«El compromiso cristiano exige acciones porque la fe no se puede vivir sin obras»

Es profesor jubilado pero sigue siendo una persona muy activa. Pertenece a Encuentro Matrimonial, colabora con Cáritas, da catequesis de adultos y es miembro de un equipo de liturgia.

EXIQUIO (4)

 

Exiquio Herrero Herrero nació en la localidad burgalesa de Ordejón de Arriba, cerca de Villadiego, aunque vive en la capital burgalesa desde los 11 años, donde ha desarrollado su profesión de profesor en el Colegio Sagrada Familia durante 40 años, en los que ha impartido diferentes materias, entre ellas religión. Está casado y tiene dos hijos. Actualmente está jubilado pero sigue muy activo, ya que pertenece a Encuentro Matrimonial y además colabora con Cáritas en el Centro de Atención a Menores. Sus parroquias de referencia son San Pablo, donde da catequesis para adultos, y El Salvador, en la que es miembro del grupo de liturgia y se encarga de coordinar las lecturas de las celebraciones. También pertenece al grupo Emaús de Acción Católica.

 

Y es que siempre ha sido una persona muy activa, reconoce. «En mi etapa de profesor tampoco me limitaba a dar clases de lunes a viernes y buscaba los fines de semana llevar a cabo alguna actividad de tiempo libre como marchas, reuniones, cine o reflexionar sobre diversos temas. Siempre he pensado que el cristiano debe moverse e ir más allá de su profesión o actividad cotidiana. No concibo ese cristianismo que se limita a la misa de los domingos y que vive su fe en solitario. El cristiano no puede estar nunca inactivo, porque debe preocuparse por las necesidades de quienes tiene al lado, siguiendo el ejemplo de Jesús». En contra de lo que pueda parecer, tanta actividad no le agobia en absoluto: «Me siento ocupado, que es muy diferente. No hay que agobiarse porque el día tiene 24 horas y tengo tiempo para todo, para pasear, estar con mi mujer, hablar con los amigos. La actividad no debe suponer estrés, por eso hay que organizarse y planificar las horas del día. Yo me siento muy a gusto con lo que hago», asegura.

 

Exiquio considera que las parroquias necesitan más implicación de los cristianos «e incluso que tomemos la iniciativa y no esperemos siempre a que sea el párroco quien decida las actividades a desarrollar», añade. «Los laicos debemos afrontar la responsabilidad que nos corresponde y que muchas veces se nos reclama sin éxito». No obstante, reconoce que, aunque cada vez hay menos gente en las parroquias, «los que estamos hemos subido el nivel de compromiso. Un ejemplo lo tenemos en la Semana Arciprestal de Gamonal, que será a partir del 25 de febrero, en la que este año hemos sido los laicos quienes hemos aportado las ideas y las propuestas para la elaboración y el desarrollo del programa. Este es el camino, los laicos tenemos que ser los protagonistas de nuestro trabajo en la Iglesia, como sujetos activos y no pasivos, como ha sucedido durante muchos años».

 

La parroquia debe abrir las puertas a todo el mundo, sin etiquetas, sin limitaciones, ofreciendo la mano tendida, la tolerancia en ideas y la aceptación de los demás, aunque también exigiendo respeto a nuestra fe

 

En su opinión, también las parroquias necesitan avanzar: «Las parroquias deben ser más abiertas y atractivas, capaces de atraer a los no creyentes. Y eso pasa por que los cristianos debemos testimoniar nuestra fe, aportar todo lo que tenemos y transformar en obras aquello en lo que creemos. La fe sin acción carece de sentido, es una fe muerta. La parroquia debe estar, como dice el Papa, en permanente salida, acudir en ayuda de la gente que nos necesita, sin esperar a que sean ellos quienes vengan, los cristianos tenemos que estar en primera línea donde existen problemas sociales, ayudando y colaborando. La parroquia debe abrir las puertas a todo el mundo, sin etiquetas, sin limitaciones, ofreciendo la mano tendida, la tolerancia en ideas y la aceptación de los demás, aunque también exigiendo respeto a nuestra fe», sostiene.

 

También las celebraciones religiosas requieren cambios, opina Exiquio. «Por supuesto, necesitamos un cambio de concepto en muchos cristianos, para no ir a misa, sino vivir la misa, porque estamos acostumbrados a ir deprisa y corriendo, llegar tarde y largarnos cuanto antes; esto no puede suceder, porque pone de manifiesto una fe sin compromiso. Por ello considero muy importante la formación de los cristianos, ya que para vivir la misa y cualquier celebración hay que saber lo que se celebra y porqué, de lo contrario todo carece de sentido. Las parroquias han dado un paso adelante con la creación de los grupos de liturgia, en los que se organizan las lecturas y las celebraciones y se profundiza en el sentido del Evangelio. Es un primer paso porque hay que avanzar mucho más, pero es importante».

 

Los grupos de vida en las parroquias son fundamentales pero hay que dejarlos crecer, porque sus frutos los veremos a largo plazo. Soy muy optimista respecto al futuro de la Iglesia

 

Una realidad con la que se encuentra muy sensibilizado es la de los inmigrantes, por una reciente experiencia de acogida que le ha marcado y le ha hecho reflexionar mucho sobre el amor a los demás: «Conocí a través de Cáritas a un joven de 27 años y me conmovió que viviese solo en una habitación, sin trabajo y sin relación social en Burgos, que fuese a pasar solo la Navidad. Mi mujer y yo decidimos invitarle a pasar con nosotros los días principales y ha sido maravilloso. Hemos hablado, paseado con él, le llevamos al cine, le hemos hecho nuestro amigo y es uno más de la familia. Es una tarea que debemos plantearnos los cristianos, que la gente que nos necesita sepa que nos tiene ahí, que estamos a su lado, que pueden contar con nuestra ayuda», relata.

 

A pesar de todo, queda muchísimo por hacer, reconoce. «Necesitamos muchas manos y personas dispuestas para hacer esa tarea. Escuchamos que la Iglesia está en crisis, pero estoy convencido de que Dios hace crecer la Iglesia día a día, con nuevos cristianos comprometidos, porque no nos abandona nunca, y sus caminos no son como nosotros pensamos, ya que queremos ver las parroquias llenas y no las vemos así. Nos ha tocado vivir este momento pero Dios sabe lo que hace. Los grupos de vida en las parroquias son fundamentales pero hay que dejarlos crecer, porque sus frutos los veremos a largo plazo. Soy muy optimista respecto al futuro de la Iglesia».

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