La parroquia de Santa María la Real y Antigua de Gamonal ha acogido este martes, 24 de febrero, un retiro de Cuaresma bajo el título «La Palabra que convierte, conversión desde la conversación», enmarcado dentro de las propuestas cuaresmales del arciprestazgo.
El templo ha reunido a numerosos fieles que han participado en un encuentro marcado por el silencio, la música ambiental y la centralidad de la Palabra de Dios. A partir del evangelio de san Juan y del pasaje del diálogo entre Jesús y la samaritana, la oración ha invitado a los asistentes a situarse ante su propia historia personal.
La figura de la mujer sedienta que se encuentra con Cristo junto al pozo ha servido como hilo conductor de la reflexión. En ese diálogo, en el que Jesús ofrece el «agua viva», se ha subrayado la fuerza transformadora de la conversación que conduce a la conversión. La escena evangélica ha sido presentada como un proceso de encuentro, ternura y verdad, en el que la persona se deja interpelar por la mirada de Dios.
Durante el retiro han resonado varias preguntas dirigidas a los participantes: «¿De qué tienes sed?», «¿Con qué llenas tus vacíos?» o «¿Cómo es la historia de tu vida contada por Dios?». Cuestiones planteadas como ayuda para profundizar en la propia experiencia de fe y para revisar el camino personal en este tiempo litúrgico.
El encuentro ha sido una oportunidad para detenerse, meditar sin prisas y abrirse a una búsqueda interior en libertad, contemplando a un Dios que se revela y que ofrece plenitud. En esta línea, se ha recordado que, tras su transformación interior, la samaritana se convierte en mensajera, testigo de lo que ha vivido.
«Siempre hay alguien que te espera para revelarte tu historia, seducirte y revolucionar tu vida», se ha proclamado como síntesis del sentido de la jornada.
Al término de la oración, se ha recordado la próxima convocatoria de las 24 horas del Señor, que se celebrarán los días 13 y 14 de marzo en la misma parroquia, como continuación del itinerario espiritual propuesto para la Cuaresma.
El Seminario de San José ha acogido una nueva sesión de la formación permanente del clero, organizada por la Vicaría para el Clero en colaboración con Cáritas Diocesana de Burgos, bajo el título Caridad y acompañamiento en el mundo rural. La jornada se ha enmarcado dentro de la Campaña Diocesana de Doctrina Social de la Iglesia, que este año centra su atención en la realidad rural.
La ponencia ha sido impartida por Eugenio Campanario, sacerdote de la archidiócesis de Mérida-Badajoz y consiliario nacional del Movimiento Rural Cristiano de Acción Católica, quien ha ofrecido a los presbíteros una mirada amplia sobre la situación actual del mundo rural.
Campanario ha comenzado describiendo las crisis que atraviesan los pueblos en los últimos años: envejecimiento, despoblación, pérdida de recursos y debilitamiento de servicios básicos. Sin embargo, junto a esta realidad, ha señalado también la aparición de nuevas oportunidades, como la llegada de población inmigrante o la apertura de nuevos frentes de trabajo.
A partir de ahí, ha planteado la cuestión central: cómo acompañar pastoralmente esta situación. Según ha explicado, la Iglesia está llamada a ser cercana e inserta en el mundo rural, asumiendo sus luchas y ofreciendo una visión integral que tenga en cuenta a las personas, las estructuras y el territorio. Frente a una lectura puramente sociológica que podría conducir al pesimismo, ha defendido un acompañamiento que transmita esperanza y movilización.
El ponente ha reconocido que existen zonas donde la recuperación demográfica parece inviable, pero ha subrayado que la Iglesia puede implicarse en iniciativas concretas, como facilitar viviendas parroquiales vacías para acoger a nuevas familias o apoyar procesos de regularización de inmigrantes. Asimismo, ha señalado la importancia de respaldar alternativas sostenibles frente a proyectos que puedan dañar el territorio rural.
En este sentido, ha recordado que la defensa de los servicios básicos —sanidad, infraestructuras, acceso al agua y a la tierra— forma parte de la Doctrina Social de la Iglesia y del compromiso cristiano con la dignidad de las personas.
La sesión ha permitido a los sacerdotes profundizar en el papel de la caridad como acompañamiento activo, no resignado, y renovar su compromiso con unas comunidades rurales que, aun marcadas por la fragilidad, siguen siendo espacio de misión y esperanza.
La asociación diocesana Scouts Burgos ha celebrado este sábado, 21 de febrero, un encuentro con motivo del nacimiento del fundador del Movimiento Scout, Robert Baden-Powell, nacido el 22 de febrero de 1857. La jornada ha reunido a cerca de 200 personas, entre niños, jóvenes y responsables, en una actividad conjunta desarrollada por distintos puntos de la ciudad.
El encuentro ha comenzado en la Plaza Mayor y ha consistido en un juego urbano que ha permitido a los participantes recorrer distintos espacios hasta concluir en el parque dedicado a Baden-Powell. Allí, junto al busto del fundador, los scouts han leído su último mensaje, en el que recuerda que «la mejor manera de ser felices es haciendo felices a los demás».
El Movimiento Scout, nacido a comienzos del siglo XX, se fundamenta en la educación integral de niños y jóvenes a través del juego, la vida en grupo, el contacto con la naturaleza y el servicio a los demás. Su propuesta formativa busca el desarrollo del carácter, el sentido de la responsabilidad y el compromiso social, en un marco de fraternidad y respeto.
En el ámbito diocesano, Scouts Burgos forma parte de la pastoral juvenil y comparte la visión educativa de la Iglesia, integrando la dimensión espiritual en su itinerario formativo. El escultismo católico entiende la fe como un elemento que ilumina la vida cotidiana y el servicio, promoviendo valores como la solidaridad, la entrega y el cuidado de los más débiles.
La lectura del último mensaje de Robert Baden-Powell ha servido como eje de la celebración, recordando a los participantes que la felicidad auténtica se encuentra en el servicio y en la capacidad de hacer el bien a los demás. De este modo, el encuentro ha unido memoria, formación y convivencia en torno a una propuesta educativa que sigue vigente y arraigada en la vida de la Iglesia diocesana.
El pasado viernes, 20 de febrero, unos sesenta jóvenes y adolescentes de diversas parroquias participaron en un encuentro organizado por la Acción Católica General (ACG), que reunió a chicos y chicas en una jornada marcada por la convivencia, la reflexión y la alegría compartida.
El encuentro se desarrolló bajo el lema Compartiendo caminos, acompañando esperanzas, el mismo que centrará el próximo Encuentro de Laicos que se celebrará el próximo mes de julio, en Málaga. Con esta convocatoria, la ACG da un paso significativo en la dinamización del trabajo con jóvenes a nivel diocesano, impulsando espacios donde puedan crecer en la fe y fortalecer su compromiso cristiano en la realidad cotidiana.
La tarde comenzó con dinámicas y juegos participativos orientados a favorecer el conocimiento mutuo y crear un clima de confianza y cercanía. Posteriormente, los asistentes trabajaron el pasaje evangélico del Camino de Emaús, profundizando en la experiencia de los discípulos que descubren que no caminan solos, y reflexionando sobre cómo también hoy Cristo se hace presente en medio de las dudas, dificultades y esperanzas de los jóvenes.
El programa incluyó además un momento de oración compartida, vivido con especial intensidad, en el que se invitó a los participantes a poner en común sus inquietudes y a renovar su compromiso de caminar juntos como Iglesia.
La jornada concluyó en un ambiente festivo con una cena compartida y un animado bingo musical, en el que los jóvenes no solo participaron con entusiasmo, sino que también se animaron a bailar y a sacar sus mejores pasos, llenando el encuentro de risas, complicidad y un ambiente verdaderamente fraterno.
Este encuentro supone el inicio de una nueva etapa de trabajo coordinado de la Acción Católica General en la archidiócesis, con el objetivo de ofrecer a adolescentes y jóvenes un itinerario estable de formación, acompañamiento y participación activa en la vida parroquial y diocesana. A través de iniciativas como esta, la ACG reafirma su compromiso con la evangelización y el protagonismo de los laicos, especialmente de los más jóvenes, como parte esencial del presente de la Iglesia, como decía la pulsera que se regaló a los participantes, donde se podía leer: «Somos el ahora de Dios».
La Delegación de Manos Unidas en Miranda de Ebro ha celebrado este viernes, 20 de febrero, su tradicional cena solidaria, una cita anual que ha vuelto a poner de manifiesto el compromiso de la comunidad mirandesa con los proyectos de cooperación que impulsa la organización católica para la cooperación al desarrollo.
En torno a un centenar de personas han participado como comensales en esta edición, celebrada en el albergue juvenil Fernán González de la ciudad gracias a la colaboración de una quincena de benefactores, que han donado los ingredientes de la cena y los regalos para el sorteo posterior. El menú, sencillo y elaborado por las voluntarias, ha consistido en entrantes variados, crema de puerros con picatostes, huevos con tomate y tarta como postre.
Ha sido especialmente destacada la implicación de la Sociedad Deóbriga, que un año más se ha encargado de preparar y servir la cena, además de realizar su propia aportación económica. También la empresa Autobuses Herrera ha facilitado el desplazamiento con un servicio gratuito de ida y vuelta. El encuentro ha contado asimismo con la presencia de varios concejales del Ayuntamiento y con la colaboración de la Junta de Castilla y León, que ha cedido el comedor del albergue, las instalaciones de cocina y su personal.
Más allá de los asistentes, la organización ha subrayado el elevado número de personas que han entregado su donativo aun sabiendo que no podrían participar, así como otras que han contribuido con aportaciones superiores a las solicitadas.
Donativos con destino a Paita
La iniciativa solidaria se ha completado con el segundo pincho solidario celebrado el 22 de febrero en la parroquia de San Nicolás de Bari, promovido por catequistas, catecúmenos y sus familias. Como novedad, varios niños de catequesis han elaborado manualidades —rosarios, pulseras y llaveros— que se han puesto a la venta en favor del proyecto local de Manos Unidas.
El dinero recaudado durante las diferentes acciones que está desarrollando Manos Unidas en Miranda de Ebro estará destinado al proyecto de atención integral a mujeres en situaciones de vulnerabilidad extrema en Paita, el segundo puerto pesquero más importante de Perú. El objetivo del proyecto es mejorar las condiciones de vida de mujeres en situación de extrema vulnerabilidad mediante empoderamiento económico —apoyando la formación técnica y los emprendimiento femeninos—, prevención de la violencia y fortalecimiento comunitario.
El proyecto asciende a casi 50.000 euros — el 65 por ciento a cargo de Manos Unidas y el 35 por ciento a cargo del socio local— y beneficiará a 350 personas directas (288 mujeres y 62 hombres) y 2.200 indirectas.