Jóvenes preocupados en cuidar su fe

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El colegio del Círculo ha sido escenario, esta tarde, de la celebración del Encuentro Diocesano de Jóvenes, en el que ha sido su décimo octava edición. Jóvenes procedentes de diferentes realidades eclesiales, entre parroquias, movimientos y colegios de la capital y la provincia, han participado en las actividades programadas, que tenían como finalidad «cuidar de nuestra fe».

 

De hecho, el lema que ha dado cuerpo a la jornada ha sido «Cuidafé», y ha contado con un momento de oración y un concierto con la música de Hakuna. Además, los jóvenes han participado en diversos talleres rotativos para mejorar en su compromiso de cuidar a los demás, de cultivar mejor sus relaciones personales y proteger su propia salud mental.

 

El responsable de voluntariado de Cáritas, Diego Pereda, ha sido el encargado de dinamizar el taller que versaba sobre el voluntariado, que perseguía sensibilizar a los jóvenes en su servicio y entrega a los demás. El otro grupo de trabajo buscaba cuidar las relaciones personales, gracias a un trabajo de educación afectiva a cargo de Laura Pérez y Jorge Lara, matrimonio implicado en la dirección del centro diocesano de orientación familiar y la delegación de Familia y Vida. El último de los talleres, impartido por Virginia Burgos, del centro diocesano de Escucha ‘San Camilo’, pretendía ayudar a los chavales a superar las crisis que atraviesan en sus vidas, cuidando así su salud mental.

 

El encuentro estaba organizado por la delegación de Infancia, Adolescencia y Juventud, en una de las múltiples actividades que promueven para ayudar a la pastoral juvenil en la archidiócesis. A lo largo del año, organizan encuentros, oraciones cada mes o noches alternativas para adolescentes. Además, participan en otras convocatorias nacionales e internacionales, como la última peregrinación europea de Jóvenes a Santiago o la JMJ celebrada el pasado mes de agosto en Lisboa.

La Semana Santa también se vive en las Merindades

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Las tradiciones y las manifestaciones de la piedad popular en los cientos de pueblos diseminados por la archidiócesis permanecen. En el arciprestazgo de Merindades, los principales actos de la Semana Santa se concentran en Espinosa de los Monteros, Villarcayo y Medina de Pomar, tres unidades pastorales en las que un gran número de fieles dan vida a las procesiones y oficios desde el Domingo de Ramos hasta el Domingo de Resurrección.

 

Espinosa de los Monteros dio comienzo a su Semana Santa con la bendición de los Ramos y procesión desde la iglesia de Ntra. Sra. de Berrueza hasta la iglesia parroquial de Santa Cecilia, donde se celebró la Santa Misa. El Jueves Santo los niños y niñas de comunión fueron los protagonistas del lavatorio de pies. A partir de ese día la lluvia impidió que las procesiones pudieran salir por las calles de la villa espinosiega y tuvieron que hacerse en el interior de la iglesia. Así fue con la procesión del Jueves Santo y la del Santo Entierro del Viernes Santo. El Domingo de Resurrección, la celebración se quedó en la iglesia donde tuvo lugar la procesión del Encuentro y la Solemne Misa acompañada por el Grupo de Danzas El Cuévano.

 

La Semana Santa villarcayesa, a pesar de las inclemencias del tiempo, sí que pudo procesionar en la tarde del Viernes Santo. Los cofrades de la Santa Vera Cruz y la Virgen Dolorosa, las niñas sibilas portando los instrumentos de la Pasión, La Verónica, San Juan y las Marías, penitentes, plañideras y la banda municipal acompañaron a los cinco pasos que procesionaron. En la mañana también el Vía Crucis sacó a los parroquianos a la calle para acompañar al Ecce Homo, paso de la Aldea, y a Jesús con la Cruz a cuestas.

 

El Domingo de Ramos se hizo lo propio del día procesionando y aclamando a Jesús en la entrada de Jerusalén. Los confirmandos y confirmados portaron el paso de la borriquilla. El Jueves Santo el lavatorio de los pies y la Eucaristía sirvieron para enfatizar el amor fraterno y permanente de Dios en Jesús que se celebró solemnemente en la Vigilia Pascual. El Domingo de Pascua de Resurrección tras la procesión de Jesús Resucitado al Encuentro con su Madre, tuvo la Misa Solemne de la Pascua. Comienzan 50 días para disfrutar de la Vida, no conformarnos con mediocridades y experimentar el gozo que brota, como en María, del encuentro con Jesús.

 

En Medina de Pomar las citas religiosas comenzaron con la procesión de la borriquilla del Domingo de Ramos, una procesión a la que acompaña tradicionalmente la Banda Municipal de Música y las autoridades de la ciudad partiendo desde el Monasterio de Santa Clara, donde se bendicen los Ramos, para procesionar hasta la iglesia de Santa Cruz. El Jueves Santo la iglesia de Santa Cruz acogió la celebración de la Última Cena del Señor con el lavatorio de pies y la posterior reserva eucarística en el Monumento ante el que se celebraron una Hora Santa, una Hora Santa Joven y la Adoración nocturna pública.

 

El Viernes Santo comenzó con la procesión y rezo del Vía Crucis al que siguió un concierto sacro muy especial ofrecido por el coro Voces Nostrae de Medina de Pomar que interpretó la obra We remember Calvary de Joel Raney, una obra contemporánea que recuerda a través de sus piezas el Calvario de Jesús. Por la tarde, los Santo Oficios de la Pasión y Muerte del Señor precedieron a la multitudinaria Procesión del Santo Entierro. La lluvia respetó y a las 19:30h de la tarde del viernes dio comienzo esta Procesión en la que sibilas, romanos junto a Jesús con la cruz, Vírgenes, plañideras, banda municipal de música y las 8 cofradías de la ciudad salieron con sus pasos por las calles de la ciudad al tiempo que caía la noche para finalizar en la Plaza Mayor con el canto de la Salve. El sábado por la noche fue el momento de celebrar que la luz vence a la oscuridad y la vida vence a la muerte en la Vigilia Pascual, una celebración que estuvo cantada por los dos coros parroquiales. El Domingo, la iglesia parroquial de Santa Cruz acogió la Eucaristía Solemne de la Resurrección cantada por el coro Voces Nostrae.

La resurrección de Cristo «nos libera de nuestras cadenas y esclavitudes»

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Con bendición papal. Así ha comenzado la Pascua, después de una Semana Santa pasada por agua. El arzobispo, mons. Mario Iceta, ha presidido la solemne misa estacional en la catedral, invitando a todos los burgaleses a «encontrar al Señor resucitado, que nos hace vencer tantos miedos que nos quitan la paz y nos hace plenamente humanos, plenamente divinos».

 

Tras haber presidido en la catedral los principales actos litúrgicos del triduo pascual, como la Cena del Señor, la celebración de Pasión y la solemne Vigilia Pascual, el arzobispo ha señalado en el Domingo de los domingos que «el Señor nos libera del temor a la muerte que atenaza nuestra vidas». El pastor de la Iglesia en Burgos ha asegurado que, con su resurrección, el Señor «nos libera de nuestras cadenas y esclavitudes que nos quitan el sueño y la paz» y que ha condensado en la esclavitud a de la imagen, el dinero y el poder. «Cada uno sabe lo que le ata y no le deja volar». «Cuando no sabemos por dónde tirar en nuestra vida, cuando nuestras seguridades se hunden, cuando aparecen dramas inesperadas y no sabemos cómo caminar, él es nuestra luz», ha explicado en su homilía.

 

Sin procesión del Anuncio Pascual

 

Concluye de esta forma una Semana Santa atípica, en la que la borrasca ‘Nelson’ ha obligado a cancelar, cambiar de ubicación o disolver varios de los eventos programados por agua e, incluso, nieve. Y en el domingo de Pascua, la tónica ha sido la misma. A primera hora de la mañana, las cofradías de Nuestra Señora de la Alegría y de Cristo Resucitado acordaban suspender la procesión del Anuncio Pascual, que desde el año pasado se realiza en la plaza de Santa María.

 

A pesar del traspié, ambas cofradías –y dado su carácter de «alegría», como explicaban a sus cofrades a través de las redes sociales– decidían realizar algunos actos en sus respectivas sedes. En la iglesia de San Nicolás de Bari, la cofradía de la Virgen de la Alegría, una de las más antiguas de la ciudad, fundada en 1726, ha celebrado la eucaristía con un sencillo homenaje en torno a la imagen de la Virgen, una pequeña talla del siglo XVIII. Por su parte, la cofradía de Cristo Resucitado, ha exaltado su paso en la parroquia de la Sagrada Familia, donde habitualmente se venera, y han celebrado la eucaristía en el interior del templo.

 

«¿Quién moverá la piedra de tu corazón?»

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La Catedral completamente a oscuras, únicamente iluminada por la llama del fuego a bendecir. Así ha comenzado la Solemne Vigilia Pascual presidida por el arzobispo, Mons. Mario Iceta Gavicagogeascoa. Tras la bendición de fuego y encender el cirio pascual, todos las personas que se han dado cita en la nave central de la Catedral han ido encendiendo sus velas. Poco a poco la luz iba iluminando el templo en esta noche en vela en honor del Señor.

 

Después de las primeras lecturas, recorriendo la historia de la Salvación a través del Antiguo Testamento, con el himno del Gloria, se terminaba de iluminar la Catedral por completo y las campanas repicaron para anunciar que Cristo ha resucitado y que vive entre nosotros. Después de las lecturas del Nuevo Testamento, precedidas del aleluya, canto omitido durante la Cuaresma, ha llegado el momento de la homilía del arzobispo.

 

Mons. Iceta ha explicado que la Vigilia Pascual es «una celebración llena de signos que tienen que ver con Cristo y, por tanto, con cada uno de nosotros. Llevamos cuarenta días de Cuaresma esperando esta noche». En ese sentido, ha señalado «Cristo se ha presentado esta noche como luz. Hemos bendecido el fuego, imagen del Espíritu Santo, que es calor y luz y tiene que prender en nuestro corazón».

 

El Evangelio ha señalado cómo fueron las mujeres al sepulcro de Jesús, para embalsamar su cuerpo, y cómo vieron que la piedra del sepulcro estaba corrida. En ese sentido, el arzobispo se ha preguntado «¿quién moverá la piedra de tu sepulcro? ¿Quién moverá la piedra de tu corazón? La que no te deja amar con plenitud. La que no te deja vivir y ver las maravillas que el Señor hace en tu vida. ¿Quién me correrá la piedra cuando yo también esté en el sepulcro? ¿Será Cristo el Señor? ¿Veremos esas manos llagadas y cicatrizadas, ese costado abierto, que nos invitan a compartir esa vida que el ha vencido para siempre?».

 

Mons. Iceta ha recordado que es «una noche de dar tantas gracias al Señor y ojalá nuestra vida sea siempre un canto de acción de gracias porque todo es gracia y es don del Señor, incluso en nuestra caídas, Él manifiesta su infinita misericordia»

«Esta noche nos alegramos con la Virgen María, la que sostuvo la fe de los apóstoles, la mujer fuerte y fuente de esperanza, la madre que siempre espera por sus hijos. Pedimos que en la alegría de la Resurrección también nosotros podamos participar desde hoy cada día de nuestra vida y por toda la eternidad», ha concluido su homilía.

 

Tras la homilía, se ha bendecido el agua que el arzobispo ha rociado sobre los fieles presentes en el templo, tras renovar las promesas bautismales. Después ha continuado la celebración del rito de la eucaristía.

 

Lluvia de lágrimas ante el paso de Cristo Yacente

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A media tarde, la Junta de Semana Santa de Burgos decidía aplazar media hora la procesión del Santo Entierro para esquivar la lluvia que ha caído durante toda la jornada y que ya por la mañana obligaba a celebrar bajo techo el acto del Desenclavo del Cristo de Burgos y anoche forzó la suspensión de la procesión del Encuentro. Las previsiones se ha cumplido y la lluvia se ha disipado, aunque no ha ocurrido lo mismo con el frío. A las 20:00 horas, los treinta y tres miembros de la Hermandad del Santo Sepulcro trasladaban con solemnidad la imagen de Cristo Yacente (del escultor Francisco Font) desde la capilla del Corpus Christi de la catedral hasta la plaza de Santa María para introducirlo en una urna de cristal.

 

Comenzaba de esta manera la procesión general del Santo Entierro, en la que participan todas las cofradías y hermandades penitenciales de la ciudad. Algunas de ellas han desfilado sin sus pasos, que no han podido llegar hasta la catedral por las inclemencias del tiempo. Ha sido el caso de Jesús atado a la columna y el Santo Sudario (ambos de la cofradía del Círculo Católico), Nuestra Señora de la Misericordia y la Esperanza (con sede en la parroquia de Nuestra Señora de Fátima) y Nuestra Señora de la Piedad (una sección de la cofradía de la Virgen del Carmen). Con todo, numerosos cofrades han acompañado a los catorce conjuntos escultóricos (incluidos los faroles de las Siete Palabras) que partiendo de la Seo –una tradición recuperada hace tres años– han recorrido algunas calles a ambos lados del Arlanzón.

 

A pesar de que todo discurría según lo previsto, un chaparrón caído en torno a las 22:00 horas ha obligado finalmente a disolver la procesión. Las cofradías han protegido sus imágenes y han regresado con prisa a sus respectivas sedes.

 

Tras haber presidido en la Catedral la celebración litúrgica de la Muerte del Señor, en la procesión y traslado del Cristo Yacente también ha participado el arzobispo, mons. Mario Iceta, así como miembros del cabildo, de la corporación municipal y de la excelentísima Diputación Provincial. Por primera vez, una formación de dulzainas de la ciudad ha participado en el acto, distinguiendo con un «toque castellano» la ya de por sí sobria procesión.