido a la Asamblea Diocesana que «como Pueblo de Dios que camina en Burgos» nos disponemos a realizar. De modo oficial será convocada después del verano y centrará la puesta en marcha del próximo curso pastoral. Pero ya desde ahora deseo informaros de este proyecto y tarea conjunta, para que os sintáis desde el principio invitados y protagonistas.

 

La decisión de esta convocatoria, que corresponde al Obispo, no ha sido producto de la improvisación ni de un deseo particular. Es la conclusión de un largo proceso de reflexión y de oración que he ido realizando a lo largo de mi Visita Pastoral y de múltiples conversaciones y diálogos, con muchos de vosotros, en ambientes y contextos diversos. Además esta reflexión personal ha ido acompañada por la consulta a los diversos organismos y consejos diocesanos: el Consejo Diocesano de Pastoral, el Consejo Presbiteral, el Colegio de Consultores, el Equipo de Gobierno. En todos ellos, aún reconociendo las dificultades, se ha manifestado una opinión muy mayoritariamente favorable a la iniciativa de convocar y llevar a cabo esta Asamblea.

 

Durante el este mes de junio se están configurando los organismos responsables de ponerla en marcha y de preparar los criterios y etapas fundamentales del proceso, a fin de que ya en septiembre esté creado el marco para la participación de cuantos lo deseen.

 

Muchos de vosotros recordaréis que hace veinticinco años nuestra diócesis celebró un Sínodo Diocesano. La Asamblea Diocesana, aunque es diferente por su duración y por su carácter canónico, vive del mismo espíritu: es ante todo una experiencia eclesial en la que todos los bautizados puedan descubrir, experimentar y profundizar lo que significa ser Iglesia, reunidos unos con otros, en un contexto social concreto y en una circunstancia histórica determinada. Participar juntamente con los otros, porque los otros poseen muchos dones que yo no tengo y que pueden enriquecernos a todos. Y aquí y ahora, en el momento presente, para no vivir nostálgicamente del pasado sino para que la memoria se transforme en profecía que nos ilumine en nuestro proyecto de futuro.

 

Estamos celebrando el octavo Centenario de la Catedral, que nos descubre el sentido y el valor de una Iglesia que va avanzando a través de las generaciones. Y celebraremos un Año Jubilar para vivir este acontecimiento como ocasión de gracia y de renovación espiritual. La Asamblea Diocesana pretende hacer visible al verdadero sujeto protagonista de todo ello: nosotros –todos nosotros– como Iglesia de Jesucristo en Burgos. Pienso que la Asamblea es un medio privilegiado del ejercicio de la corresponsabilidad pastoral; y que podrá servirnos, sin duda, para una «puesta a punto», viendo juntos cómo estamos caminando y en qué aspectos debemos seguir orientando los pasos en fidelidad al envío misionero del Señor Jesús.

 

Tendremos ocasiones y momentos concretos para seguir hablando de esta experiencia viva de diócesis. Ahora deseo simplemente subrayar un doble aspecto. En primer lugar, que en una sociedad en transformación, con un creciente pluralismo ideológico y religioso, es necesario que quienes somos seguidores de Jesús podamos decir «nosotros» con la satisfacción y el orgullo de sentirnos una familia unida en torno a la misma fe y a un aliento evangelizador renovado. En segundo lugar, que para ello hemos de reflexionar, debatir y discernir en común para compartir criterios, opciones, actitudes, decisiones y compromisos.

 

No podemos pensar ingenuamente que de este modo solucionaremos todos los problemas. Pero podemos estar seguros de que una experiencia eclesial intensa y sincera es la mejor respuesta a los desafíos del momento presente. Estamos iniciando el camino. Os pido a todos que lo acompañéis con vuestra oración y que lo encomendéis de modo especial a Santa María Madre de la Iglesia.

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