Saludo a la Iglesia de Bilbao y a la Iglesia de Burgos

Mensaje que el arzobispo electo de Burgos, don Mario Iceta Gavicagogeascoa, dirige a las diócesis de Bilbao y Burgos.


 

Recibo hoy con gratitud y siendo consciente de mis limitaciones, una nueva encomienda de la Iglesia. El Santo Padre me releva del servicio a la Iglesia de Bilbao y pide mi dedicación a la Iglesia de Burgos. Agradezco de corazón a Dios en el mandato del Papa por su confianza al volver a llamarme a servir a una porción del Pueblo de Dios.

 

Hace veintiséis años recibí la ordenación presbiteral y dediqué catorce años de mi vida a la Iglesia de Córdoba, hermosa e inolvidable etapa andaluza en mi ministerio sacerdotal que me marcó para siempre. Hace más de doce años recibí la ordenación episcopal para dedicarme al servicio de la Iglesia de Bilbao. Cuántos dones he recibido de Dios durante esta etapa vasca de mi ministerio. Cuántas gracias le doy por todos ellos y a vosotros por tantas muestras de cariño y afecto. Os pido perdón por las veces en que no he estado a la altura de lo que os merecíais.

 

Son muchos los sentimientos que afloran. Pero el más importante es el de gratitud. Gratitud a la Iglesia de Bilbao por esta etapa a la que he dedicado los años centrales de mi vida. Y gratitud porque, encomendándome la Iglesia de Burgos, vuelvo a escuchar una vez más de los labios del Señor, «apártate de la orilla y vuelve a remar mar adentro, echando las redes confiando en mi Palabra». A esta querida Iglesia de Bilbao donde se encuentran mis raíces, que me vio nacer y donde recibí el inmenso don de la fe, le llevo en el corazón y los lazos de fraternidad y amistad con sus gentes seguirán latiendo con fuerza.

 

Ahora se abre una nueva etapa en mi vida, la etapa castellana: se me encomienda el servicio a una porción del Pueblo de Dios que peregrina en Castilla, a la insigne y venerable Iglesia metropolitana de Burgos, a quien deseo servir con toda mi alma cuidándola con plena entrega y afecto.

 

A la querida Iglesia de Burgos, os quiero decir que aquí me tenéis, como soy y con lo que soy: mis escasos dones y mis muchas limitaciones. Un ministerio llevado en pobres vasijas de barro. Voy con gran ilusión y me pongo a vuestra total disposición. Me confío a la misericordia de Dios y a vuestra oración y benevolencia. Me entrego a vosotros sabiendo que piso tierra sagrada y que seréis una nueva bendición para mi vida. Tengo ganas de conoceros, ojalá calmada y personalmente a todos y cada uno. Tened paciencia conmigo porque los primeros andares siempre son inseguros y las primeras palabras vacilantes. Agradezco a don Fidel que haya cuidado con tanta dedicación y esmero de vosotros. Es para mí un ejemplo a seguir.

 

Mi abrazo fraterno también a quienes estáis lejos en la distancia, pero presentes en el corazón, a los hijos e hijas de esta archidiócesis burgalesa en tierra de misión llevando generosamente la semilla del Evangelio. También para Miranda de Ebro que está confinada a causa de la pandemia. Estoy con vosotros. Que Dios os sostenga en estos difíciles momentos con su fortaleza y esperanza.

 

La Asamblea Diocesana con el lema «Caminemos alegres con Jesús» nos ayudará a perfilar las líneas pastorales para los próximos años concretando lo que quiere el Señor de nosotros y los subrayados que tenemos que anunciar y testimoniar los años venideros. Gracias por vuestra providencial y activa participación.

 

Nos vamos a sumergir dentro de pocos días en la celebración del octavo centenario de esa maravilla que es la catedral, testimonio multisecular de fe, esperanza y amor. Es ocasión privilegiada para que la evangelización de los diversos ámbitos personales, familiares, culturales, económicos y sociales tome un nuevo impulso. Don Fidel, junto con su equipo, ha sido capaz de aunar la diversidad de instituciones de la sociedad burgalesa para la preparación de esta singular efeméride. Por eso me gustaría que siguiera desempeñando un merecido protagonismo en las celebraciones del año jubilar.

 

Pido a Dios, dueño de la mies, a Jesucristo que es su rostro misericordioso encarnado y al Espíritu Santo, fuente de todo amor, que nos conceda el don de la unidad y la paz para escuchar una vez más la reconfortante y apasionante invitación a sembrar la semilla, a tomar el arado en la tarea evangelizadora, sirviendo de modo particular a los más pobres, enfermos, parados, desesperanzados y necesitados en estos tiempos de pandemia que tanto sufrimiento está causando. Que Santa María la Mayor nos acompañe a ser fuente de esperanza y ayuda fraterna. Pido a Dios que derrame sobre vosotros y sobre mí su amor y bendición. Con gran afecto.

 

+ Mario Iceta Gabicagogeascoa
Arzobispo electo de Burgos
Administrador Apostólico de Bilbao

Comentarios

Los comentarios están cerrados para esta noticia.