El desenclavo de Cristo centra el recogimiento del Viernes Santo en Burgos

por Natxo de Gamón,

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Fotografías de Rodrigo Mena Ruiz para Archiburgos

 

El recogimiento y el silencio han vuelto a marcar en Burgos la celebración del desenclavo de Cristo, uno de los actos más significativos del Viernes Santo. Numerosos fieles han participado en este momento cargado de simbolismo, que invita a contemplar de manera directa la muerte de Jesús en la cruz.

 

La ceremonia, realizada en la plaza de Santa María, bajo la imponente fachada de la Catedral, ha recreado el descendimiento del Cuerpo de Cristo con la imagen del Santísimo Cristo de Burgos, en un ambiente de profunda sobriedad y respeto. Cada gesto, realizado con pausada solemnidad por los miembros de la Cofradía de las 7 Palabras, ha ayudado a los asistentes a adentrarse en el misterio de la Pasión, en una escena que conmueve por su fuerza expresiva.

 

Durante la celebración, el abad de la Cofradía de las 7 Palabras, Andrés Picón Picón, ha dirigido la meditación en torno a las Siete Palabras que Jesús pronunció en la Cruz, invitando a los presentes a profundizar en el significado de cada una de ellas. Este momento ha contribuido a acentuar el carácter reflexivo del acto, ayudando a vivir con mayor intensidad el misterio de la entrega de Cristo.

 

El desenclavo se ha desarrollado en un clima de silencio casi absoluto, roto únicamente por las oraciones y los cantos que han acompañado la celebración. La mirada de los presentes se ha centrado en el cuerpo de Cristo, descendido de la cruz, en una imagen que invita a la contemplación y a la reflexión.

 

Este acto, profundamente arraigado ya en la tradición de la Semana Santa burgalesa, constituye uno de los momentos más intensos de la jornada del Viernes Santo. A través de él, los fieles son invitados a vivir de manera cercana el misterio de la muerte de Cristo y a prepararse para la esperanza que llegará con la Pascua.

 

La celebración ha concluido en un ambiente de respeto y silencio, prolongando el sentido de este día en el que la Iglesia contempla la entrega total de Cristo por la humanidad.

La procesión del Encuentro emociona en la noche del Jueves Santo

por Natxo de Gamón,

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Fotografías de Rodrigo Mena Ruiz para Archiburgos

 

Como es tradición en la tarde del Jueves Santo en Burgos desde hace ya 79 años, la Ilustre Archicofradía del Santísimo Sacramento y de Jesús con la Cruz a Cuestas y la Real Hermandad de la Sangre del Cristo de Burgos y Nuestra Señora de los Dolores se han encontrado en una de las procesiones más pintorescas de la Semana Santa burgalesa, y también una de las que más devotos congrega en las calles de la ciudad.

 

Lo han hecho portando, respectivamente, el paso de Jesús con la Cruz a Cuestas y el de Nuestra Señora de los Dolores, materializando en la plaza del Rey San Fernando el Encuentro entre la Virgen y su Hijo camino del Calvario bajo la atenta mirada de miles de personas congregadas en los alrededores de la Catedral.

 

Las escenas de emoción incontenible se han repetido a lo largo y ancho de la enorme plaza, demostrando que esta procesión del Encuentro es una de las más queridas y disfrutadas por los burgaleses y por los miles de turistas que visitan la ciudad en estos días de la Semana Santa.

 

Hakuna Group Music ha musicalizado una de las escenas más espectaculares de la Semana Santa burgalesa, cuando las imágenes se han cruzado y los representantes de la Archicofradía y de la Real Hermandad han intercambiado unas flores de los pasos y se han fundido en un abrazo. También se ha leído una breve meditación desde la terraza de la Catedral antes de que el abad de la Semana Santa, Agustín Burgos Asurmendi, diera por concluido el Encuentro.

 

Entonces, Ntra. Sra. de los Dolores ha retornado a su casa, en la parroquia de San Gil abad, pero Jesús con la Cruz a Cuestas ha entrado en la Catedral, donde ha realizado estación de penitencia ante Jesús Sacramentado, en el Monumento Eucarístico situado en la capilla de Santa Tecla de la Seo, y han procesionado por las naves, dando la vuelta al templo por la girola, antes de volver a la iglesia parroquial de San Cosme y San Damián, en la otra orilla del Arlanzón.

La Cena del Señor abre el Triduo Pascual en Burgos

por Natxo de Gamón,

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Con la celebración de la Cena del Señor, la Iglesia en Burgos ha iniciado el Triduo Pascual, adentrándose en los días centrales de la fe cristiana. La liturgia del Jueves Santo, celebrada en el altar mayor de la catedral de Santa María, invita a contemplar el amor de Cristo hecho servicio y entrega, convirtiendo esta jornada en el Día del Amor Fraterno.

 

Durante la celebración, el gesto del lavatorio de los pies ha vuelto a poner de relieve el mandamiento del amor y del servicio, recordando la actitud de Jesús con sus discípulos en la Última Cena. Este signo, profundamente expresivo, invita a los cristianos a vivir desde la entrega y la cercanía a los demás., convirtiendo

 

La liturgia también recuerda la institución de la Eucaristía, conduciendo a los fieles a contemplar el misterio del amor de Dios, que se hace presente en el pan y el vino hechos Cuerpo y Sangre de Cristo. En este contexto, se ha subrayado también la importancia de la adoración eucarística, prolongada tras la celebración en el monumento, instalado en la capilla de Santa Tecla de la Seo, donde muchos fieles han permanecido en oración tras la celebración eucarística.

 

Como es tradición, muchos burgaleses y visitantes que han llegado en estos días a la ciudad están recorriendo los diversos templos de la ciudad para realizar la visita a siete monumentos distintos durante la noche del Jueves Santo y la mañana del Viernes Santo. Se trata de una devoción muy extendida que acrecienta la unión de los fieles con Cristo, permitiéndoles acompañarlo en los momentos que recorrió al iniciar su Pasión.

 

Con esta celebración, la Iglesia en Burgos se adentra en los momentos más intensos de la Semana Santa, que continuarán con la conmemoración de la Pasión del Señor en la liturgia del Viernes Santo y culminarán con la alegría de la Resurrección en la Vigilia Pascual.

La Semana Santa en el norte de la provincia: «Siempre me gustaría llegar a más»

por Natxo de Gamón,

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Luis Renedo, celebrando este pasado Domingo de Ramos en la parroquia de San Lorenzo, en Cigüenza, y en la parroquia de la Asunción de Nuestra Señora, en Ahedo de Linares.

 

La Semana Santa vuelve a convertirse en el eje de la vida de los pueblos del norte de la provincia, donde la dispersión geográfica y el envejecimiento de la población obligan a redoblar esfuerzos para sostener la vida litúrgica. Así lo cuenta el sacerdote diocesano Luis Renedo Juárez, de 34 años y vicario parroquial en Villarcayo, que atiende hasta 27 parroquias en un amplio territorio que abarca desde la carretera de Bilbao hasta las merindades de Valdeporres y Sotoscueva, en el norte de la provincia y de la archidiócesis.

 

«La Semana Santa no solo es el momento central de nuestra fe, sino el pistoletazo de salida de la vida de estos pueblos», ha señalado, en referencia al retorno de muchos vecinos que emigraron al País Vasco —sobre todo, a Bilbao— y que ahora, en Semana Santa regresan temporalmente a sus lugares de origen, hasta principios de noviembre. En este contexto, la organización de las celebraciones exige una planificación minuciosa para «intentar llegar a lo máximo posible a los fieles y que puedan disfrutar de alguna celebración, por lo menos en su parroquia o en un lugar próximo».

 

Hoy, Jueves Santo, las celebraciones se distribuyen por distintos templos, con el lavatorio de los pies en una de las parroquias y una sucesión de oficios que culminan en Torme, donde después se celebra una Hora Santa. El Viernes Santo combina momentos dirigidos a los más jóvenes —como la oración con niños de catequesis en Villarcayo— con viacrucis en distintos pueblos, muchos de ellos guiados por laicos, y concluye con la procesión del Santo Entierro.

 

La Vigilia Pascual, núcleo de la celebración cristiana, se concentra cada año en una parroquia distinta —este año en Mozares—, cuidando que nadie quede excluido por dificultades de movilidad. Desde el Consejo Pastoral se encargan de recordar a los fieles que «hay varias personas en las parroquias que tienen taxi para acercar a la gente», ha explicado, en alusión a una población mayor que encuentra dificultades para desplazarse de noche.

 

El Domingo de Pascua recupera el ritmo habitual de las celebraciones dominicales, con tres misas repartidas por el extremo oeste, la zona central de Merindad de Castilla la Vieja y Valdeporres, donde es tradición la procesión del Encuentro en Puentedey, preparada por los propios vecinos.

 

A pesar de las limitaciones, la implicación de los fieles y la colaboración de los laicos permiten sostener una Semana Santa viva. «La comprensión de la gente al ver un horario lleno de celebraciones es grande, pero siempre me gustaría llegar a más», ha reconocido el sacerdote. En un entorno marcado por la despoblación, la fe se mantiene gracias a una red de pequeñas comunidades que, con sencillez, siguen celebrando el corazón del calendario litúrgico.

La misa crismal reúne al presbiterio diocesano en torno a la bendición de los óleos

por Natxo de Gamón,

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El altar mayor de la catedral de Santa María de Burgos ha acogido en la mañana del Miércoles Santo la celebración de la misa crismal, una de las celebraciones más significativas del calendario litúrgico en la archidiócesis. En ella, numerosos sacerdotes del presbiterio diocesano, así como algunos de los religiosos con presencia en la archidiócesis, han renovado sus promesas sacerdotales, en un gesto que expresa la unidad y comunión con la Iglesia diocesana.

 

La celebración ha estado animada por un coro formado por seminaristas del Seminario diocesano, que con sus voces han acompañado la liturgia en la mañana del Miércoles Santo. Durante el ofertorio, un grupo de laicos ha ofrecido las vasijas que contenían el óleo —aceite de oliva— y el crisma —una mezcla de óleo con aromas o materia olorosa—, que han quedado depositadas sobre el presbiterio, delante del altar mayor.

 

Antes de concluir la celebración, el arzobispo emérito, Mons. Fidel Herráez Vegas, ha bendecido el óleo de los catecúmenos y el óleo de los enfermos, así como ha consagrado el santo crisma, que serán utilizados a lo largo del año en los distintos sacramentos: bautismo, confirmación, ordenación sacerdotal y unción de los enfermos. Este momento, cargado de simbolismo, pone de manifiesto la acción del Espíritu Santo en la vida de la Iglesia.

 

La misa crismal constituye, además, una ocasión especial para subrayar el vínculo entre los sacerdotes y la comunidad a la que sirven, así como para recordar la importancia del ministerio sacerdotal en la vida eclesial.

 

En el contexto de la Semana Santa, esta celebración invita a los fieles a profundizar en el misterio de Cristo, especialmente en su entrega y en el servicio a los demás. De este modo, la Iglesia en Burgos continúa avanzando en estos días centrales del año litúrgico, preparándose para la celebración del Triduo Pascual.