«Huerta Molinillo», Premio Ciudad de Burgos en Desarrollo Sostenible

El proyecto, que cuenta con alrededor de 200 socios, nació auspiciado por dos miembros de la Asociación Promoción Solidaria y es todo un referente en soberanía alimentaria y ecología integral.

Huerta Molinillo 3

 

«Huerta Molinillo» ha sido galardonada con el Premio Ciudad de Burgos que concede el Ayuntamiento de Burgos en la categoría de Desarrollo Sostenible, un reconocimiento que se entregará el 10 de noviembre. Desde 2013, «Huerta Molinillo» produce y distribuye productos hortícolas de temporada a través de cestas de verdura semanales que cultivan siguiendo los métodos de Agricultura Ecológica y bajo los principios de la Soberanía Alimentaria. Se trata una iniciativa de Fundación Alter cuyo objetivo es impulsar proyectos económicos, sociales y culturales que supongan la construcción de nuevas realidades «alter-nativas» basadas en la consideración del otro, el alter.

 

La actividad se inició con el cultivo de dos huertas arrendadas, primero una en Burgos capital, en la calle que dio nombre al proyecto, y posteriormente se amplió a otra en Rabé de las Calzadas de 1,14 h, que finalmente pudieron adquirir en propiedad gracias a una campaña de crowfunding. Recientemente sus trabajadores (los promotores, Isabel Díez Espina y Rafael Martínez Amor, miembros de la Asociación Promoción Solidaria, Dominique, un burkinés que llegó a nuestro país en patera), y la Fundación Alter han constituido una cooperativa. «Este paso ha sido importante», explica Martínez Amor, «porque es una forma de incorporar a los trabajadores como socios y nos permite tener una forma legal que se adecúa a lo que queremos hacer: desde la forma que tenemos nosotros de ver la economía, los trabajadores tienen que tomar parte en las decisiones».

 

Sus cerca de 200 socios pagan una cuota anual haciendo sostenible económicamente la viabilidad de proyecto y asegurándose la entrega durante 50 semanas al año de una cesta de verduras de temporada de unos seis kilos de peso. También se distribuyen entre los más cercanos alimentos menos perecederos, como calabazas o patatas, u otros con el fin de que no se desperdicie nada.

 

Al tratarse de un trabajo muy manual, con una superficie limitada y también poca mano de obra (aunque también colaboran voluntarios en tareas hortícolas y de mantenimiento, algunos de ellos procedentes del extranjero), no se plantean hacer crecer la producción ni el número de socios. En todo caso, explica Martínez Amor, si un día contasen con una parcela más amplia, se plantearían otras alternativas, como dejar descansar la tierra, ya que este es uno de los objetivos básicos del proyecto, el cultivo ecológico y sostenible.

 

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