El pasado viernes, 27 de febrero, la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC) ha celebrado una misa de acción de gracias en la parroquia del Espíritu Santo, en el barrio de Gamonal, en memoria de Guillermo Rovirosa, promotor del movimiento y actualmente en proceso de beatificación, y de Tomás Malagón, uno de sus primeros consiliarios.
En la celebración han participado militantes, simpatizantes y miembros de la comunidad parroquial, que han elevado su oración teniendo muy presentes las dificultades que atraviesa hoy el mundo del trabajo. Durante la eucaristía se han mencionado realidades como el desempleo, la explotación laboral, el trabajo sumergido de personas migrantes sin permiso de residencia, el aumento de la siniestralidad laboral, las desigualdades de género, la precariedad que sitúa a trabajadores en el umbral de la pobreza, los problemas de acceso a la vivienda, la polarización social y el descuido de la creación.
En el transcurso de la celebración se han recordado palabras de Rovirosa que mantienen plena actualidad: «Dios nos habla a través de las dificultades, nos dice que no es momento de apatías ni tibiezas, es hora de conversión y de vivir con radicalidad y autenticidad nuestro compromiso de evangelización. Es hora de llevar la Buena Noticia al mundo obrero; le pertenece».
También en Miranda de Ebro, donde existen equipos de HOAC, se ha celebrado una misa el mismo 27 de febrero en la parroquia de El Buen Pastor. Además, el jueves, 26 de febrero, en la Biblioteca Municipal, Francisco Porcar ha presentado su libro Trabajo humano, el reto pendiente, profundizando en los desafíos actuales del ámbito laboral.
La conmemoración ha servido como recuerdo agradecido y como llamada a renovar el compromiso cristiano en el mundo obrero.
La mañana del sábado 28 de febrero, tuvo lugar el Encuentro de Comisiones de Acción Católica, en el que participaron representantes de Acción Católica General (ACG), Fraternidad Cristiana de Personas con Discapacidad (FRATER), Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC) y Juventud Obrera Cristiana (JOC).
El encuentro estuvo centrado en la reflexión sobre la presencia pública de los cristianos, trabajada desde la metodología de revisión de vida —ver, juzgar y actuar— , característica de la Acción Católica. A lo largo de la mañana, los movimientos compartieron cómo están presentes en la vida pública, cómo valoran esa presencia a la luz de la Doctrina Social de la Iglesia y qué llamadas al compromiso perciben hoy en el contexto social y eclesial actual.
Se constató que los militantes están implicados en diversas realidades sociales, educativas, laborales y asociativas, especialmente en ámbitos vinculados al acompañamiento de personas vulnerables, la promoción del trabajo decente, la participación sindical y social, así como en iniciativas eclesiales y espacios de formación sociopolítica. Se destacó que, aunque esta presencia es comprometida y constante, con frecuencia se vive de manera discreta y sin una suficiente conciencia y respaldo eclesial.
Se puso en valor una presencia pública entendida no tanto en clave de resultados visibles, sino como testimonio coherente del Evangelio en medio de la realidad. Se subrayó la importancia de ser «levadura en la masa», promoviendo la dignidad de la persona, la justicia social, la solidaridad y la cercanía a los más empobrecidos, incluso cuando la transformación no sea inmediatamente perceptible.
Los participantes identificaron llamadas concretas a vivir la fe con mayor naturalidad y valentía en los ambientes cotidianos, reforzar la unidad entre fe y vida, cuidar la formación en Doctrina Social de la Iglesia y sostener comunitariamente los compromisos personales. Asimismo, se señaló la importancia de tender puentes, construir relaciones y mantener viva la esperanza en una cultura que a menudo resulta distante del mensaje evangélico.
El encuentro concluyó con el compromiso de seguir fortaleciendo la coordinación entre movimientos y de mantener espacios de revisión y acompañamiento que impulsen una presencia pública más consciente, comunitaria y transformadora al servicio del bien común y del anuncio del Evangelio.
La sala Beato Valentín Palencia de la catedral de Burgos acoge desde este lunes 44 obras de Pablo Picasso en una muestra inédita titulada Picasso. Raíces bíblicas, que recoge la esencia bíblica y los orígenes cristianos presentes en la obra del pintor malagueño. La exposición —organizada por la archidiócesis de Burgos, el Cabildo Metropolitano, la Fundación Almine y Bernard Ruiz-Picasso para el Arte (FABA) y la Fundación Consulado del Mar de Burgos— ha sido inaugurada por la Su Majestad la Reina Sofía, el cardenal José Tolentino de Mendonça, prefecto del Dicasterio para la Cultura y la Educación de la Santa Sede, y Bernard Ruiz-Picasso, nieto del artista y presidente —junto a su esposa, Almine Rech, también presente— de la Fundación FABA.
La presidencia de Su Majestad la Reina Sofía subraya la importancia cultural de una iniciativa que sitúa a Burgos en el mapa internacional del arte contemporáneo y del diálogo entre fe y expresión artística.
A la inauguración —que ha presentado el vicario general de la archidiócesis, Carlos Izquierdo Yusta— también han acudido Mons. Fidel Herráez Vegas, arzobispo emérito de Burgos; Nicanor Sen Vélez, delegado del Gobierno en Castilla y León; Cristina Ayala Santamaría, alcaldesa de Burgos; Gonzalo Santonja Gómez-Agero, consejero de Cultura de la Junta de Castilla y León; Santiago Mena Cerdá, fiscal superior de Castilla y León; Borja Suárez Pedrosa, presidente de la Diputación Provincial de Burgos; Félix José Castro Lara, deán-presidente del Cabildo Metropolitano de Burgos; y Antonio Miguel Méndez Pozo, presidente de la Fundación Consulado del Mar de Burgos; así como la Corporación Municipal y diferentes autoridades civiles, judiciales, militares y de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado de la ciudad y de la provincia.
También ha estado presente parte del tejido empresarial, con la presencia del Antonio Garamendi Lecanda, presidente de la CEOE, así como representantes de las entidades que patrocinan la exposición: Fundación Caja de Burgos, Fundación Caixabank, AC Hotels y Recoletas Salud.
Un diálogo «fecundo» entre fe y cultura
Para Mons. Mario Iceta Gavicagogeascoa, arzobispo de Burgos —que ha dado la bienvenida a los presentes a través de un vídeo— esta muestra constituye un nuevo hito en el diálogo histórico de la Catedral con la cultura. Ha recordado que el templo burgalés, desde la colocación de su primera piedra por el rey San Fernando, ha integrado a lo largo de los siglos todos los estilos artísticos como un «organismo vivo», y que hoy quiere abrirse también a la cultura contemporánea de la mano de un autor de «primera línea y de grandísimo relieve» como Pablo Picasso. El arzobispo ha manifestado su convicción de que este encuentro entre la tradición catedralicia y la obra del artista malagueño será «muy fecundo» y generará nuevos estudios y vías de profundización en las raíces bíblicas presentes en su producción. Asimismo, ha destacado la adecuación de la Sala Valentín Palencia, preparada con los últimos avances técnicos para acoger exposiciones de máximo nivel, como signo de visión de futuro y de apuesta decidida por el diálogo cultural.
En sus palabras ha tenido también un lugar destacado Bernard Ruiz-Picasso, presidente de la Fundación FABA, a quien ha agradecido expresamente su generosidad por hacer posible la presencia de un conjunto tan relevante de obras, entre ellas la Maternidad, eje central de la muestra. Junto a ello, ha reconocido el trabajo de la comisaria Paloma Alarcó y la implicación de las entidades organizadoras y autoridades presentes, invitando finalmente a los asistentes a disfrutar durante los próximos meses de una exposición que ha calificado de «magnífica» y que situará a Burgos en el centro del diálogo entre fe, arte y cultura contemporánea.
Un artista que «se alimentaba del pasado»
Bernard Ruiz-Picasso, presidente de la Fundación FABA, ha insistido en que su abuelo «se alimentaba del pasado —también de sus orígenes— para crear un presente que estaba abierto al futuro». Ha destacado igualmente su apuesta por el diálogo, y su voluntad de paz y un mundo mejor, en el que fuera posible la convivencia; y ha admitido que el paso de las décadas, la distancia, permite reinterpretar la obra de Picasso y abordar esta perspectiva espiritual y trascendente que había quedado opacada.
La muestra en la catedral de Burgos tiene, además, un sentido profundo para la familia Ruiz-Picasso, puesto que el artista visitó «de incógnito» el templo en 1936, acompañado de su mujer y su hijo, en la que sería su última visita a España y que le llevó, además, a San Sebastián, Madrid, Toledo y Barcelona.
Una «mirada larga» sobre la obra de Picasso
Por su parte, el cardenalJosé Tolentino de Mendonça ha afirmado que, medio siglo después de su muerte, una de las dimensiones menos exploradas de Pablo Picasso es su interrogación radical sobre la trascendencia. Aunque el artista se declarara sin fe, nunca abandonó el sustrato simbólico de la tradición bíblica y cristiana, que constituye —según ha explicado— una tensión generativa en el conjunto de su obra. Más que una fuente de citas explícitas, la Biblia fue para Picasso una «estructura profunda» de su sensibilidad, un alfabeto interior forjado en la experiencia sensorial de la liturgia, las imágenes sagradas y el imaginario católico de su infancia. En este sentido, ha señalado que muchas de sus maternidades remiten estructuralmente a la iconografía de la Theotokos, y que el cuerpo de Cristo se convierte en arquetipo del sufrimiento humano, visible de modo particular en Guernica, donde la retórica de la iconografía sacra aflora como lenguaje del dolor.
El prefecto del Dicasterio para la Cultura y la Educación ha destacado también que la exposición culmina con el tema de la esperanza, especialmente a través de L’Homme au mouton, reinterpretación moderna del Buen Pastor paleocristiano, y de las palomas que atraviesan su producción como símbolo bíblico de paz y reconciliación. Para el cardenal, la muestra constituye un acto ejemplar de diálogo cultural: la Catedral y Picasso no se contemplan como realidades ajenas, sino que se interpelan y se iluminan mutuamente al abordar las preguntas últimas sobre el sentido, el sufrimiento y la fraternidad. En nombre del papa León XIV, ha alentado a seguir promoviendo un diálogo auténtico entre las raíces cristianas y la cultura contemporánea, convencido de que la experiencia artística exige esa «mirada larga» capaz de reconocer la profundidad espiritual que habita incluso en quienes no se declaran creyentes.
Una muestra dividida en seis capítulos
En seis capítulos, Paloma Alarcó, conservadora jefe de Pintura Moderna del Museo Nacional Thyssen-Bornemisza y comisaria de la exposición, combina resonancias bíblicas con referencias históricas del arte cristiano, mostrando cómo Picasso tomó prestada la iconografía tradicional para transformarla dentro de sus propias narrativas humanas y visuales. La obra Maternidad (1921) —en la que Picasso retrata a su esposa Olga Khokhlova con su primer hijo, Paulo, y que ha sido elegida como imagen de la exposición— ejemplifica esta conexión al reinterpretar iconografías clásicas de la Sagrada Familia desde una experiencia íntima y personal, aun sin constituir arte religioso en sentido estricto.
Picasso. Raíces bíblicas se podrá visitar a partir de mañana, martes, 3 de marzo, y hasta el próximo 29 de junio de 2026, en la sala Beato Valentín Palencia de la catedral de Burgos, de lunes a domingo en horario de 9:30h a 18:45h.
El sacerdote Antonio Manuel Hernández, misionero de la OCSHA en Perú. | Foto: OMP España.
Escucha aquí el mensaje de Mons. Iceta
Queridos hermanos y hermanas:
La Iglesia en España vuelve a ponerse en camino con el corazón y los brazos extendidos hacia América para celebrar el Día de Hispanoamérica y de la Obra de Cooperación Sacerdotal con Hispanoamérica (OCSHA). Esta jornada, que nunca ha de quedar en el olvido por todo lo que supone, nos convoca a conmemorar –con una inmensa gratitud– a quienes han respondido a la llamada del Señor para franquear todas las dificultades y sembrar el Evangelio en tierras que, aunque lejanas en distancia, son cercanas en fe, historia y esperanza.
En una época que tiende a valorar la seguridad y la comodidad ante cualquier contratiempo, el Evangelio rubrica que la vida se acrecienta dándola sin reservas, ofreciendo hasta la última gota de nuestro ser por quien más lo necesita.
Según los datos más recientes, más de un centenar de misioneros españoles, muchos de ellos burgaleses, sirven en diversas diócesis del continente americano, respondiendo a la enorme necesidad de sacramentos, de escucha, de cercanía fraterna y de presencia pastoral en contextos a menudo marcados por la miseria, el sufrimiento y la marginación.
El Hijo del Hombre no vino a ser servido, sino «a servir y a dar su vida en rescate por muchos» (Mc 10, 45.). Así la santidad cristiana –y, de forma particular, la vocación sacerdotal misionera– nace de una entrega concreta, sin reservas y hasta el final, como donación de un amor encarnado que encuentra su plenitud en Cristo pobre, abandonado, hambriento, sediento, enfermo, encarcelado, desnudo y solo (cf. Mt, 25,35-36).
En la OCSHA encontramos rostros concretos que personifican esta radicalidad evangélica: sacerdotes que han dejado su tierra y su parentela para acompañar a las iglesias de Hispanoamérica con la única armadura de su fe.
Y hoy pongo la mirada en cada uno de ellos, que son testigos de la vida que acontece cuando el corazón se abre sin miedo al misterio de Cristo y, calladamente, se deja poseer por Él. Con ellos y por ellos, hoy celebramos la comunión viva de la Iglesia, que se hace presente cuando el evangelizador termina siendo evangelizado. Sus vidas entregadas nos enseñan que la misión se educa con el servicio al estilo del Señor: con misericordia, con agrado, con paciencia, con escucha y con ardor. Y, sobre todo, sin exclusión, porque no existe mayor compañía que la que se da al que sufre, al que está marginado, al herido, al desamparado y al agonizante; y no existe mayor gesto que aquel que toma forma de presencia entrañable, cercana y hondamente servicial.
Estos misioneros ponen en nuestra puerta una pregunta: ¿estamos dispuestos también a salir de nosotros mismos, para dejar que el Señor nos saque de nuestra comodidad y abrazar sirviendo la vida de los otros?
Hoy, al contemplar la obra de Dios junto a María en la historia de la Iglesia, damos gracias por los sacerdotes, consagrados y laicos que, con generosidad evangélica, dan vida a las palabras del Señor: «Yo he venido para que tengáis vida y la tengáis en abundancia» (Jn 10, 10).
Que esta abundancia de alma, vida y corazón transforme nuestras parroquias y nuestra Iglesia diocesana, para que seamos, como ellos, servidores fieles del Evangelio. Un Evangelio entregado hasta el final. Y que, al caer la tarde, podamos decir humildemente ante el Señor: «Somos siervos inútiles. Hemos hecho lo que teníamos que hacer» (Lc 17, 10). Porque todo ha sido gracia, porque todo ha sido don.