«Amigos fuertes de Dios»

Mensaje del arzobispo de Burgos, don Fidel Herráez Vegas, para el domingo 13 de octubre de 2019.

santa teresa

 

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Siguiendo el calendario litúrgico, nos encontraremos la próxima semana con una fiesta que como tal no está señalada en rojo, pero que para nosotros es una fiesta especial. Es la fiesta de nuestra gran Santa castellana, Teresa de Jesús. Por eso, hoy quiero acercarme a ella para traerla al momento presente y compartir con vosotros, aunque sea brevemente, alguna reflexión.

 

Nació en Ávila, como sabéis, el 28 de marzo de 1515 y murió en Alba de Tormes (Salamanca) el 4 de octubre de 1582. Quiero recordar que en esta querida ciudad de Burgos realizó su última fundación (1582). Hay un texto en el libro de las Fundaciones (31,11) donde la Santa relata que estaba encomendando lo de Burgos al Señor porque siendo un sitio frío, y los fríos tan contrarios a sus enfermedades, ir allí le parecía una temeridad. Entonces le dijo el Señor estas palabras: «No hagas caso de esos fríos, que Yo soy la verdadera calor. El demonio pone todas sus fuerzas por impedir aquella fundación; ponlas tú de mi parte porque se haga, y no dejes de ir en persona, que se hará gran provecho». Y Santa Teresa vino a Burgos; y tuvimos la suerte de tener aquí uno de sus conventos, para gloria de Dios y provecho de los burgaleses como le dijo el Señor.

 

Justo es recordar a nuestra gran Santa como mujer excepcional, insigne carmelita descalza, fundadora, reformadora, escritora fecunda, madre y maestra espiritual, Doctora de la Iglesia, contemplativa en la oración y activa en el servicio del amor a los hermanos, andariega incansable por encima de todo obstáculo, para más servir a la Iglesia y mejor entregarse al Señor… A la distancia de más de cinco siglos, Teresa de Jesús sigue ofreciéndonos las huellas de su vida y misión espiritual, como verdadera maestra de vida cristiana para todos los tiempos. Así, en el IV Centenario de su muerte, San Juan Pablo II decía a un grupo de peregrinos abulenses: «Ser conciudadanos o compatriotas de Teresa de Jesús es un timbre de gloria, pero es también un compromiso de inspirarse en ella, en sus enseñanzas y ejemplo, para ser fieles a su legado universal, en un empeño de ser cada día mejores ciudadanos e hijos de la Iglesia» (Castelgandolfo, 1981).

 

Muchas son las enseñanzas de Santa Teresa, y su mensaje y testimonio siguen vigentes en nuestro tiempo, para nosotros y para las personas que están a nuestro alrededor. «Andan los tiempos recios» decía entonces la Santa, tiempos difíciles, de cambio entre épocas. También a nosotros nos toca vivir en unos «tiempos recios», de incertidumbre, de dificultad, de vivir contracorriente, tiempos que requieren firmeza, reciedumbre. En esto ella es una verdadera maestra de vida cristiana. Y nos dice que «cuando los tiempos son ‘recios’, son necesarios ‘amigos fuertes de Dios’ para sostener a los flojos» (Vida 15,5). Hoy, como entonces, el camino para llegar a serlo pasa por el encuentro con Cristo que cambia el corazón, que ofrece un horizonte nuevo, que llena de sentido la existencia.

 

Teresa de Jesús sobresale en la historia de la Iglesia por su empeño en dar a conocer al Señor, en «acercar, dice ella, las almas a Dios». Pienso que sus inquietudes y deseos continúan hoy como objetivos pastorales de plena actualidad para nuestra Iglesia diocesana, que se propone a través de la Asamblea y del Año Jubilar una verdadera conversión misionera. Ella, eminentemente contemplativa, no podía dejar de ser misionera. Su trato íntimo con Dios la iluminaba para discernir con claridad la ausencia de Dios en la sociedad; y cuando alguien está lleno de Dios se siente urgido a darlo a los demás. En la Santa, su amor a Jesucristo estaba inseparablemente unido a la Iglesia de su tiempo y el amor filial a la Iglesia se traducía en trabajo por el Evangelio alimentado y fortalecido con la oración. Su ejemplo es una llamada para nosotros, que hemos encontrado y hemos de anunciar la Buena Noticia de la Salvación. También nuestra acción misionera se apoya en la oración de nuestras queridas contemplativas, numerosas en nuestra diócesis, que van a la vanguardia de nuestra evangelización.

 

El Papa Francisco, en su mensaje del Año Jubilar Teresiano (2014), da gracias a Dios por el don de esta gran mujer y nos orienta hacia su escuela para aprender a ser peregrinos. «La imagen del camino, nos dice, puede sintetizar muy bien la lección de su vida y de su obra. Ella entendió su vida como camino de perfección por el que Dios conduce al hombre, morada tras morada, hasta Él y, al mismo tiempo, lo pone en marcha hacia los hombres. Su experiencia mística no la separó del mundo ni de las preocupaciones de la gente. Al contrario, le dio nuevo impulso y coraje para la acción».

 

El Papa evoca una expresión de la Santa: «Ya es tiempo de caminar». Y nos anima con unas palabras que también yo os digo juntamente con él: «¡Ya es tiempo de caminar, andando por los caminos de la alegría, de la oración, de la fraternidad, del tiempo vivido como gracia! Recorramos los caminos de la vida de la mano de santa Teresa. Sus huellas nos conducen siempre a Jesús».

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