Carta a los catequistas

Mensaje del arzobispo de Burgos, don Fidel Herráez Vegas, para el domingo 27 de octubre de 2019.
Imagen de un encuentro de catequistas en Miranda de Ebro.

Imagen de un encuentro de catequistas en Miranda de Ebro.

 

Escucha aquí el mensaje

 

Hoy quiero dedicar nuestro habitual espacio dominical a los catequistas, a quienes dirijo esta carta con todo afecto y gratitud.

 

Queridos catequistas: Acabamos de empezar el curso pastoral y todas las parroquias han iniciado ya la catequesis parroquial dirigida a niños, muchachos, jóvenes y adultos. Están siendo muy intensos estos días por lo que conlleva comenzar el curso, hacer las programaciones, adaptar los grupos, ajustar los calendarios… Muchos de vosotros, queridos catequistas, lleváis ya años en esta tarea tan importante para la Iglesia. Otros, quizás habéis comenzado este curso por primera vez, acogiendo la llamada apremiante de vuestras comunidades, que siempre buscan nuevos catequistas para poder cubrir todas las necesidades de la catequesis parroquial.

 

Al comenzar estas palabras que hoy quiero ofreceros, especialmente a vosotros, me surge en primer lugar mi más profundo agradecimiento por la tarea que estáis realizando. Bien sabéis lo importantes que sois para nuestras comunidades cristianas por lo que significa y comporta vuestra misión, especialmente en el proceso de la Iniciación Cristiana. La Iglesia confía mucho en vosotros, en vuestra tarea, en vuestro quehacer… Cuando pueda surgir el desánimo, porque parece que la labor resulta poco fructífera, os invito a reafirmar la esperanza que ha de caracterizar a todo agente de evangelización. La semilla del Evangelio nunca se pierde, siempre es fecunda, aunque no sepamos ni cuándo, ni cómo, ni dónde brotará lo que se ha sembrado. Desde esta certeza, profundamente evangélica, os animo a no dejaros robar la esperanza.

 

Ser catequista es una especial vocación. No se trata meramente de un oficio, de un empeño, de una enseñanza, de un compromiso momentáneo… El catequista es, ante todo, un testigo, como tantas veces os he repetido. Precisamente esto es lo que hace grande vuestra tarea y lo que permite situar adecuadamente vuestro quehacer. A veces os preocupan los conocimientos o las técnicas para comunicar, y por supuesto importa prepararse para la misión que se os confía, pero lo fundamental ha de ser la vida interior que se comparte. Porque, como dice el Papa Francisco, «no se trata de hacer de catequista sino de serlo, para llevar al encuentro con Jesús con las palabras y con la vida, con el testimonio»… pues «la catequesis es la comunicación de una experiencia y el testimonio de una fe que enciende los corazones, porque introduce el deseo de encontrar a Cristo».

 

En ese sentido, no es de extrañar que, si esta es la tarea fundamental a la que estáis convocados, se requieran para el catequista, entre otras, tres características fundamentales que comparto ahora con vosotros. En primer lugar, ser oyentes de la Palabra. También aquí recojo las palabras del Papa que me parecen muy acertadas al definir al catequista como la persona «que se ha puesto al servicio de la Palabra de Dios, que frecuenta esta Palabra diariamente para hacer de ella su alimento y anunciarla a los demás con eficacia y credibilidad». ¡Qué importante es, por tanto, que os pongáis a la escucha de la Palabra que vais a transmitir para dejaros moldear por ella, tal como hizo María!

 

En segundo lugar, os animo a ser miembros activos de la comunidad cristiana a la que pertenecéis: si la catequesis nos va introduciendo en el encuentro con Jesucristo y en la vida de su Iglesia, el catequista ha de estar especialmente vinculado con esa gran familia a la que invita a conocer y amar. Así lo hacéis muchos de vosotros, que sois verdaderamente el alma de muchas de nuestras parroquias, tanto en sus celebraciones como en sus actividades o iniciativas misioneras.

 

Por último, y en tercer lugar, os invito a ser acompañantes de las personas que Dios ha puesto a vuestro cuidado. Como sabéis, en la catequesis no se busca únicamente dar una serie de contenidos durante un momento a la semana. Se trata de ir acompañando en el crecimiento de la fe de esas personas y, en muchas ocasiones, también de sus familias; en un contexto de indiferencia, os convertís muchas veces en instrumento del primer anuncio que puede llegar a tocar el corazón y hacer que, a través de vuestras palabras, otros descubran y se abran al amor de Dios. Para muchos sois la única ventana que les permite conocer la hermosura de la fe. Por eso, ser acompañantes conlleva un proceso que ayude a despertar, descubrir, animar, alentar e ir acogiendo la misteriosa Vida de Dios que va actuando en el corazón de todas cada persona.

 

Queridos catequistas: muchas gracias por vuestra vida, por vuestro compromiso, por vuestro quehacer. Que vuestro testimonio y vuestra obra siga alentando a muchos en el seguimiento de Aquel que es nuestro Maestro, Camino, Verdad y Vida. Haced vuestro el lema de la Asamblea diocesana y «caminad alegres con Jesús».

 

Con mi afecto y bendición para todos y cada uno de vosotros.

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