Los sacerdotes aprenden a escuchar «afectiva y efectivamente»

por redaccion,

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Una de las dimensiones propias del ministerio pastoral de los sacerdotes es la del acompañamiento y la escucha. Muchas personas necesitan contar y relatar a un sacerdote no sólo sus pecados en la confesión, sino también sus preocupaciones, problemas y esperanzas en otros ámbitos, como el acompañamiento y la dirección espiritual. Los tiempos, las tareas y otras ocupaciones hacen que los presbíteros, a veces, encuentren dificultades a la hora de desarrollar esta tarea esencial de su ministerio.

 

Conscientes de esta realidad, Fernando del Castillo y Nieves Tomillo, de la fundación Solidaridad Humana, impartieron ayer la tercera sesión de formación que durante este año están desarrollando con la vicaría del Clero. A través de fundamentos teóricos y varios ejercicios prácticos, trasladaron a los sacerdotes algunas claves para escuchar «afectiva y efectivamente». La empatía, la receptividad, la actitud activa y consciente se convierten así en elementos clave para desarrollar una buena escucha, evitando siempre el contagio emocional o la lectura de los problemas de los demás desde sus propias vivencias: «No tengo derecho a interpretar lo que le ocurre al otro», explicaron, «tengo el deber de escuchar y preguntar». Para ello, son clave también cuidar los espacios, las miradas y las actitudes que se generan en los encuentros que mantienen con las personas que tienen encomendadas.

 

También detallaron cómo el diálogo sereno y la escucha activa son herramientas fundamentales para evitar las críticas, los juicios de valor y la falta de comunión en el presbiterio.

 

Con la sesión desarrollada ayer en el Seminario de San José concluía un ciclo formativo que los sacerdotes han trabajado durante todo el curso, basado en la afectividad humana y en la que también han tocado otros temas, como la autoestima, la corporeidad y la sexualidad, el autoconocimiento o el propio cuidado del pastor.

Cristo vive: Burgos celebra la Pascua de Resurrección

por Natxo de Gamón,

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Fotografías de Rodrigo Mena Ruiz para Archiburgos

 

La alegría de la Resurrección ha llenado las celebraciones del Domingo de Pascua en Burgos, culminación de la Semana Santa y centro de la fe cristiana. La Iglesia ha proclamado que Cristo vive, un anuncio que transforma la tristeza en esperanza y abre un horizonte nuevo para los creyentes.

 

Tras la intensidad vivida en los días anteriores, la celebración de este domingo ha estado marcada por un ambiente de gozo y solemnidad. La celebración eucarística en la Catedral ha reunido a numerosos fieles, que han participado en una liturgia en la que el anuncio de la Resurrección ha sido el eje central.

 

La mañana empezaba pronto en la parroquia de la Sagrada Familia, sede de la Cofradía de Cristo Resucitado, que ha procesionado con el paso hasta la Catedral. Allí, los miembros de la Cofradía han participado en la celebración eucarística del Domingo de Resurrección.

 

Las lecturas y oraciones han invitado a profundizar en el sentido de la Pascua, recordando que la victoria de Cristo sobre la muerte no es solo un acontecimiento del pasado, sino una realidad viva que transforma la vida de los cristianos. La luz, tan presente en la Vigilia Pascual, se prolonga en este día como signo de la vida nueva.

 

Tras la celebración eucarística, el paso de Cristo Resucitado ha salido a la plaza de Santa María -bajo una lluvia de pétalos y con el repique de las campanas de la Catedral de banda sonora- para encontrarse con la Virgen de la Alegría, de la parroquia de San Nicolás de Bari. Allí, el grupo de danzas María Ángeles Saiz ha ofrecido sus jotas a las imágenes, junto de la Banda Infantil de Tambores de la Hermandad de la Sangre de Cristo

 

El acto central de la procesión del Anuncio Pascual ha tenido lugar en la plaza del Rey San Fernando, donde se han leído dos poemas y ha habido un intercambio de ofrendas entre las dos cofradías. Después, la procesión ha continuado hasta la plaza de Alonso Martínez, donde se han despedido y cada paso ha retornado a su templo de origen.

 

El Domingo de Pascua abre además un tiempo litúrgico de cincuenta días en el que la Iglesia celebra la Resurrección como un único gran día de fiesta. Es un tiempo marcado por la alegría, en el que los fieles son llamados a vivir desde la esperanza y a dar testimonio de la fe en la vida cotidiana.

 

Parroquias y templos de toda la archidiócesis han acogido celebraciones a lo largo de la jornada, reflejando la participación de la comunidad cristiana en este día central del año litúrgico. Con la Pascua, la Iglesia culmina el camino iniciado en la Cuaresma y celebra el triunfo definitivo de la vida sobre la muerte.

La Soledad llora la muerte de su hijo por las calles de Burgos

por Natxo de Gamón,

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Fotografías de Rodrigo Mena Ruiz para Archiburgos

 

Como cada año, el Sábado Santo es el día en el que la Soledad recorre las calles de Burgos, saliendo desde la iglesia de Santa Águeda, haciendo una parada en el Convento de las Madres Salesas para recibir el cántico Stabat Mater y continuando hacia el Arco de Santa María.

 

En este último lugar tradicionalmente se realizaba el indulto a un preso, sin embargo el ministerio ha vuelto a denegar la petición solicitada por la cofradía, por lo que nuevamente no tendrá lugar el perdón para el reo. Esta costumbre fue creada en Burgos en 1447 por Juan II de Castilla, padre de Isabel I la Católica, y lo denominó «El perdón del Viernes Santo de la Cruz»

 

A pesar de este contratiempo los asistentes han podido contemplar una vez más a su señora. La actual talla, creada por Ildefonso Serra, data de principios del siglo XX y salió en procesión por la ciudad por primera vez en 1905, con una estética que supuso una renovación respecto a los modelos anteriores. «Crea una imagen totalmente distinta. Los autores, la Casa Serra, hacen esta Virgen maravillosa, con la mirada al Cielo, sujetando la Corona de Espinas fuertemente sobre el pecho, con esa fuerza en la mirada, la boca entreabierta… rompió un poco con los modelos que había hasta esa época», explica Alfonso Díez Ausín, mayordomo de la Cofradía.

 

Esta procesión ha sido la segunda que ha acogido el Sábado Santo, siendo la primera un Rosario Penitencial junto a la imagen de Nuestra Señora de la Misericordia y de la Esperanza que ha recorrido las calles Nuestra Señora de Fátima, Santa Bárbara y Severo Ochoa, entre otras, terminando su itinerario de vuelta en la parroquia.

Burgos enmudece ante el paso del Cristo Yacente

por Natxo de Gamón,

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Fotografías de Rodrigo Mena Ruiz para Archiburgos

 

Un año más, la sobriedad y reciedumbre propias de la Semana Santa castellana, de la que Burgos es cumplido ejemplo, han sido las dos claves del desfile procesional del Santo Entierro, el más multitudinario de la ciudad. No en vano, congrega a 17 pasos y a las cruces-farolas de las Siete Palabras. El silencio reinante ha impresionado a los miles de burgaleses que con fervor se han acercado para ver la comitiva, pero también a los miles de turistas que estos días pasean por la ciudad.

 

La noche ha comenzado hacia las 19:30h, con el traslado del Cristo Yacente portado a hombros por miembros de la Hermandad del Santo Sepulcro, desde la capilla del Corpus Christi de la Catedral, situada en el claustro alto del templo, hasta el trascoro de la Catedral.

 

El Cristo ha sido introducido en la urna del Santo Sepulcro en la fachada de Santa María, momento en el que el resto de hermandades y cofradías se han unido para comenzar la procesión del Santo Entierro.

 

La salida de esta procesión general se ha producido pasadas las ocho de la tarde, con el sol ya en caída, desde la fachada de Santa María de la Catedral. Desde allí, a través de la calle de Santa Águeda y de la de Nuño Rasura, han alcanzado la plaza del Rey San Fernando, saliendo por el arco de Santa María y dirigiéndose, por la calle Valladolid, hacia la calle Calera, donde la estrechez de la vía y la tenue luz han dejado momentos de auténtica devoción.

 

Desde allí, han subido por la calle de San Pablo, cruzando de nuevo el Arlanzón por el puente homónimo, y tras franquear la plaza de Mío Cid, han proseguido por las calles de Santander, San Juan, Laín Calvo y La Paloma para retornar, a través de Nuño Rasura y Santa Águeda, a la plaza de Santa María, donde ha concluido el desfile procesional y desde donde cada cofradía se ha dirigido a su respectivo templo. Un recorrido nuevo, más largo que el del año pasado y que ha permitido contemplar bellas panorámicas, aprovechando también que el día y la temperatura han acompañado.

El desenclavo de Cristo centra el recogimiento del Viernes Santo en Burgos

por Natxo de Gamón,

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Fotografías de Rodrigo Mena Ruiz para Archiburgos

 

El recogimiento y el silencio han vuelto a marcar en Burgos la celebración del desenclavo de Cristo, uno de los actos más significativos del Viernes Santo. Numerosos fieles han participado en este momento cargado de simbolismo, que invita a contemplar de manera directa la muerte de Jesús en la cruz.

 

La ceremonia, realizada en la plaza de Santa María, bajo la imponente fachada de la Catedral, ha recreado el descendimiento del Cuerpo de Cristo con la imagen del Santísimo Cristo de Burgos, en un ambiente de profunda sobriedad y respeto. Cada gesto, realizado con pausada solemnidad por los miembros de la Cofradía de las 7 Palabras, ha ayudado a los asistentes a adentrarse en el misterio de la Pasión, en una escena que conmueve por su fuerza expresiva.

 

Durante la celebración, el abad de la Cofradía de las 7 Palabras, Andrés Picón Picón, ha dirigido la meditación en torno a las Siete Palabras que Jesús pronunció en la Cruz, invitando a los presentes a profundizar en el significado de cada una de ellas. Este momento ha contribuido a acentuar el carácter reflexivo del acto, ayudando a vivir con mayor intensidad el misterio de la entrega de Cristo.

 

El desenclavo se ha desarrollado en un clima de silencio casi absoluto, roto únicamente por las oraciones y los cantos que han acompañado la celebración. La mirada de los presentes se ha centrado en el cuerpo de Cristo, descendido de la cruz, en una imagen que invita a la contemplación y a la reflexión.

 

Este acto, profundamente arraigado ya en la tradición de la Semana Santa burgalesa, constituye uno de los momentos más intensos de la jornada del Viernes Santo. A través de él, los fieles son invitados a vivir de manera cercana el misterio de la muerte de Cristo y a prepararse para la esperanza que llegará con la Pascua.

 

La celebración ha concluido en un ambiente de respeto y silencio, prolongando el sentido de este día en el que la Iglesia contempla la entrega total de Cristo por la humanidad.