La Casa de Cultura de Miranda de Ebro acogió, en la víspera del 1 de mayo, un coloquio titulado Trabajo decente, un empeño común de musulmanes y cristianos. Un encuentro que congregó a creyentes de la religión islámica y de la católica para compartir la visión que tiene cada uno de estos credos sobre el mundo del trabajo.
Mohamed Chograni, secretario del Centro Islámico Attaqwa de Burgos, presentó la dignidad del trabajo desde el Corán y la tradición islámica. Por su parte, Amaya Muñoz, delegada diocesana para la Pastoral del Trabajo, hizo lo propio desde la Biblia y la tradición cristiana. Con distintos matices y profundas convicciones, ambas religiones consideran el trabajo una colaboración con el Dios Creador, un deber de toda persona y también señalan la importancia del necesario compromiso de la sociedad y del Estado para que a todas las personas les alcance un trabajo digno con el que desarrollarse y contribuir al bien común.
A la exposición de ambos ponentes le siguió un animado coloquio con el numeroso público participante.
Este jueves, 2 de mayo, el Aula Magna de la Facultad de Teología del Norte de España, sede de Burgos, ha acogido la presentación del nuevo Catecismo para el catecumenado de adultos y la reiniciación cristiana, que acaba de publicar la Conferencia Episcopal Española (CEE). El acto ha estado presidido por el arzobispo de Burgos, Mons. Mario Iceta Gavicagogeascoa, que ha acompañado al director del Secretariado para el Catecumenado de la archidiócesis, José María Martínez Cuesta, y al ponente, Francisco Romero Galván, director del Secretariado de la Comisión Episcopal para la Evangelización, Catequesis y Catecumenado de la CEE.
En su intervención, Mons. Iceta ha agradecido la presencia de Romero Galván en la archidiócesis y ha hablado de la importancia de este volumen que acaba de publicar la CEE para formar a los adultos que quieren recibir los sacramentos de iniciación cristiana. En ese sentido, ha señalado que la estructura de este catecismo es «la clásica», recogiendo «cómo tenemos que creer, cómo tenemos que comportarnos, cómo tenemos que orar y cómo tenemos que celebrar», y ha destacado la forma en la que combina entre sus páginas «experiencias, textos del magisterio y textos modernos», todo ello maquetado en un estilo con gran presencia de imágenes.
Tras la intervención del arzobispo, José María Martínez Cuesta ha presentado al ponente, que ha explicado en detalle los objetivos, la estructura y la finalidad de este catecismo. Francisco Romero Galván ha apuntado la importancia de «redescubrir el mandato misionero de Jesús», así como «tomar conciencia de que la Iglesia existe para evangelizar». En ese sentido, el ponente ha explicado que vivimos unos tiempos nuevos, con «una cultura y una sociedad secularizada, en la que ha desaparecido el régimen de la cristiandad y se ha roto la cadena de la transmisión de la fe, en unas comunidades envejecidas y, muchas veces, cansadas».
Por eso, es importante este impulso nuevo que se quiere dar a la evangelización, con una llamada a evangelizar «un gran sector poblacional, de entre 20 y 60 años, que está alejado de la fe, acompañándolos en procesos de fe por medio del catecumenado bautismal o de la revitalización cristiana». De esta forma, ha señalado Romero Galván, «iremos construyendo comunidades vivas de discípulos misioneros».
También ha señalado la importancia de tomarse en serio el proceso catequético con las personas adultas, respetando los tiempos, porque «aprender a ser cristiano necesita su tiempo. Cada paso necesita maduración. Y la experiencia es que la gente agradece el recorrido. Buscan la autenticidad, y ese recorrido les ayuda a ser cristianos».
El ponente ha concluido su intervención reflexionando sobre la necesidad de implementar medios para que «los adultos de nuestros días haga este proceso de iniciación cristiana», y se ha preguntado por qué esta iniciación destinada a los adultos no está organizada como sí lo está la destinada a los niños.
El acto ha concluido con la bendición del arzobispo, que antes de pronunciarla ha tomado la palabra para recordar las grandes posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías para combatir la dispersión geográfica y poder formar grupos de catecúmenos a pesar de la distancia.
El arzobispo de Burgos, Mons. Mario Iceta Gavicagogeascoa, ha mantenido este miércoles, 1 de mayo un encuentro con los sacerdotes de más reciente ordenación -en los últimos 10 años- del presbiterio burgalés, acompañado del vicario para el Clero de la archidiócesis, Miguel Ángel Díez Villalmanzo. La localidad vizcaína de Guernica y Luno, de la que el prelado es natural, ha sido el escenario para esta jornada, la última de las tres que tradicionalmente se celebran cada curso, algo que le ha imprimido un toque emotivo y muy personal a la visita.
El encuentro ha comenzado por la mañana, con la llegada a la iglesia de Santa María de Guernica, un precioso templo gótico y renacentista del siglo XV en el que Mons. Iceta fue bautizado al poco tiempo de nacer. Allí, el grupo ha concelebrado misa junto al arzobispo, que en la homilía ha repasado las palabras que el papa Francisco dirigió a los seminaristas de la archidiócesis el pasado sábado.
Tras la celebración eucarística, el grupo de sacerdotes ha recibido la visita del obispo de Bilbao, Mons. Joseba Segura Etxezarraga, que se ha acercado hasta Guernica para compartir un diálogo fraterno con los sacerdotes del presbiterio burgalés. A este encuentro tras la misa también ha acudido un grupo de sacerdotes que fueron ordenados por Mons. Iceta cuando era obispo de Bilbao. Entre ellos, el propio párroco de Guernica.
Después, los sacerdotes de más reciente ordenación de la archidiócesis han visitado la Casa de Juntas de Guernica, sede de las Juntas Generales de Vizcaya. Allí han podido contemplar el Salón de Plenos, en el que se reúnen los apoderados y, en el exterior, el símbolo de la soberanía foral de los territorios de Vizcaya: el Árbol de Guernica. Bajo él, los señores de Vizcaya juraban fidelidad a las leyes forales de este territorio.
Los sacerdotes de más reciente ordenación del presbiterio burgalés también han celebrado junto al arzobispo una comida de fraternidad y, tras ésta, una tertulia alrededor de un café con vistas a la playa de Laida, por la que también han tenido ocasión de dar un paseo. Desde allí, Mons. Iceta les ha mostrado la isla de Ízaro, frente a las costas de Bermeo y Mundaca, y les ha explicado que en ese lugar aislado se estableció en el siglo XV una comunidad de frailes franciscanos, convirtiendo la isla en un lugar de retiro.
Con ese rato de compartir experiencias y opiniones ha concluido este encuentro de sacerdotes jóvenes, momento en el que cada uno ha partido a su lugar de origen.
Durante los días 26 al 28 de abril, el movimiento de Cursillos de Cristiandad, que cumple precisamente este año 75 años de existencia, ha celebrado el cursillo n.º 242 en el monasterio benedictino de Palacios de Benaver. Siguiendo el modelo evangelizador de primer anuncio y la dinámica propia del movimiento, han sido 21 las personas (entre el equipo y los cursillistas) que han participado en este encuentro.
La clausura ha tenido lugar en la parroquia de Santa Águeda de Burgos con una solemne eucaristía de acogida por parte de la comunidad cursillista, presidida por el consiliario del movimiento, Juan M.ª González Oña. Es en esta parroquia donde los cursilllistas se reúnen todos los jueves para la celebrar la Eucaristía a las 19:00h, así como las famosas «ultreyas» en las que comparten la fe, testimonios de vida, momentos de oración, formación, retiros y donde todos son bienvenidos.
Un momento importante en el transcurso del Cursillo es la entrega del libro de los evangelios, y el más emotivo de todos ellos la entrega del crucifijo, en la eucaristía final, acompañado de las palabras que el sacerdote dirige personalmente a cada uno: «Cristo cuenta contigo» y la respuesta de éste: «Y yo con Él». En la celebración han renovados las promesas bautismales, proclamado el símbolo de la fe y han podido compartir con la comunidad de cursillistas, familiares y amigos su experiencia de estos días.
Lo ha hecho con un evento educativo en el que han participado Lurdes Figueiral, miembro del Consejo Nacional de Educación de Portugal 2017-2021, y Antonio Roura, director de Religión y Escuela
Este 2024 se conmemora el primer siglo de la aprobación pontificia de la Institución Teresiana (IT). Fue el 11 de enero de 1924 cuando el papa Pío XI aprobó esta asociación internacional de laicos mediante un Breve pontificio. Con este documento, la IT recibió un aval de la Iglesia universal que, a la vez, dió «luz verde» a una nueva vocación seglar. Décadas después, el Concilio Vaticano II reconocería este camino abierto a los laicos y subrayaría el papel evangelizador de los fieles como Iglesia en medio del mundo.
Con motivo de este aniversario, la Institución Teresiana ha organizado en Burgos un acto educativo titulado Educar-acompañar-transformar hoy. Un acto «muy propio de nuestro ser, estar en el mundo desde la educación», explican, y que ha consistido en un diálogo en el que han participado Lurdes Figueiral, miembro del Consejo Nacional de Educación de Portugal entre 2017 y 2021, y Antonio Roura, director de la revista Religión y Escuela, que ha tenido lugar este lunes, 29 de abril en el auditorio ElCírculo de Burgos, con la asistencia de cerca de 400 personas.
En el diálogo se ha puesto de manifiesto cómo san Pedro Poveda, el fundador de la Institución Teresiana, supo dar hace 100 años una respuesta a los desafíos de ese tiempo en el mundo de la educación, y de cómo la Iglesia, en estos momentos, también pide a los actores de la educación que vean a qué desafíos se enfrenta la educación para ponerlo en diálogo con el Evangelio.
En ese sentido, Antonio Roura ha puesto en valor el trabajo realizado por los diferentes agentes que participaron en el congreso La Iglesia en la educación que organizó la Conferencia Episcopal Española y que cristalizó el pasado mes de febrero con un gran encuentro en Madrid. El director de Religión y Escuela ha señalado la importancia de la originalidad en la propuesta educativa, así como de el valor de «ser conscientes de la responsabilidad social que tiene aportar la visión del cristianismo en estas sociedades complejas».
Por su parte, Lurdes Figueiral, miembro de la Institución Teresiana, ha hecho una pequeña retrospectiva del papel de la asociación internacional de laicos en el mundo de la educación y abordó la importancia de acoger lo vivido durante estos 100 años. También habló del Libro Blanco de Jacques Delors, de la LOMLOE y de las últimas manifestaciones de la UNESCO sobre la educación. Se ha centrado en los rasgos más propios de la educación en la institución, y ha insistido en el compromiso que se renueva, en educar en la búsqueda con todos y en el carisma fundacional.
En el diálogo también surgieron otros temas de interés, entre los que se habló de cómo responder a los desafíos de este momento, cuál debe ser la identidad de la educación católica o la importante presencia que los profesores cristianos deben mostrar en cualquier ámbito educativo, ya sea en la educación pública, concertada o privada.