La «universidad de curas» marca el inicio del curso pastoral en la ciudad

Como manda la tradición, «curas, coadjutores y párrocos» de la ciudad se han reunido esta mañana para celebrar la eucaristía. Este año lo han hecho en la parroquia de San Martín de Porres.
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Ni la epidemia ha frenado el habitual encuentro que cada año mantienen a comienzo de curso los sacerdotes con cargo pastoral en la capital burgalesa. Una tradición que se remonta hasta el siglo XVI, cuando los párrocos y coadjutores de la ciudad se reunían para celebrar un consejo el día de la festividad de la Natividad de la Virgen María. Con el paso de los años, la conocida popularmente como «universidad de curas» se ha convertido en una tradición en la que los sacerdotes de la ciudad se dan cita para reencontrarse tras el verano y crear así mayores vínculos de fraternidad de cara al curso pastoral que está comenzando, marcado en esta ocasión por la pandemia del coronavirus.

 

Este año ha sido el vicario general de la diócesis, Fernando García Cadiñanos, el encargado de presidir la eucaristía, que ha tenido lugar en la parroquia de San Martín de Porres. «Al igual que hoy celebramos el nacimiento de la Virgen María, nosotros hoy estrenamos un nuevo curso en que que queremos dar a luz a Dios con nosotros», ha subrayado en su homilía. Un curso «complejo y distinto» que, como ha recordado, estará marcado por la Asamblea Diocesana y el Año Jubilar de la Catedral y sumergido en una crisis sanitaria que aún no ha concluido: «Hemos de poner en práctica las lecciones aprendidas durante el confinamiento, que también ha sido un paso de Dios por nuestra vida. Mirar al pasado y acompañar el dolor de las personas que han sufrido la pérdida de seres queridos, las personas mayores, los heridos en el ámbito económico y social y mirar con esperanza a un futuro marcado por el miedo y la incertidumbre».

 

Para el vicario, las actitudes de María pueden servir como pistas a los sacerdotes de la ciudad ante el nuevo curso pastoral: «De María hemos de aprender a fiarnos de Dios, pues ella nunca se desespera aunque el Señor la descoloca de sus planes y ella no comprenda. Como ella, hemos de desprendernos de lo que nos sobra para fijarnos en lo esencial y purificar nuestra fe, abrirnos a los designios de Dios sin tener miedo». Además, ha recordado a los presentes, «María siempre está de camino». «Caminar es sinónimo de vida, de movimiento, de acción, de misión, de servicio. Necesitamos ponernos en camino, no estar parados sino al servicio de los demás, sobre todo de los más perjudicados desde el punto de vista económico. En este curso, hemos de estar en estado de misión poniéndonos en camino con los demás, haciendo iglesia, comunidad, arciprestazgo», ha concluido.

 

En la eucaristía ha participado un pequeño grupo de sacerdotes en representación de las parroquias de la ciudad y varios laicos. Dada la crisis sanitaria, este año la «universidad de curas» no ha contado con el popular almuerzo.

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