Ainkarem: un gran sí a la vida

En la víspera de la Jornada por la Vida, nos acercamos a conocer el proyecto de Cáritas que apoya a mujeres gestantes solas a que lleven a término su embarazo y saquen adelante a sus hijos.

Ainkarem

 

Hace 16 años, un grupo de personas se juntó a dialogar sobre cómo dar respuesta a un colectivo de mujeres con alto de riesgo de abortar por las grandes dificultades socioeconómicas en que vivían. Desde Cáritas y otras instituciones se detectaron, además, situaciones de necesidad en mujeres sin pareja y con hijos. Nacía así Ainkarem, un proyecto de Cáritas Burgos que pretende ofrecer una alternativa y posibilitar que las gestantes en situación de dificultad puedan seguir adelante con su embarazo y acompañarlas y apoyarlas en la crianza de sus pequeños.

 

Se trata, en definitiva, de lograr la autonomía personal de las mujeres embarazadas y/o con cargas familiares en situación de vulnerabilidad, generando las condiciones adecuadas prenatales y de posparto en las madres para favorecer su estado emocional y el desarrollo adecuado del menor. Pero no es este el único objetivo: también se pretende mejorar las capacidades de estas mujeres para que ganen en autonomía, favorecer su acceso a un empleo y promover su participación social, cultural y comunitaria como parte de su proceso de recuperación personal.

 

Actualmente una trabajadora social, una educadora y quince voluntarias ponen todo su empeño en hacer posibles esos procesos, ofreciendo a las participantes en el proyecto acompañamiento personalizado, cobertura de necesidades básicas, asesoramiento social y laboral, formación y educación para la salud, orientación y apoyo familiar y fomento del empleo.

 

El voluntariado es de lo más variado, según explica la responsable del proyecto, Icíar Negruela, varias de ellas con un perfil cualificado (matrona, enfermera, auxiliares de enfermería, maestras, educadoras sociales…). En su día a día, el equipo realiza funciones de acompañamiento (al médico, a hacer la compra, apoyo cuestiones relativas a la organización del hogar, gestiones administrativas), clasificación de ropa y otros enseres, preparación de canastillas o seguimiento de la vivienda. También se ofrece formación en talleres propios de preparación a la maternidad que no pretenden sustituir a los cursos de preparación al parto impartidos por los centros de salud, sino más bien ser grupos de autoayuda. Llevan títulos tan sugerentes como «Mujeres felices, madres felices», dirigido a gestantes; «Madres felices, mujeres felices», para madres de bebés 0 a 1 año; «El abrazo de mamá», una actividad en la que se trata de fomentar el apego a través del juego con los niños de 1 a 3 años; y otros de crecimiento personal, sesiones individuales de orientación laboral.

 

Un recurso único para este colectivo

 

El año pasado, Ainkarem atendió a 144 personas, 30 en régimen interno (el proyecto, que hasta hace un año se desarrollaba en un centro de acogida, dispone actualmente de tres pisos tutelados) y 142 en régimen ambulatorio. La mayoría de ellas llegan al programa desde el proyecto de Acogida de Cáritas, pero también derivadas desde otros servicios públicos y privados: centros de salud, CEAS, o diversas asociaciones y organizaciones. Y es que este es el único recurso en nuestra ciudad dedicado específicamente al colectivo de mujeres embarazadas en situación de vulnerabilidad o con hijos pequeños, argumenta Icíar, por lo que resulta difícil dar cobertura a toda la demanda: en 2018 se recibieron 38 solicitudes de ingreso en pisos tutelados, cuando cada uno de estos solo tiene capacidad para dos mujeres y sus hijos. También con los recursos económicos hay que hacer juegos malabares: el programa se financia con una aportación anual del Ayuntamiento que no llega a los 22.000 euros y 5.000 más con los que contribuye la parroquia de la Anunciación.

 

El gran obstáculo para estas mujeres, una vez salen de los pisos tutelados, es la búsqueda de vivienda, a pesar de que dispongan de subsidios (renta garantizada, ayuda familiar). «Es difícil encontrar algo que se ajuste a lo que ellas están cobrando». El precio es muy elevado y compartir piso teniendo menores a cargo dificulta el acceso, reconoce la responsable del proyecto. «Se les exigen muchos requisitos: nómina con ingresos. Y aunque algunas logran acceder a un empleo, este suele ser temporal, precario y difícilmente conciliable con el cuidado de los hijos».

 

Tanto Icíar como la educadora, Paula Vegas, piden una mayor implicación de las instituciones en esta problemática, pero también apelan a la generosidad de la sociedad en general («en Burgos hay personas que tienen muchos pisos vacíos», argumentan). Toda ayuda, sea económica o vía voluntariado, es bienvenida: «Hace falta mover conciencias y bolsillos», apostilla Paula.

Comentarios

Comentarios: 1

  1. Isabel

    Enhorabuena por la gran ayuda que realiza Ain-Karem y a vosotras por vuestra dedicación


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