Fallece el sacerdote diocesano Baldomero Santaolalla

por redaccion,

baldomero santaolalla

 

Esta mañana ha fallecido, a los 86 años de edad, el sacerdote diocesano Baldomero Santaolalla Echevarría. Nacido el 22 de septiembre de 1936 en Briviesca, recibió la ordenación sacerdotal al servicio de la archidiócesis de Burgos el 19 de septiembre de 1959, después de sus estudios en el Seminario de Burgos y la obtención de la licenciatura en Teología en la Universidad Pontificia de Salamanca.

 

Dio sus primeros pasos como presbítero como ecónomo de Buniel y Frandovinez (1964). En 1969 fue trasladado a la ciudad para ejercer como coadjutor en la parroquia de Nuestra Señora la Real y Antigua de Gamonal, hasta que fue nombrado ecónomo de la parroquia de San Fernando Rey en 1978, de la que fue párroco hasta el año 2011.

 

La archidiócesis de Burgos y el presbiterio diocesano, con el arzobispo, don Mario Iceta, lloran su pérdida y piden a Dios por el eterno descanso de su alma. El funeral se celebrará mañana jueves 14 de septiembre, a las 12:30 horas, en la iglesia de Santa María de Briviesca, su localidad natal.

Cáritas se moviliza para paliar los desastres del terremoto de Marruecos

por redaccion,

caritas marruecos terremoto

 

Cáritas diocesana de Burgos inició el lunes una campaña de emergencia en solidaridad con Marruecos, para la que ha comenzado aportando 10.000 euros de fondos propios de su programa de Cooperación Internacional. Su objetivo es canalizar la solidaridad de los donantes burgaleses para atender la emergencia humanitaria provocada por el seísmo de magnitud 7, que ha afectado gravemente a las provincias y ciudades de Marraquech, Tarudant, Chichaua, Uarzazat y Al Hauz (sur del país). De momento se han contabilizado 2.122 muertos y más de 2.500 heridos.

 

La violenta sacudida, que fue sentida en gran parte del país magrebí cerca de la medianoche del viernes, ha causado daños materiales y el colapso de varios edificios de viviendas. Los equipos de rescate buscan supervivientes entre los escombros con ayuda de miles de voluntarios. Desde Caritas Internacional ya se está coordinando la respuesta ante la emergencia y el equipo de Cooperación Internacional de Cáritas Española ha contactado con Cáritas Rabat para ofrecer acompañamiento y apoyo en la gestión de esta emergencia, sin precedentes en la historia reciente del país. Al igual que ha hecho en otras catástrofes internacionales, Cáritas Burgos advierte de la importancia de las ayudas económicas sobre las materiales, por ser más rápidas y efectivas.

 

Las personas que quieran colaborar con esta campaña pueden hacerlo a través de las siguientes cuentas de Cáritas Burgos, indicando en el concepto “Cáritas con Marruecos”:

 

  • CaixaBank: ES 87 2100 0097 37 2200203772
  • Ibercaja: ES 15 2085 4801 20 0330341736
  • Fiare Banca Ética: ES 38 1550 0001 28 000157972

Desde el corazón de Lourdes, con la Virgen y los enfermos

por redaccion,

Queridos hermanos y hermanas:

 

Escribo estas líneas desde el Santuario de Nuestra Señora de Lourdes, donde estoy de peregrinación enfermos y personas mayores de nuestra archidiócesis burgalesa.

 

Sumergido en pleno corazón de este valle rebosante de fe, consuelo y esperanza, y acompañando a estos tan queridos hermanos y hermanas que son gigantes en el testimonio diario de amor, tan solo puedo confesar que la Virgen nos acompaña materna y silenciosamente en los desafíos que todos tenemos que afrontar en nuestra vida cotidiana.

 

Mirar a los ojos de la Virgen desanuda cualquier desaliento o malestar, porque su compañía es bálsamo, alivio y paz. Y aquí, a los pies de la Gruta, uno percibe el inmenso regalo de su amor incondicional.

 

Bajo este manto de amor materno es sencillo rememorar cómo Dios «escoge a lo débil a los ojos del mundo para confundir las vanidades del mundo» (1 Cor 1:27). Las palabras de san Pablo, quien manifiesta que Dios escoge lo más «débil» para confundir a los sabios y fuertes, adquieren un valor que sobrepasa la razón. Para Jesús, su prójimo es aquel que yace ante la dureza de la vida o del desamor (cf. Lc 10, 29 ss); y cada uno de sus gestos nacía y moría en el corazón de los necesitados.

 

Rodeado de los queridos enfermos, personas mayores y acompañantes, permanezco en silencio frente al lugar donde se le apareció la Inmaculada Concepción a santa Bernardita, pastora sencilla y humilde, canonizada por la Iglesia en 1933. La Gruta, fuente de gracia que brota de manera incesante para toda la humanidad, acoge sin excepción a cualquier corazón en busca de consuelo.

 

¿Cómo puede caber tanto amor en un sitio tan pequeño?, me pregunto, mientras observo cómo miran los peregrinos la imagen de la Virgen, que permanece con rostro acogedor, dócil y orante. Quienes están aquí presentes sobrepasan –ante nuestros ojos y nuestro entendimiento– cualquier tipo de razón, permanecen quietos con una paz que lo inunda todo. Y también los acompañantes, a quienes debemos siempre reconocer y agradecer de manera especial su servicio; sin un mal gesto y con gran delicadeza sirven por amor y ofrecen, en cuerpo y alma, todo cuanto tienen a los enfermos.

 

En ellos y con ellos, recuerdo la invocación preferida de Bernardita, que pronunció mientras rezaba el rosario junto a su familia tras encontrarse con la Señora: «Oh, María, sin pecado concebida, rogad por nosotros que acudimos a ti». La Virgen, que es la salud de todos los enfermos, acompañó a Jesús en el camino del Calvario y permaneció junto a la Cruz, participando íntimamente de su pasión. Y así lo sigue haciendo con nosotros, siervos frágiles, a veces cansados, tan necesitados de su generosidad…

 

«La Iglesia reconoce en los enfermos la presencia de Cristo sufriente», dijo el Papa Francisco en su mensaje difundido con ocasión de la 22a Jornada Mundial del Enfermo. Y ante este misterio de amor que se hace tan verdadero en lugares como este, que es el primer destino de peregrinación mariana del mundo, descubrimos que «el plan de Dios, incluso en la noche del dolor, está abierto a la luz de la Pascua» como reza un prefacio común del Misal Romano. Y la Santísima Virgen, Madre de los enfermos, permanece al lado de nuestras cruces, dándole sentido a cada espina y curando cada herida.

 

A los pies de Nuestra Señora de Lourdes pongo todas y cada una de vuestras intenciones, para que Ella inunde vuestros hogares de una esperanza que nunca defrauda y para que en los ojos de los enfermos y personas mayores encontremos siempre el rostro de Cristo Crucificado y Resucitado y la alegría sin fin del Cielo en la Tierra.

 

Con gran afecto, pido a Dios que os bendiga.

 

+ Mario Iceta Gavicagogeascoa

Arzobispo de Burgos

Santa Mónica, modelo de madre entregada hasta el extremo

por redaccion,

santa mónica

 

Queridos hermanos y hermanas:

 

Hoy, la Iglesia recuerda y celebra a santa Mónica, modelo de mujer creyente y de madre entregada hasta el extremo.

 

Su hijo Agustín (doctor de la Iglesia, obispo de Hipona y considerado como uno de los Padres de la Iglesia), vivió una adolescencia y juventud alejada de Dios. Mónica sostenía el camino de su hijo hacia la fe a base de oración, de paciencia y de entrega. Y guardaba la esperanza de que su hijo abrazase el cristianismo como lo hizo su esposo poco antes de morir.

 

«¡Cuántas lágrimas derramó esa santa mujer por la conversión del hijo! ¡Y cuántas mamás también hoy derraman lágrimas para que los propios hijos regresen a Cristo! ¡No perdáis la esperanza en la gracia de Dios!», expresó el Papa Francisco el 28 de agosto de 2013, en la Misa de apertura del capítulo general de la Orden de San Agustín.

 

Los ojos de una madre nunca se cierran si uno de sus hijos se aleja de su seno. Mucho más cuando ese hijo vive sumido en una situación difícil. Un día de preocupación, Mónica acudió al obispo de la ciudad y le pidió que hablase con su hijo, para ver si conseguía que cambiase de actitud y de vida. Las palabras del obispo, sin embargo, llevaban la respuesta que Dios nunca había dejado de pronunciar: «Esté tranquila, es imposible que se pierda el hijo de tantas lágrimas».

 

Tras mucho tiempo de incertidumbre, sus oraciones dieron fruto y su hijo Agustín recibiría el Bautismo con 33 años, en la Pascua del año 387.

 

La Iglesia venera a santa Mónica por su perseverancia, su ejemplo y su fe. El propio san Agustín, en sus Confesiones, escribe: «Ella me engendró, sea con su carne para que viniera a la luz del tiempo, sea con su corazón para que naciera a la luz de la eternidad» (lib. 9).

 

¿Qué nos enseña hoy el testimonio perseverante e incansable de santa Mónica? Su vida, inundada de una confianza en Dios que no conoce fronteras, desea ser un faro de luz eterna para tantos padres y madres que, como esta santa, acompañan con el ejemplo, la palabra, la entrega y la oración el camino de sus hijos.

 

Ella, quien sufrió primero por la vida desordenada de su marido Patricio y, después, por la de su hijo Agustín, nunca dejó de orar por su conversión y, aunque no siempre lo tuvo fácil, supo esperar contra toda esperanza. Cuando los dos volvieron su mirada a Dios, ella comprendió que su misión estaba cumplida: «Hijo, por lo que a mí respecta, ya nada me deleita en esta vida. Qué es lo que hago aquí, y por qué estoy aún aquí, lo ignoro, pues no espero ya nada de este mundo. Una sola cosa me hacía desear que mi vida se prolongara por un tiempo: el deseo de verte cristiano católico, antes de morir. Dios me lo ha concedido con creces, ya que te veo convertido en uno de sus siervos, habiendo renunciado a la felicidad terrena. ¿Qué hago ya en este mundo?» (Confesiones, lib. 9, 10, 23-11, 28).

 

Santa Mónica, por todo cuanto fue, vela particularmente por los matrimonios que viven momentos complicados de incomprensión, sufrimiento, desesperación, zozobra y soledad; también de aquellos padres con hijos que atraviesan periodos difíciles y angustiosos.

 

Antes de morir, la santa contrajo una fiebre muy alta y les dijo a Agustín y a su hermano que enterrasen su cuerpo allí, en la ciudad de Ostia Tiberina, y que no se preocupasen por sus restos mortales. Y solo les pidió un favor: «Que me recordéis en el altar del Señor allá donde fuerais».

 

Encomendamos a santa Mónica a todos los matrimonios. Y también a la Virgen María para que, por medio de la confianza en la providencia de Dios, Ella nos haga comprender –en los momentos de dificultad– que «para Dios no hay imposibles» (Lc 1, 37) porque su amor permanece siempre, más allá de los cálculos mundanos y de la dureza de un corazón de piedra.

 

Con gran afecto, pido a Dios que os bendiga.

 

+ Mario Iceta Gavicagogeascoa

Arzobispo de Burgos

San Bernardo de Claraval y la orden cisterciense

por redaccion,

Queridos hermanos y hermanas:

 

«Mi gran deseo es ir a ver a Dios y a estar junto a Él. Pero el amor hacia mis discípulos me mueve a querer seguir ayudándolos. Que el Señor Dios haga lo que a Él mejor le parezca». En el corazón de estas palabras, pronunciadas poco antes de partir al Cielo, se esconde la mirada del santo que celebramos hoy, Bernardo de Claraval, abad cisterciense y doctor de la Iglesia.

 

San Bernardo, nacido en Borgoña (Francia) en 1090, es, según la cronología actual, el último de los Padres de la Iglesia. Afamado por su infinito amor a la Virgen María y compositor de una gran cantidad de oraciones marianas, es el fundador del monasterio Cisterciense del Claraval, entre muchos otros.

 

En nuestra archidiócesis de Burgos está muy presente la orden cisterciense, tanto en su rama masculina como femenina, en los monasterios de San Pedro de Cardeña, en las Huelgas Reales, en el Paseo de los Pisones y en Villamayor de los Montes. El monasterio de San Pedro de Cardeña llegó procedente de la trapa de San Isidro de Dueñas.  Y el de Santa María la Real de las Huelgas es el principal monasterio cisterciense femenino en España y cabeza de todos los que se implantaron en la corona de Castilla.

 

Entre los burgaleses insignes destaca el Hermano San Rafael Arnaiz, monje trapense en el monasterio de San Isidro de Dueñas, nacido en Burgos en 1911, estudiante de arquitectura que interrumpió sus estudios para consagrarse al Señor en dicho monasterio, donde falleció en 1938 con 27 años de edad. Muy pronto su fama de santidad se extendió fuera de los muros del monasterio. Sus numerosos escritos ascéticos y místicos continúan difundiéndose con gran aceptación y para el bien de cuantos entran en contacto con él. Fue canonizado por el Papa Benedicto XVI en 2009.

 

La vida monástica en la orden cisterciense está consagrada a Dios y se manifiesta en la unión fraterna y la liturgia, en la oración y en el trabajo. La Eucaristía manantial es la fuente y cumbre de toda vida cristiana y de la comunión de estos hermanos y hermanas en Cristo.

 

Y es a ellos, discípulos de alma contemplativa, monjas y montes silentes del Amor y lámparas ardientes en medio de la Iglesia, a quienes deseo dirigirme por medio de este mensaje.

 

Cada vez que he tenido la oportunidad de acercarme a sus casas, he visto en ellos la influencia de san Bernardo inundándolo todo de servicio, bondad y alegría. Dan vida a su carisma para atraer a todos hacia Cristo. Desde el cuidado en la hospedería, pasando por la belleza de la acción litúrgica, hasta la manera en la que hacen de la entrega silenciosa una ofrenda eterna de amor.

 

Todos, en algún momento de nuestra vida, anhelamos ese estar a solas con el Señor, de tú a Tú, sin nada ni nadie más. Hace muchos años, un monje me confió un rasgo de la vida monástica que jamás he podido olvidar: de madrugada, cuando se levantan para celebrar el Oficio de Vigilias, monta la guardia para velar a la espera del Esposo que viene en medio de la noche. En el corazón de esa vigilia nocturna, en esa espera secreta y habitada por el tesoro escondido, el contemplativo intercede por los grandes dolores del mundo.

 

Siempre he visto ahí, en ese gesto que se va construyendo en lo escondido, un motivo de alabanza e intercesión que engrandece nuestras vidas y la abren a la eternidad. Toda la vida monástica gira en torno a la liturgia: es un cántico fecundo de humildad, de vida, de alegría. Como esa escuela de servicio divino que no se agota nunca en el altar, como esa voz que grita desde el Tabernáculo porque desea rescatar a los más heridos y olvidados.

 

En el alma profundamente contemplativa de la Virgen María ponemos a las comunidades cistercienses, que celebran hoy a san Bernardo; quien dejó escrito que «el Verbo es el primero en amar al alma, y que la ama con mayor intensidad». Le pedimos a la Madre de Dios que nos ayude a preparar la guardia para velar a la espera del Esposo. Ella, quien escucha y recibe la Palabra, y la conserva y la medita en su corazón (cf. Lc 2, 19), nos recuerda para siempre la bienaventuranza de su Hijo: «Felices, más bien, los que escuchan la Palabra de Dios y la ponen en práctica» (Lc 11, 27).

 

Con gran afecto, pido a Dios que os bendiga.

 

+ Mario Iceta Gavicagogeascoa

Arzobispo de Burgos