«Ora et labora»: los consejos de una monja de clausura para vivir la cuarentena

La maestra de novicias del monasterio de Las Huelgas nos da una serie de claves para descubrir, en estos días de aislamiento, «el tesoro de estar encerrados».

cuarentena clausura

 

Madre Pilar es la maestra de novicias en el Monasterio de las Huelgas. Dice que lleva 26 años de «encierro» en el real sitio, una «cuarentena bien asumida» por la que se decantó al descubrir «el gran tesoro que había allí dentro». Desde su amplia experiencia monástica y su trabajo formativo con las aspirantes a cistercienses, así como su trayectoria como escritora de libros de espiritualidad, nos da una serie de pautas para vivir estos días de confinamiento en casa.

 

1. Buscar el equilibrio

 

Para esta religiosa, es vital «buscar el equilibrio en todo». Por eso, asegura que es importante conjugar momentos de trabajo y silencio con otros de ocio y diálogo, pues eso permite tener «ordenada la mente y el corazón». En su vida monástica están acostumbradas a alternar oración y trabajo sin descuidar la vida en comunidad, elementos que, según sus palabras, pueden ser buenos aliados para estos días de cuarentena.

 

Esta religiosa propone buscar en casa momentos para el diálogo con la familia de un modo «ordenado y establecido», en los que alguien se encargue de moderar la conversación o de encauzarla cuando se va por otros derroteros. También asegura que es necesario «cultivar el buen humor, contar algún chiste, contagiar alegría». Aparte de estos momentos de encuentro «organizado» es importante tener detalles con las personas de la casa las 24 horas del día y, muy importante, «no desligarse del exterior: vivir encerrados pero no aislados».

 

En este sentido, la religiosa propone rezar en familia «por cuestiones concretas, bien que hemos visto en la televisión o leído en los periódicos» y alternar estos momentos de oración con trabajos manuales («hay que moverse limpiando rincones de la casa que habitualmente no podemos ordenar») e intelectuales (como leer y estudiar), siguiendo la norma benedictina del «ora et labora».

 

2. Hábitos y rutinas

 

Pilar asegura que una de las cosas que descubrió cuando entró en el monasterio es la importancia de mantener una rutina diaria: «Tener un horario fijo rebaja mucho la tensión y libera la mente porque no hay que pensar en qué tengo que ocupar el tiempo». Ha de ser un horario no impuesto, sino consensuado, donde todo esté pautado y no haya que buscar modos de «matar el tiempo». En este sentido, asegura que es importante desarrollar una rutina en la que haya espacio para todo, también para realizar «una tabla de gimnasia o limpiar el polvo a los libros». E incluso, momentos programados de tiempo libre: «No es necesario rellenar todo el horario diario, pues el tiempo lleno no llena». En este sentido indica que también es importante organizar ratos libres a lo largo del día para hacer lo que uno quiera: leer, descansar, moverse…

 

Además, también recomienda tener contacto con la música: «Nosotras todos los días tenemos una hora de ensayo y la música siempre tiene algo que entusiasma: crear un himno o una antífona nueva… La música alegra el corazón», sostiene.

 

3. Perdón y ternura

 

La regla benedictina sostiene que es de vital importancia en la vida comunitaria «que no caiga el sol sin haber hecho las paces». Por eso, en estos días en que la convivencia se intensifica en casa, madre Pilar recomienda revisar la vida, pedir perdón y tener gestos de detalles con los demás. «No necesariamente tiene que ser al final del día ni de una manera formal. También puede ser mientras leemos un cuento o a través de pequeños detalles, como preparar una comida especial y decirle al otro: “mira, te lo he hecho porque te quiero, porque deseaba pedirte perdón…”». «Pero hay que contar a los otros por qué les hemos hecho estos pequeños regalos» recalca.

 

4. Descubrir la riqueza

 

Por último, madre Pilar sostiene que este tipo de vida ha supuesto para ella una «riqueza» y que estos días de confinamiento pueden ayudar a todos los españoles a «descubrir el tesoro de otras cosas que quizás no habíamos descubierto: el regazo de mi madre que habitualmente no puedo disfrutar porque hay que ir corriendo al trabajo, descubrir la importancia y la necesidad de estudiar ahora que no tenemos cole…»

 

Y concluye: «Que encontremos que hay un tesoro en estar encerrados; que asumamos estos días de confinamiento no como una imposición, sino que lo acojamos libremente, como un modo para descubrir nuevos tesoros en nuestro día a día».

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