La Cruz de Lampedusa preside el 46 Círculo de Silencio

El Paseo Sierra de Atapuerca congregó ayer a decenas de personas para seguir reinvidicando trato digno para todos, especialmente para las personas migrantes y refugiadas.
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La Cruz de Lampedusa, construida con maderas de los barcos naufragados en la isla italiana y símbolo de la tragedia de la muerte de miles de inmigrantes en el Mediterráneo, presidió ayer la 46ª edición del Círculo de Silencio, convocado por la Delegación Diocesana de Pastoral de Migraciones, Cáritas, Confer, Atalaya Intercultural y Casa de Acogida Hijas de la Caridad. En él se recordó que en lo que va de año, al menos 2.839 inmigrantes han perdido la vida en aguas del Mediterráneo y se pidió protección para ellos y negociación con los países de origen.

 

En el manifiesto que se leyó al término del acto, las entidades convocantes manifestaron su disconformidad con el régimen carcelario de los CIES y pidieron otros centros de acogida dignos. También expresaron su incomprensión y rechazo ante «la pasividad y cinismo» de la Unión Europea en la atención y acogida a los refugiados y pidieron la aplicación de los derechos humanos «de los que tanto alardeamos». Igualmente, manifestaron su repulsa por el abuso y la explotación que supone la contratación en trabajos precarios, y reclamaron «un salario justo y un trabajo decente».

 

«Denunciar la injusticia, la miseria, la explotación y la corrupción es denunciarnos a nosotros mismos», rezaba el manifiesto. «Esa es nuestra auténtica pobreza que, lejos de descorazonarnos y desactivarnos, tiene que impulsarnos a salir de nuestro pequeño mundo y lanzarnos al terreno donde se juega la final entre el yo y el nosotros».

 

A unos días de la Primera Jornada Mundial de los Pobres, que se celebra el próximo domingo, 18 de noviembre, recordaron que «la vida sigue, el tiempo pasa, y la desigualdad entre ricos y pobres se va ampliando. Lo que no es tan evidente es esa brecha que se va ensanchando entre nuestro corazón satisfecho y complacido y el corazón herido y abandonado de los pobres». En palabras del papa, en su mensaje para esta jornada, «la pobreza nos desafía todos los días con sus muchas caras marcadas por el dolor, la marginación, la opresión, la violencia, la tortura y el encarcelamiento, la guerra, la privación de la libertad y de la dignidad, por la ignorancia y el analfabetismo, por la emergencia sanitaria y la falta de trabajo, el tráfico de personas y la esclavitud, el exilio y la miseria, y por la migración forzada. La pobreza tiene el rostro de mujeres, hombres y niños explotados por viles intereses, pisoteados por la lógica perversa del poder y el dinero».

 

La presencia de la Cruz de Lampedusa «nos trae a la conciencia la pregunta que el papa Francisco lanzó allí en 2013: “¿Dónde está tu hermano? Todos responden igual: yo no he sido, yo no tengo nada que ver… Hemos caído en la globalización de la indiferencia”».

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