«Nicaragua necesita esperanza y reconciliación»

por Natxo de Gamón,

 

La misión tiene muchas veces el rostro de quienes dejan atrás su tierra para compartir la vida de otros pueblos. Es el caso del burgalés Rafael Aragón Marina OP, natural de Caleruega, que durante más de cuarenta años desarrolló su labor pastoral en Nicaragua hasta verse obligado a abandonar el país a causa de la persecución y las presiones del régimen de Daniel Ortega.

 

Su historia es una de las cientos que forman parte de la gran realidad misionera de la Iglesia burgalesa. Actualmente, 418 misioneros y misioneras burgaleses continúan anunciando el Evangelio en los cinco continentes, una presencia que sigue convirtiendo a Burgos en una de las diócesis españolas con mayor tradición misionera.

 

Durante décadas, Rafael Aragón trabajó en la formación de comunidades cristianas, acompañó a familias campesinas, impulsó la formación de catequistas y desarrolló una importante labor evangelizadora a través de distintos programas de radio. Sin embargo, las protestas sociales iniciadas en Nicaragua en 2018 cambiaron radicalmente su situación.

 

Tras denunciar públicamente la represión ejercida contra los manifestantes, comenzó a sufrir un creciente hostigamiento que terminó obligándole a abandonar el país. Lo hizo dejando atrás gran parte de su vida, pero no el compromiso con el pueblo nicaragüense.

 

Junto a los exiliados

Hoy, el dominico reside en Costa Rica, donde continúa acompañando a quienes han tenido que abandonar Nicaragua. Allí ha impulsado una Comisión de Derechos Humanos dedicada especialmente a la acogida de migrantes.

 

«Trabajamos acogiendo a los migrantes de Nicaragua, dándoles la oportunidad de legalizarse en Costa Rica, de que tengan los papeles en orden y que puedan conseguir trabajo», explica.

 

Su tarea diaria consiste en escuchar, orientar y acompañar a personas que llegan cargadas de incertidumbre, después de haber dejado atrás familiares, viviendas y proyectos de vida.

 

La situación de la Iglesia

Aunque se encuentra fuera del país, sigue muy pendiente de la realidad nicaragüense y, especialmente, de la situación que atraviesa la Iglesia católica.

 

«Lo más grave es que el régimen quiere terminar con el liderazgo de la Iglesia Católica», asegura. Según denuncia, la actividad pastoral está sometida a fuertes controles y limitaciones. «A los sacerdotes les dicen lo que tienen que predicar, lo que tienen que durar las homilías, hay prohibición absoluta de las procesiones».

 

Como religioso dominico, considera que dispone de una mayor libertad para denunciar públicamente estas situaciones y dar voz a quienes dentro del país tienen más dificultades para hacerlo. «Tener una palabra de denuncia y de acompañamiento es lo que están exigiendo», señala.

 

Llevar la voz de Nicaragua a la Iglesia universal

Consciente del sufrimiento de tantos fieles, recientemente viajó a Roma para trasladar información sobre la situación de la Iglesia en Nicaragua y reclamar una mayor solidaridad internacional.

 

«Me piden solidaridad, oración para que la realidad cambie pronto en Nicaragua, acompañamiento y que trabaje para conseguir una fuerte solidaridad de la Iglesia Católica», explica. A su juicio, además de la ayuda material, los nicaragüenses necesitan no sentirse solos en medio de la prueba.

 

Una esperanza que no se apaga

A pesar de los años de exilio y de la dureza de la situación, Rafael Aragón no ha perdido la esperanza. «Estamos viviendo el Apocalipsis. ¿Cuál es el tema fundamental del Apocalipsis? La confianza en que Dios domina la historia y al final va a hacer justicia».

 

Por eso, cuando se le pregunta qué haría si mañana pudiera regresar a Nicaragua, la respuesta surge sin vacilar: celebrar la Eucaristía, animar a la gente a recuperar la esperanza y trabajar por la reconciliación. «Hay un tema muy importante que Nicaragua necesita: la reconciliación».

 

Rostros de la misión burgalesa

El testimonio de Rafael Aragón recuerda que la misión no es una realidad lejana, sino una presencia viva de la Iglesia de Burgos en todo el mundo. Una presencia que la archidiócesis reconocerá y agradecerá el próximo sábado 4 de julio, durante la celebración del Día del Misionero Burgalés, que este año tendrá lugar en Espinosa de los Monteros, organizado por la Delegación para las Misiones bajo el lema Tejiendo redes de paz.

 

La jornada servirá para recordar a los cientos de misioneros burgaleses que continúan anunciando el Evangelio lejos de su tierra. Entre ellos está Rafael Aragón, que, aunque fue expulsado de Nicaragua, sigue sintiendo como propia la suerte de aquel pueblo y mantiene intacta la esperanza de volver algún día para contribuir a sanar sus heridas.

Los feriantes de Burgos viven unas fiestas marcadas por la incertidumbre

por Natxo de Gamón,

Las barracas de Burgos. | Lumiago/Flickr.

 

Los feriantes de Burgos han afrontado las fiestas de San Pedro y San Pablo con incertidumbre y condiciones excepcionales, en un año en el que la organización de la feria ha estado marcada por la improvisación y las dificultades. A pesar de ello, la presencia de la Iglesia se ha mantenido como apoyo cercano a quienes viven y trabajan en este singular entorno itinerante.

 

Según ha explicado Rosa Alonso, feriante y representante de la Asociación de Feriantes de Burgos, la situación previa al arranque de las fiestas ha generado «mucho estrés», debido a los cambios continuos en la ubicación de las barracas y la falta de previsión. «No son las mejores condiciones», ha reconocido, aunque ha subrayado que el colectivo está «preparado para darlo todo con total seguridad».

 

La incertidumbre no es habitual en el trabajo de los feriantes de Burgos, que han señalado que la organización de una feria requiere planificación con meses de antelación. «No es lo habitual», ha indicado Alonso, quien ha destacado que este año se han visto obligados a tomar decisiones clave, como la contratación de personal o la instalación de atracciones, en un contexto de duda constante.

 

En este sentido, desde la Asociación han reclamado mayor diálogo con el Ayuntamiento de cara a futuras ediciones. «Queremos sentarnos con los responsables y explicar, desde nuestra experiencia, cómo se pueden hacer mejor las cosas», ha señalado Alonso, insistiendo en la necesidad de colaboración entre técnicos municipales y profesionales del sector.

 

Un modo de vida exigente y vocacional

Más allá de las dificultades puntuales, los feriantes de Burgos han puesto de relieve la exigencia de su modo de vida, que combina largas jornadas de trabajo con continuos desplazamientos. «Es difícil, pero bonito a la vez», ha explicado Alonso, quien ha descrito un día a día que incluye no solo la atención al público, sino también revisiones técnicas, gestiones administrativas y coordinación con otros gremios.

 

La feriante ha destacado, además, el valor humano de su labor: «Ver a abuelos, padres y niños disfrutar es maravilloso», ha afirmado, poniendo el acento en la dimensión social y festiva que aportan a la ciudad durante estas fechas.

 

La Iglesia, presencia cercana en la feria

En este contexto, la Pastoral de Ferias y Circos de la archidiócesis de Burgos ha continuado su labor de acompañamiento a los feriantes de Burgos, aunque con limitaciones respecto a años anteriores. Su responsable, Jesús Segura, ha explicado que la falta de previsión ha reducido la presencia de familias y niños, lo que ha condicionado las actividades habituales.

 

«Muchos feriantes no han podido venir» y «hay muy poquitos niños», ha señalado, lo que ha impedido desarrollar plenamente iniciativas como las actividades educativas y de ocio que tradicionalmente se organizaban para los más pequeños.

 

A pesar de ello, la acción pastoral se ha adaptado a las circunstancias. Segura ha explicado que su labor tiene dos vertientes principales: la atención a los niños —ofreciendo espacios de descanso y convivencia fuera del ruido de la feria— y el acompañamiento personal y religioso a los trabajadores. «Soy el nexo de unión entre la archidiócesis y los feriantes», ha afirmado.

 

Esta cercanía ha sido valorada positivamente por los propios profesionales. Rosa Alonso ha asegurado que «Jesús es uno más de nosotros», destacando la continuidad de una relación que se ha mantenido durante décadas y que aporta apoyo tanto a los niños como a las familias.

 

Una invitación a participar en la fiesta

Pese a las dificultades, los feriantes de Burgos han querido lanzar un mensaje de ánimo a la ciudadanía para que participe en las fiestas. Jesús Segura ha recordado, citando al Concilio Vaticano II, que los feriantes son «artesanos de la alegría», en referencia al papel que desempeñan en la vida festiva de la ciudad.

 

En su invitación, ha animado a los burgaleses a acudir a la feria, disfrutar en familia y valorar el esfuerzo realizado en un año especialmente complejo. «Que vayan, que disfruten», ha expresado, subrayando que la feria sigue siendo «parte de las fiestas» y un espacio de encuentro abierto a todos.