«Los jóvenes necesitamos algo más que una religiosidad basada en la tradición»

Rocío Monzón Pascual está vinculada a la iniciativa «Una luz en la noche», dirigida a los jóvenes para que maduren en su fe y compromiso cristiano y puedan transmitirla a otros.

rocio monzon

 

Rocío Monzón Pascual nació en Aranda de Duero en 1991, localidad en la que pasó toda su infancia. Pertenece a la parroquia de San Juan de la Veracruz, en la que hizo la Primera Comunión y recibió el sacramento de la confirmación. También fue catequista y responsable del coro. Estudió Magisterio en Valladolid y actualmente está vinculada a la iniciativa de evangelización de primer anuncio «Una luz en la noche», dirigida a los jóvenes para que maduren en su fe y compromiso cristiano y puedan trasmitirlo a otros. Además colabora participa en las diversas actividades de la Delegación de Juventud de la diócesis de Burgos, como el último viaje a Taizé que compartió con otros 20 jóvenes.

 

Su despertar religioso se produjo, según cuenta, en 2011, con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud en Madrid. «Hasta ese momento yo estaba muy acomodada en mi vida religiosa y en la parroquia de la Veracruz de Aranda donde era la encargada del coro, pero a partir de la experiencia de la JMJ comprendí la importancia de contar con un grupo de vida cristiana, la grandeza de sentirte junto a Jesús y el compromiso de seguirle, cumplir lo que nos pide y darle a conocer a los demás. Y a partir de ese momento surge en mí un compromiso de vida que hasta entonces no tenía».

 

Rocío constata que en Aranda hay pocos jóvenes en los grupos parroquiales y eso es una gran limitación, «porque cuando descubres la realidad de la Iglesia te das cuenta de que hay muchas oportunidades de compartir con otros jóvenes, de que la oración en grupo tiene otro sentido más profundo y que estar en un grupo de referencia a nivel espiritual es muy importante y te da mucha fuerza».

 

Sobre la actividad de los jóvenes en las parroquias hoy en día, cree que «hemos pasado de una religión basada en la tradición de las normas a una juventud que busca algo más, porque entendemos que el compromiso de vida no puede estar basado únicamente en la fe tradicional que hemos heredado y que está muy bien, pero no es suficiente si no va acompañada del compromiso personal».

 

La clave, asegura, está en no tener miedo: «Como nos dice el Papa, debemos ser fuertes y fiarnos del Señor. Es normal que al principio nos veamos como bichos raros en una sociedad que tiene otros valores, pero después nos damos cuenta de que hemos elegido el camino correcto y eso nos produce alegría. El compromiso de vida con Jesús siempre nos reporta mucho bien».

 

Todos tienen cabida

 

La experiencia “Una luz en la noche” ha sido para ella muy positiva, «aunque para mi ha traído mucha responsabilidad, con lo que ello aporta en todos los sentidos», reconoce. «Pero es una iniciativa que considero muy positiva porque supone para los jóvenes que participan una puesta a punto y una evaluación personal de su propia fe para intentar fortalecerla y llevarla a otros. Eso es muy importante y he visto a muchos jóvenes con ganas de evangelizar y de ampliar su compromiso de fe con un nuevo plan de vida. “Una luz en la noche” quiere y debe ser eso, lo que dice el nombre, una luz que ilumina, a través de cada uno de nosotros, a otras personas».

 

En cuanto a la respuesta de los jóvenes a esta iniciativa, cree que está siendo positiva. «A veces quizá nos falta un poco de valentía para dar un paso más, pero cuando has descubierto a Jesús y ha cambiado tu vida, debemos ser generosos para compartir esa alegría con los demás. Y tenemos que comenzar por sentir una gran alegría de ser cristianos y pertenecer a la Iglesia. Los jóvenes están respondiendo bien a la iniciativa, porque todos tienen cabida. Algunos tienen más problemas para salir a la calle, sin embargo pueden formar el equipo de acogida o centrarse en la oración. Todos tienen su sitio. Y los jóvenes a los que se les hace llegar el primer anuncio también reaccionan cuando entienden que todo esto es muy diferente a un contacto a través de redes sociales, aquí tienen junto a ellos a personas, dispuestas a ayudarles, amigos cercanos para quienes lo importante son las personas. No importa el pasado, sino lo que buscan en su vida a partir de ahora y cuando les dices que vas a rezar por ellos comprenden que la relación es muy diferente y nos ven de otra manera. Esa es nuestra misión, mostrar a Jesús a través de nuestras vidas y nuestra fe. Después debemos dejar hacer al Espíritu Santo».

 

¿Y qué puede hacer la la Iglesia para apoyar a los jóvenes, tan necesarios? «Se pueden hacer muchas cosas. Nos hace falta más unidad y trabajo conjunto entre los responsables de grupos de jóvenes y entre los sacerdotes de cada parroquia para ponerse de acuerdo en actividades conjuntas, Y sobre todo perder el miedo a cumplir lo que Jesús nos pide y tener cada uno de nosotros coherencia de vida que sirva de ejemplo. Pero el enfoque actual de la Iglesia con los jóvenes creo que es el correcto, el camino es el adecuado», concluye.

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