‘Con María, peregrinos de esperanza’: San Julián acoge la Vigilia de la Inmaculada

por Natxo de Gamón,

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La parroquia de San Julián acogió este año la Vigilia diocesana de la Inmaculada, que ha tenido por lema Con María, peregrinos de esperanza.

 

La oración fue alternando cantos, textos bíblicos, silencios, plegarias compartidas y algunos gestos, como señalar en una pizarra qué situaciones nos desconciertan, al igual que a María, y necesitamos la luz de Dios para entenderlas, o inflar unos globos como signo de la necesidad de dejarnos llenar del Espíritu y compartir la alegría con los demás.

 

En el contexto de las últimas semanas del año jubilar Peregrinos de Esperanza, María fue presentada también como caminante en esperanza, que nos pone a nosotros a caminar desde el Jubileo. Concluyó la vigilia con la entrega de una Guía para terminar el Jubileo y la invitación a participar en la eucaristía de clausura, que tendrá lugar el domingo, 28 de diciembre, en el altar mayor de la Catedral, presidida por Mons. Mario Iceta Gavicagogeascoa, arzobispo de Burgos.

«La Concepción Inmaculada de María»

por Natxo de Gamón,

«María Inmaculada, Sagrario vivo de la Belleza»

 

Queridos hermanos y hermanas:

 

En la solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María, la Iglesia entera vuelve su mirada hacia ese instante primero, silencioso y eterno, en el que Dios –desde su infinito y paternal designio– preservó a María de toda mancha de pecado.

 

Hoy, la «llena de gracia» (Lc 1, 28), gratitud y pureza, vuelve a llenarse de Dios hasta el fondo de su propio ser. Su seno inmaculado, preparado por el Creador para acoger la Vida, nos recuerda a un Dios que entra por las grietas del mundo con un amor «desarmado y desarmante», tal y como expresó el papa Francisco en su audiencia general del 28 de diciembre de 2022. «Cuando vemos esta sencillez del Señor, también nosotros nos despojamos de las armas de la soberbia y vamos allí, humildemente, a pedir la salvación, a pedir perdón, a pedir luz para nuestra vida, para poder seguir adelante», insistía el Papa, mientras alentaba a no olvidar el verdadero sentido de la fe: «El pesebre y la cruz, este es el trono de Jesús».

 

La Iglesia, a lo largo de los siglos, ha contemplado este misterio de la Inmaculada Concepción de María con un asombro reverente. También Benedicto XVI señalaba, una y otra vez, que la Virgen María es el signo luminoso de que Dios no se rinde ante el mal, pues en una mujer humilde de Nazaret comienza la nueva creación. «Cada vez que experimentamos nuestra fragilidad y la sugestión del mal, podemos dirigirnos a ella, y nuestro corazón recibe luz y consuelo», afirmó en 2019, durante el Ángelus celebrado en la festividad que conmemoramos hoy.

 

Dios se adentra en la historia confiado al amor de una madre. Y es justamente aquí donde deseo que repose el sentido de esta carta: en el seno de las madres, en ese santuario primero donde Dios continúa revelando misteriosamente su rostro. Porque si María fue concebida sin pecado para ofrecer un lugar sagrado y resplandeciente al Hijo eterno, cada madre participa, a su modo, de esa vocación: siendo el lugar donde la vida es acogida, custodiada y sostenida por un amor incondicional.

 

El seno de una madre es el primer tabernáculo de la humanidad. En el seno de María, Jesús aprendió a latir al ritmo del corazón humano; se dejó mecer, alimentar y proteger. Así, en cada madre que hoy concibe, la historia se repite con una delicadeza que nos sobrecoge, porque en ese mismo instante sagrado de plenitud, el Creador decide depender de una sola criatura. De esta manera, cada madre se convierte en el primer templo donde toda vida, recibe su indeleble dignidad.

 

Jesús mismo, el «Santo de Dios» (Mc 1, 24), comenzó su misión acogido y envuelto en la luz de su Madre. Por eso, la vida en el seno materno no es solamente una realidad biológica: es una teofanía, una revelación, un susurro de Dios que nos desvela que sigue haciendo nuevas todas las cosas (cf. Ap 21, 5).

 

Nazaret, Caná, Galilea, el Calvario… El Evangelio nos muestra, una y otra vez, que el Señor nunca caminó solo y necesitó de la cercanía de su madre, aquella que meditaba y guardaba todo en su corazón (cf. Lc 2, 19), para entender lo que Dios Padre quería para su Hijo. Ella nos enseña que ser madre es un acto de profunda humanidad y divinidad: es posibilitar que la vida humana sea concebida, amparar el misterio de Dios, sostener sin poseer, acompañar sin retener, permanecer junto a la cruz cuando todos se van (cf. Jn 19, 25).

 

Las madres llevan en su ser un reflejo de María. Ellas sostienen la vida que Dios les confía. Y sólo quienes son capaces de entregarse con generosidad comprenden que Dios quiso necesitar a una mujer para tomar la condición humana, y quiso que la humanidad naciera al calor de un amor materno. Le pedimos a María Inmaculada que nos enseñe a bendecir a todas las madres, ese recinto sagrado donde Dios sigue obrando maravillas: primer altar, primer hogar, primer susurro de eternidad.

 

Con gran afecto, pido a Dios que os bendiga.

+ Mario Iceta Gavicagogeascoa

Arzobispo de Burgos

Mons. Mario Iceta celebra cinco años en Burgos y mira al futuro con esperanza

por Natxo de Gamón,

Mons. Mario Iceta hace balance de sus cuatro años al frente de la archidiócesis

 

Mons. Mario Iceta Gavicagogeascoa cumple cinco años como arzobispo de Burgos y lo ha celebrado en el programa ‘El Espejo’ de COPE Burgos. El prelado ha recordado su llegada a la archidiócesis, que tuvo lugar el 5 de diciembre de 2020, como una jornada «un tanto agridulce». Fue un inicio de ministerio «dulce» por la ilusión de afrontar nuevos desafíos pastorales, pero «agria» por el contexto de una dura pandemia que generaba «tantísimo sufrimiento». Además, ha rememorado el «tremendo frío» de aquella mañana en una Catedral que llevaba meses sin calentar y con las puertas abiertas por la normativa sanitaria.

 

Una Iglesia dinámica y en camino

Mons. Iceta ha confesado que desconocía la realidad pastoral de Castilla y que llegó «abierto a encontrar y aprender de una iglesia que camina a su ritmo». En estos cinco años, ha afirmado haberse encontrado con una «Iglesia dinámica», con un «clero trabajador e implicado» y un «laicado comprometido en muchas áreas». Para conocer esta realidad, lo primero que hizo fue visitar los once arciprestazgos, además de instituciones como la Facultad de Teología, el Seminario o el Cabildo. También dedicó año y medio a recibir a todos los sacerdotes para conocer su situación y sus esperanzas.

 

A su llegada, el arzobispo se encontró con la asamblea diocesana en marcha, un trabajo que consideró «un tiempo de gracia» y decidió culminar. Las 333 conclusiones que se aprobaron, ha asegurado, «son los que nos están orientando y nos orientarán estos años», convirtiéndose en una «gran ayuda» para su ministerio. Actualmente, se encuentra realizando la visita pastoral al arciprestazgo de Burgos-Vena, tras pasar por los otros dos de la capital y el de San Juan de Ortega.

 

Los grandes debates: del Papa a Belorado

Sobre el nuevo pontífice, el papa León XIV, Iceta ha destacado su «gran inspiración agustiniana» y su foco en la «unidad en la diversidad» y la paz. Tras haberse reunido con él en varias ocasiones, el arzobispo de Burgos ha recordado que «cada Papa es como es» y que no se deben hacer «clichés». Para Mons. Iceta, «cada Papa en cada momento es un don inmenso del Espíritu Santo, y cada Papa tiene su modo de ser».

 

En cuanto a la polémica sobre las puertas de la Catedral creadas por el artista Antonio López, se ha mostrado «contento» de que estén en Burgos, calificándolas como una «grandísima aportación patrimonial». Ha defendido la pieza como una obra de arte de «altísima calidad» propia de nuestro tiempo. «Cada época expresa el arte contemporáneo de su tiempo», ha señalado, añadiendo que no tiene «celeridad» en colocarlas y que se darán los pasos «siempre con consenso, con diálogo, con aprobación».

 

Respecto al conflicto de Belorado, el arzobispo ha sido tajante, afirmando que el asunto está en «sede judicial» y en manos de la Guardia Civil. «Confiamos en la justicia», ha declarado, asegurando que es un tema que gestiona «con paz» y que no le altera su ritmo habitual ni le quita el sueño.

 

Retos sociales y el futuro de la evangelización

Mirando al futuro, Mons. Iceta ha explicado que la Iglesia hará «lo que siempre ha hecho»: vivir la presencia de Dios en comunión, evangelizar con nuevas formas, celebrar la fe y ejercer el servicio de la caridad a los más necesitados. La asamblea diocesana, ha reiterado, es el «gran instrumento» que marca el camino concreto. La gran pregunta, según el prelado, es quién lo va a llevar a cabo, a lo que ha respondido que debe ser «todo el santo pueblo de Dios», ya que la misión es «una tarea de todos».

 

El arzobispo también ha mostrado su preocupación por la «realidad social muy compleja» actual. Ha admitido que le inquieta la «falta de horizonte con certezas», el empobrecimiento, la dificultad de acceso a una vivienda digna, la soledad o el aumento de suicidios entre los jóvenes. «Tenemos muchos problemas encima de la mesa y tenemos que trabajar en red», ha afirmado, mirando esta realidad «con los ojos del buen pastor».

 

Ante estos desafíos, ha detallado que la Iglesia intenta responder «de modo concreto» a través de sus colegios, casas de acogida, viviendas de alquiler social, programas de formación para el empleo o la pastoral de la salud para los enfermos. Finalmente, ha hecho un llamamiento a la colaboración de todas las instituciones para «abrir canales y caminos de esperanza».

«La educación es una de las formas más altas de caridad cristiana»

por Natxo de Gamón,

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La capilla de Santa Tecla de la catedral de Burgos ha acogido este jueves la celebración del Jubileo de los Docentes, una cita que ha reunido a un nutrido grupo de profesores de Religión y educadores de los centros católicos de la provincia, entre ellos un número destacado de docentes de los colegios de la Fundación Manjón-Palencia. La eucaristía, presidida por el arzobispo emérito, Mons. Fidel Herráez Vegas, ha puesto el acento en la identidad espiritual de la vocación educativa y en la fecunda tradición de la Iglesia en el ámbito de la enseñanza.

 

En su homilía, el arzobispo emérito ha partido de las lecturas del día, que han invitado a construir la vida sobre la roca firme del Evangelio. Ha recordado que cada creyente está llamado a verificar «hasta qué punto estamos construyendo nuestra vida asentándola firmemente en Dios» y ha animado a los presentes a comprender el Jubileo como una ocasión privilegiada para renovar la propia identidad y profundizar en la misión recibida. «Conviene estar construyendo esta vida que el Señor nos ha regalado hasta el último momento de nuestra existencia», ha señalado.

 

Dirigiéndose después expresamente a los docentes, Mons. Herráez ha ofrecido una serie de reflexiones sobre la importancia de la tarea educativa, en el marco de los sesenta años de la declaración Gravissimum educationis. Ha subrayado, en primer lugar, el carácter estable y no pasajero de la misión del educador, que contribuye de manera decisiva a la evangelización en cualquier ámbito. «Es la forma en la que el Evangelio se convierte en gesto educativo, en cultura», ha indicado, aludiendo a la dimensión transformadora que la enseñanza puede imprimir en la vida de los alumnos.

 

El arzobispo emérito ha recordado que la educación constituye «una de las formas más altas de caridad cristiana», como ha mostrado la historia de la Iglesia desde la creación de las primeras universidades. Ha insistido en que la labor docente ha sido siempre un servicio que hunde sus raíces en la fe y que busca acompañar el crecimiento integral de la persona, sin reducir la enseñanza a una actividad funcional.

 

Otro de los elementos centrales de su mensaje ha sido la idea de la educación como obra «coral», una tarea que se realiza siempre en comunión con otros. «Nadie educa solo», ha subrayado, recordando que todo proyecto pedagógico requiere personas unidas y sintonizadas para generar vida y abrir horizontes. En este sentido, ha remarcado que el fundamento último de la acción educativa es la persona y su dignidad, que reclama ser acompañada para desplegar sus capacidades y aspirar a la mejor versión de sí misma. «No educamos únicamente para un provenir, sino para ayudar a ser mejores personas», ha explicado.

 

Mons. Herráez ha defendido también el valor de una educación integral, que abarca todas las dimensiones del ser humano y se opone a enfoques meramente mercantilistas. Ha señalado que la escuela católica ofrece un ambiente propio en el que «se entrelazan fe, cultura y vida», y ha recordado que la familia continúa siendo el primer ámbito educativo, no tanto por los conceptos transmitidos como por la vida compartida y los ejemplos cotidianos.

 

Asimismo, ha animado a los docentes a no subordinar la educación al mercado laboral y a favorecer un crecimiento que configure comportamientos y actitudes coherentes. La fe, ha dicho, «no es algo añadido, sino el aliento que oxigena» toda la existencia y que permite comprender el sentido último de la tarea educativa. Ha reconocido, además, la larga y fecunda historia de la Iglesia en este servicio y ha invitado a los profesores a vivir su vocación con la certeza de que «merece la pena la vida» entregada a la formación de las nuevas generaciones.

 

La celebración ha concluido con una acción de gracias por todos los docentes presentes y con la invitación a continuar construyendo la vida personal y la misión educativa sobre la solidez del Evangelio.

 

Jubileo en la Catedral

Antes, los docentes habían sido convocados en la Puerta del Sarmental de la Seo metropolitana. Allí, han recibido una pequeña introducción que les ha recordado el sentido del Jubileo. Después, los docentes han tenido la ocasión de visitar las nuevas puertas de la Catedral, inauguradas el pasado 29 de noviembre y, tras ello, han recibido una breve motivación en clave de oración, dirigida por el sacerdote diocesano Diego Luis Diez, que se ha inspirado en las palabras que dirigió el papa Francisco al convocar este Jubileo: «los educadores que educan la mente, que educan desde el corazón y que educan con las manos».

La Iglesia en Burgos reafirma su compromiso por la plena inclusión de las personas con discapacidad

por Natxo de Gamón,

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Este miércoles, 3 de diciembre, Día Internacional de las Personas con Discapacidad, ha tenido lugar en la sala de conferencias de la Casa de la iglesia un encuentro organizado por el Secretariado para la Pastoral de las Personas con Discapacidad de la archidiócesis de Burgos (SEDISBUR) para sensibilizar y dar visibilidad a las personas con discapacidad.

 

El encuentro ha estado moderado por el sacerdote Guillermo Pérez, director del Secretariado, y ha contado con la presencia de la Hna. María Granados ECSF, coordinadora de la Pastoral de las Personas con Discapacidad de la Conferencia Episcopal Española (CEE). Después de la presentación del encuentro a cargo de José Luis Lastra, vicario de Pastoral, y de un momento de oración, Granados ha sido la encargada de compartir con todos los presentes una enriquecedora ponencia titulada Iglesia y Discapacidad.

 

En ella, la religiosa ha destacado que la Iglesia no se cansa de recordarnos que «las personas con discapacidad están llamadas a la plenitud de la vida sacramental», de modo que «nadie puede negar los sacramentos a las personas con discapacidad», porque son dones de Dios (Directorio para la Catequesis, 272).

 

Finalmente, tres personas han ofrecido su testimonio personal de fe y vida. Feli, ciega de nacimiento y feligresa de la parroquia de Nuestra Señora del Rosario, ha contado como su mayor deseo era «ver a Dios con los ojos del alma». Virginia, madre de quince hijos —dos de ellos con discapacidad—, ha compartido con los asistentes cómo transmite junto con su marido la fe a sus hijos con discapacidad. Y Thalía, que trabaja con personas con discapacidad y es catequista en Medina de Pomar, ha narrado cómo Dios le había mostrado que su vocación es estar con las personas con discapacidad.

 

Con este encuentro, desde el Secretariado se van dando pequeños pasos para visibilizar a las personas con discapacidad y conseguir que sean parte activa de la evangelización dentro de la Iglesia en Burgos.