«Doy gracias a Dios por conocer esta realidad, aunque sea difícil»

Charo Corcuera marchó hace unos años como laica misionera a República Dominicana. Allí ha conocido la pobreza que afecta a tantas personas, y anima a implicarse en la realidad de estos países.

 

charo corcuera

 

Charo Corcuera García es de Miranda de Ebro y pertenece a la parroquia del Buen Pastor, donde siempre ha estado implicada en pastoral juvenil. Trabaja en Burgos en el centro Santa María la Nueva y San José Artesano, pero sin embargo, la vida y sobre todo, su vocación, le han llevado a República Dominicana. El inicio de esta historia se encuentra en el grupo de misiones donde ella y los demás integrantes colaboraban con proyectos que trataban de ayudar a misioneros vinculados a la parroquia. Fruto de esta colaboración, Charo se empezó a dar cuenta de por dónde iba su vocación. «Llegó un momento en que me sentí llamada a salir, pero no quería involucrarme con ninguna orden religiosa. Así fue como conocí a OCASHA (Obra de Cooperación Apostólica Seglar para Hispano América)». Empezó la formación y a ir a jornadas en las que conoció la situación de los países en los que esta plataforma trabaja. «Había un proyecto para república Dominicana, concretamente Vallejuelo, que pertenece a la diócesis san Juan de la Maguana, y allí me marché en febrero de 2015».

 

En esta localidad trabaja en el colegio diocesano Centro educativo San Andrés, ayudando a los maestros en la alfabetización y en temas administrativos. «Por las tardes acompaño a las comunidades. Vallejuelo cuenta con unos 15.000 habitantes, de los cuales 10.000 viven en el centro urbano y el resto, en los alrededores de éste, en pequeñas comunidades». Para Charo, lo más duro «es sentirse extranjero y estar en otro mundo y otra cultura, vas con unas ideas que luego no coinciden con lo que te encuentras. El compromiso es por tres años. Al principio parece mucho tiempo, pero es necesario. El primer año me dediqué a conocer la realidad. El segundo ya empecé a estar más ubicada y ya el tercero lo “disfruté”, en el sentido en que ya sabía cuál era mi papel allí y sabía bien lo que había que hacer». Charo cuenta que hay mucha desigualdad, «las personas que atendemos tienen muy poco que comer, y eso si tienen. La comida típica es arroz, habas, ensalada y pollo si hay suerte. La leche es muy cara para ellos, y a los niños lactantes les dan agua de arroz», lo que les provoca a los pequeños unas importantes carencias nutricionales. Además, los niños no llevan pañal, porque no hay dinero para ello, «así que van desnuditos y descalzos por las calles». La  pobreza es muy acusada y lo más duro «es saber que no puedes cambiar todo esto con facilidad. Tratas de motivar a las personas para que se animen a poner todos los medios por mejorar, pero son muy conformistas y te dicen que “Dios lo quiere así”. Hay personas luchadoras que estudian, pero no todo el mundo puede estudiar, así que viven de vender palomitas y dulce de cacahuete. En el Sur hay mucho analfabetismo en los adultos, muchos de ellos no están ni inscritos en el Registro, son indocumentados. Hay que acompañarles para que regularicen su situación».

 

Sin embargo, también recibe su alegría y su acogida, «aunque seas extranjero». «No dudan en darte lo mejor que tienen. Me gusta ir a estas comunidades y hablar con los mayores y niños, me encanta oír lo que cuentan y ver sus caras cuando te escuchan. Cuando atiendes, por ejemplo, a un niño, conoces todo la historia que tiene detrás, a su familia, ves por todo lo que ha pasado y eso supone un enriquecimiento, hay mucho que aprender de estas personas. Doy gracias a Dios por conocer esta realidad, aunque sea difícil y mi contribución sea una gota en el océano. Es un regalo poder estar ahí e invitaría a todos a tener esta experiencia».

Comentarios

Comentarios: 2

  1. Rocio

    Gracias Charo por tu vida misionera allí y aquí en España .Te queremos


  2. Esther

    Te felicitamos por tu trabajo y estamos orgullosos de que seas una más entre los misioneros mirandeses que tanto bien hacen lejos de España.


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