‘Las mujeres al pie de la cruz’ centra el retiro de Cuaresma organizado por la HOAC en Burgos

por Natxo de Gamón,

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La Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC) de Burgos ha celebrado este sábado su retiro de Cuaresma, un encuentro de oración y reflexión que ha reunido a cerca de cuarenta participantes en la residencia de los religiosos de la Congregación de la Misión, conocida como la casa de los PP. Paúles. La jornada, organizada con el apoyo del Consejo Diocesano de Acción Católica, ha llevado por título Las mujeres al pie de la cruz.

 

El retiro ha sido impartido por Elena Lastra del Prado y Ángel Santamaría Sáiz y ha contado con la participación de miembros de Promoción Solidaria, de Acción Católica General en Burgos, de la propia HOAC, del colectivo Mujeres en la Iglesia de Burgos por la Igualdad y de otras personas simpatizantes que han querido compartir este espacio de preparación espiritual en el tiempo de Cuaresma.

 

La mañana ha comenzado con un momento de oración animado por Ángel Santamaría a partir de diversos textos y de una selección de estaciones del vía crucis. A continuación, Elena Lastra ha ofrecido una reflexión que ha invitado a «sostener la mirada» ante el misterio de la cruz, contemplando tanto el sufrimiento de Cristo como las cruces que siguen presentes hoy en la vida de muchas personas.

 

Acompañados por las mujeres que permanecieron junto a Jesús en el tramo final de su vida, los participantes han sido invitados a descubrir una fidelidad que nace de la gratitud y que anima a no apartar la mirada ante el dolor y la injusticia. La presencia de María, madre de Jesús, ha sido presentada como un signo de esperanza que muestra que es posible permanecer incluso en medio del miedo o la impotencia.

 

Tras la reflexión se ha abierto un tiempo amplio de oración personal, acompañado por textos y preguntas que han ayudado a profundizar en la experiencia vivida durante la mañana.

 

El retiro ha concluido con la celebración de la eucaristía, en la que algunos participantes han compartido las llamadas recibidas durante la jornada. Después, varios de los asistentes han prolongado el encuentro compartiendo la mesa y la vida, en un clima de fraternidad.

«No hay vidas ilegales, solo personas que buscan un lugar donde puedan florecer»

por Natxo de Gamón,

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Un nuevo Círculo de silencio se ha celebrado este lunes, 9 de marzo, en Burgos, en una convocatoria marcada por el frío y la lluvia que, aun así, ha reunido a un grupo de participantes comprometidos con la defensa de la dignidad humana. El encuentro ha estado animado en esta ocasión por la Delegación para la Familia y Vida de la archidiócesis de Burgos.

 

Durante la concentración se ha leído un manifiesto que ha comenzado con una denuncia clara de la guerra «de toda guerra», en un contexto internacional marcado por los conflictos armados y el sufrimiento de millones de personas obligadas a abandonar sus hogares. Desde el silencio compartido, los participantes han querido expresar su rechazo a la violencia y su compromiso con el diálogo y la defensa de la vida.

 

La convocatoria ha recordado también la próxima celebración de la Jornada por la Vida, el 25 de marzo, subrayando que la vida es «un don» y que «cada vida, toda vida, es una buena noticia». En este sentido, el manifiesto ha denunciado diversas situaciones que atentan contra la dignidad humana, como la trata de personas, la esclavitud moderna, la pobreza extrema o las condiciones laborales injustas que sufren muchos trabajadores en distintas partes del mundo.

 

El círculo de silencio ha dirigido de manera especial su mirada hacia las personas migrantes, recordando que detrás de cada desplazamiento hay historias concretas de vida, esperanza y búsqueda de un futuro mejor. «No hay vidas ilegales, solo personas que buscan un lugar donde puedan florecer», se ha afirmado durante la lectura del manifiesto, que ha insistido en que el fenómeno migratorio no puede reducirse a cifras o debates abstractos, sino que debe contemplarse desde la dignidad de cada persona.

 

Los participantes han destacado también el coraje de quienes se ven obligados a abandonar su país para ofrecer mejores condiciones de vida a sus familias. En este sentido, se ha recordado que «defender la vida implica construir puentes, no muros», y que la migración puede convertirse en una oportunidad para reforzar la solidaridad y la fraternidad entre los pueblos.

 

La concentración ha concluido con una llamada a las instituciones, a la Iglesia y a la sociedad civil para trabajar juntos en la defensa de todas las vidas, especialmente de las más vulnerables, recordando que «defender la vida es también defender el derecho a buscar un hogar».

El encuentro de catequistas del Vena se centra en la educación afectivo-sexual

por Natxo de Gamón,

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Este sábado, 7 de marzo, cerca de cuarenta catequistas del arciprestazgo de Burgos-Vena se han reunido en los salones de la parroquia de San Martín de Porres para celebrar su encuentro anual.

 

En esta ocasión, el tema a tratar ha llevado el título Claves de educación afectivo-sexual para educadores. y lo ha impartido Andrea Catalina, madre de familia, que forma parte del equipo de educación afectivo–sexual de la archidiócesis y está realizando el Máster de Matrimonio y Familia.

 

A las 16:30h ha dado comienzo el encuentro con una dinámica de conocimiento y un momento de oración. Acto seguido, Andrea ha comenzado su exposición partiendo del mensaje de la Iglesia sobre este tema tan controvertido, citando el Instrumentum laboris del Sínodo Extraordinario de 2014 sobre la Familia: «Un buen número de Conferencias Episcopales observa que, si se transmite en profundidad la enseñanza de la iglesia con su genuina belleza, humana y cristiana esta es aceptada con entusiasmo por la mayor parte de los fieles. Cuando se logra mostrar una visión global del matrimonio y la familia según la fe cristiana, se percibe su verdad, bondad y belleza».

 

«No se trata —ha dicho— «de cambiar el mensaje de la Iglesia, sino de transmitirlo de una manera convincente». «La clave consiste en que hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios», ha explicado.

 

La ponente también ha reflexionado sobre cuál debe ser el papel de los catequistas, y ha indicado que pasa por «educar las acciones para que sean virtuosas, sabiendo que el origen está en el amor». «Tenemos que unir los afectos a la inteligencia y la voluntad para alcanzar las virtudes. En esta tarea de educar es importante el trabajo en red con la familia, la acogida, escucha y confianza con los niños y hacer a los niños caer en la cuenta de que son un don para los demás».

 

Luego ha tratado de algunas carencias afectivas que podemos encontrar en los niños y que tienen diversas manifestaciones: agresividad, baja autoestima, llamar mucho la atención, aislamiento. También cómo acompañar a los hijos de familias monoparentales, y el tema de la pornografía infantil. Finalmente se ha producido un diálogo en la asamblea muy enriquecedor.

 

El momento del café y las pastas que ha servido también para compartir entre catequistas de las diversas parroquias sus inquietudes, logros y esperanzas. Después de la pausa, los participantes se han reunido por grupos de edades para dialogar sobre preguntas concretas relacionadas con el tema.

 

Para terminar, Isaac Hernando, el delegado para la Catequesis, ha presentado un amplio material a los catequistas: libros, cursos, recursos web, … para seguir profundizando en el tema tratado. El encuentro ha concluido sobre las 20:00h con una oración en la iglesia.

Fallece el sacerdote diocesano José Antonio Abad Ibáñez

por Natxo de Gamón,

Fallece el sacerdote diocesano José Antonio Abad Ibáñez

 

Este domingo, 8 de marzo, ha fallecido el sacerdote diocesano José Antonio Abad Ibáñez a los 89 años de edad y tras 65 como presbítero. Era natural de Puebla de Valdavia (Palencia) y residente de la Casa Sacerdotal.

 

Tras concluir sus estudios en el Seminario de León y de Palencia, José Antonio Abad Ibáñez fue ordenado sacerdote en abril de 1960 en Comillas, momento en el que se incorporó al presbiterio de la diócesis de Palencia.

 

Su primer encargo pastoral fue en Aguilar de Campoó, y como ecónomo de Vañes, Estalalaya, Verdeña y como párroco de Cillamayor y de Dueñas, en la diócesis de Palencia. En 1969, se traslada a Burgos para ser profesor de Sagrada Liturgia en la Facultad de Teología del Norte de España, Sede de Burgos. Fue profesor en la Facultad hasta 2005, impartiendo también asignaturas como Eucaristía.

 

En 2004 solicitó incardinarse en la archidiócesis de Burgos y, en 2005, fue nombrado capellán segundo de las Siervas de Jesús. En 2006 es nombrado director del Secretariado para el Catecumenado de la archidiócesis y, un año después, en 2007, sería nombrado canónigo director de la Escuela Diocesana de Monaguillos de la catedral de Burgos. En 2016 pasaría a la situación de canónigo emérito, dejando la dirección de la Escuela y la capellanía de las Siervas de Jesús. En 2020 también cesó como director del Secretariado para el Catecumenado de la archidiócesis.

 

La misa de exequias por el eterno descanso del alma de José Antonio Abad Ibáñez se va a celebrar este, lunes, 9 de marzo, a las 16:00h en el altar mayor de la catedral de Santa María de Burgos, de la que fue canónigo durante 19 años. Después, sus restos mortales recibirán cristiana sepultura en el cementerio de San José de Burgos.

 

La comunidad diocesana, con el arzobispo, Mons. Mario Iceta Gavicagogeascoa, a la cabeza, lloran su pérdida y piden oraciones para que Dios lo colme con el don de la vida eterna. Descanse en paz.

«Sembradoras de esperanza en la tierra de Dios»

por Natxo de Gamón,

 

Escucha aquí el mensaje de Mons. Iceta

 

Queridos hermanos y hermanas:

 

Hoy, cuando el mundo celebra el día de la mujer, me gustaría que volviéramos nuestra mirada al mundo rural y expresemos nuestro agradecimiento a tantas mujeres que, a lo largo de la historia, han sembrado –y continúan haciéndolo– una gran esperanza en los núcleos pequeños que jalonan nuestros extensos campos.

 

María «es la que sabe transformar una cueva de animales en la casa de Jesús, con unos pobres pañales y una montaña de ternura» (Evangelii gaudium, n. 286). Aquella frase del papa Francisco aún resuena en los muros de una Iglesia habitada con nombre de mujer que, merced a su incansable labor en las tareas del campo, ha garantizado no solamente el futuro de muchos hogares sino, también, la vida de muchos pueblos.

 

La mujer rural —trabajadora, agricultora, médico, maestra, administrativa, esposa, madre, consagrada, voluntaria o profesional— encarna de modo singular esa espiritualidad de la encarnación que no huye de la fragilidad, sino que la habita. ¿Quién como ella para dar vida a tantas iniciativas culturales, hospitalarias, domésticas, educativas y religiosas? ¿Quiénes como ellas para mantener encendida la lámpara de la fe en nuestros pueblos, cuando el viento arrecia y parece que todo se extingue y se va vaciando?

 

Las mujeres nos indican el camino de un compromiso de la Iglesia con el mundo rural. Es necesaria una acción pastoral con entrañas de entereza, coraje, paciencia y esperanza para sembrar –a manos llenas y con generosidad, sin esperar tener una gran cosecha enseguida– el Reino de Dios. Y aunque, al final, será Dios quien haga germinar y florecer los frutos, a nosotros nos corresponde cuidar la tierra, confiar en la semilla y permanecer fieles junto al barro.

 

En este horizonte resuena con fuerza la llamada de Francisco cuando, en Evangelii gaudium, recuerda que «el tiempo es superior al espacio». Y en el mundo rural, más que ocupar espacios, estamos llamados a iniciar procesos, a cuidar vínculos, a acompañar historias concretas. También, en Laudato si’, el Papa nos invita a redescubrir la tierra como don, como casa común que nos habla de Dios y nos reclama conversión.

 

Nuestra Iglesia particular de Burgos ha querido escuchar esta realidad. Las Orientaciones para la pastoral rural (2024) inscriben que el mundo rural no es un territorio secundario, sino un lugar teológico, un espacio donde Dios sigue revelándose en la sencillez de la vida compartida, en el ritmo de las estaciones, en la memoria agradecida de los mayores y en el deseo inquieto de los jóvenes. Esta llamada nos impulsa a una pastoral concreta y diferenciada, que conozca la tierra donde se siembra el Evangelio y se deje interpelar por ella.

 

Lo rural y lo urbano ya no son compartimentos herméticos como sucedía en otro tiempo; ahora, la movilidad, la tecnología y la digitalización entrelazan núcleos urbanos, pueblos y sensibilidades diversas. Por eso necesitamos una mirada creyente que discierna, que escuche, que acompañe y que no idealice ni viva de tópicos o prejuicios.

 

El mundo rural nos enseña la paciencia de la semilla que crece despacio, la fidelidad al sigilo que brota tras la gracia, el misterio de lo pequeño, la sabiduría de lo esencial. Nos recuerda que el Evangelio crece como la levadura en la masa, y nos exige vivir la caridad y la justicia que brotan del corazón de Cristo: cuidar la comunión, practicar el perdón, colaborar sin rivalidades, defender la dignidad de cada persona, buscar colaboración y sinergias, proteger la casa común y promover un desarrollo integral, a la luz de la Doctrina Social de la Iglesia.

 

Hoy elevamos una memoria agradecida por tantas mujeres del mundo rural que han sido y son Iglesia viva, evangelio abierto, sacramento de la presencia del Señor en medio de nuestros pueblos. Que María, mujer del Magníficat y de la fidelidad, nos enseñe a sembrar sin miedo, a creer y a esperar de un modo siempre nuevo. Y que, cuando nuestras manos se cansen y nuestros campos parezcan estériles, recordemos que toda semilla sembrada con amor ya ha comenzado a florecer en el corazón de Dios.

 

Con gran afecto, pido a Dios que os bendiga.

 

Mario Iceta Gavicagogeascoa

Arzobispo de Burgos