«Dios habla en los silencios y si le contamos algo siempre nos escucha»

Isabel Peña pertenece a la parroquia de San José Obrero y es fundadora, junto con otras personas, de la Adoración Perpetua, que este mes cumplirá ocho años.

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Isabel Peña Antón nació en 1936 en Hornillos del Camino (Burgos) donde vivió su infancia en una familia de labradores. Desde los 37 años vive en Burgos, donde ha trabajado 26 años en la ropería del Hospital San Juan de Dios, en el que ha sido voluntaria en el acompañamiento de enfermos. Pertenece a la parroquia de San José Obrero, en la que ha sido fundadora, junto con otras personas, de la Adoración Perpetua, que el 13 de febrero cumplirá ocho años de actividad como única capilla en Burgos que mantiene la adoración al Santísimo las 24 horas del día mediante turnos organizados de una hora a la semana en los que colaboran personas voluntarias. Está casada y tiene dos hijos, seis nietos y dos biznietos.

 

Isabel considera la oración, «más que importante, necesaria». «Para mí supone poder hablar con un Ser que nos ama, que siempre está a nuestro lado y nos ayuda, que nunca nos abandona. La oración me aporta mucha paz y también me da mucha fuerza para sobrellevar las pequeñas contrariedades de cada día», asegura. En su tiempo de acompañamiento al Señor, suele rezar el rosario, pero también en muchas ocasiones lo que hace son reflexiones en torno a lecturas de los libros que se encuentran en la capilla a disposición de todo el que quiera leerlos y luego meditar. «Casi siempre pongo mis preocupaciones ante Dios y le ofrezco las pequeñas cosas de cada día, y me gusta mucho cantar mentalmente, es otra forma de oración, que a mí se me da muy bien, porque no solo se puede cantar con la voz, sino también de forma mental, que me produce la misma emoción que cantar con la voz y la convierto en oración al Señor», confiesa.

 

«Estoy convencida de que la oración es imprescindible en la vida del cristiano –sostiene– porque supone compartir nuestra vida con Dios, contarle nuestras cosas y escucharle también, porque la oración tiene una parte de silencio, de saber escuchar y entender lo que el Señor nos dice, que eso es lo más difícil. Pero lo más importante es sentir el amor de Dios, su entrega y su generosidad sin límites. Él siempre nos ama y siempre nos está esperando».

 

La Adoración Perpetua, aclara, no es ninguna asociación ni movimiento. «Cualquier persona puede apuntarse para hacer los turnos de acompañamiento al Santísimo, según sus posibilidades y ocupaciones, en la hora que mejor le cuadre». No se necesita nada, simplemente hay que rellenar una pequeña ficha en la que se pone el nombre, la dirección y el teléfono de localización y el compromiso de acudir en la hora señalada y el día que se acuerde, y en caso de no poder, buscar a otra persona para que vaya en su lugar, porque el Santísimo no puede quedar nunca solo, explica.

 

«Para mí es como un cielo anticipado y necesito venir para sentirme bien»

 

El número de personas que acude a la capilla varía según las horas, por las mañanas hay más gente, por las tardes menos, y por las noches quedan las personas que se han comprometido cada día. «Además hay gente, incluso familias con sus hijos, que no están apuntados pero que vienen de vez en cuando para hacer un rato de oración, porque esto está abierto a todo el mundo. Dios nos acoge como somos, nos quiere siempre y se alegra de que vayamos a verle y le tengamos en cuenta. Sabe que somos pecadores y nos consuela en todo momento», añade.

 

En los ocho años de existencia de la Adoración Perpetua, siempre se han cubierto las 24 horas, asegura. «No recuerdo ningún momento en el que hayamos tenido el problema de falta de gente. Nos gustaría ser muchos más y desde aquí invitamos a cualquier persona a que se una en la oración a nosotros, pero siempre hemos tenido adoradores para cubrir los turnos. Es una experiencia impresionante, algo único, muy especial, y en la que siempre se tiene mucho que ganar y nada que perder». A aquel que se lo plantee, le animaría a «que venga, que se siente en un banco y, si no sabe qué hacer ni que decir, simplemente que mire al Santísimo y experimente el silencio, porque Dios habla en los silencios y, si le contamos algo, siempre nos escucha, aunque luego nos concederá o no lo que le pedimos, si es bueno realmente para nosotros».

 

La creación de la Adoración Perpetua fue una propuesta del párroco de San José Obrero, que contó con la autorización de la diócesis, «y desde aquí se gestiona con el esfuerzo del sacerdote y de todos quienes colaboramos, que estamos encantados y orgullosos de haber logrado ya ocho años de oración permanente ante el Señor, con gente que viene de todas las zonas de la ciudad y algunos incluso de la provincia, porque somos el único lugar de la diócesis que mantiene 24 horas al día abierta la capilla para adorar al Señor», explica.

 

La capilla es pequeña pero acogedora, silenciosa, «tiene algo especial, bueno, claro, allí está Dios, para mí es como un cielo anticipado y necesito venir para sentirme bien y con una paz interior que no se puede explicar», desvela.

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