«No nos han educado para implicarnos. Nos han educado para que nos den todo hecho»

Católica convencida... e implicada en la política. Ante las próximas elecciones europeas, municipales y autonómicas, Pura Arranz anima a los cristianos a involucrarse en la vida social.

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Entró en política hace 20 años por casualidad, cuando se trasladó a vivir a Saldaña de Burgos y consideró «que allí había que hacer algo distinto a lo que había». Pura Arranz, que aunque hoy no desempeña ningún cargo, sigue comprometida como militante de base en un partido político, ha sido concejala, alcaldesa, presidenta de su mancomunidad, diputada provincial y ha ocupado un buen número de cargos más. Pero también es una mujer comprometida con la Iglesia: es catequista y miembro del Consejo de Pastoral Diocesano.

 

Pura defiende convencida la participación de los cristianos en la política, e insiste una y otra vez en que «la vida es política». «Si eres cristiano, tiene que haber compromiso social», argumenta. El problema, en su opinión, es que «no nos han educado para implicarnos. Nos han educado para que nos den todo hecho. Y si no me gusta lo que me dan hecho, le pongo faltas. Es lo mismo que cuando te sirven una comida y empiezas a poner pegas… Está soso, está salado… ¿Sabes hacerlo tú? No, pero soy un estupendo probador…».

 

El nivel de compromiso de los ciudadanos y en concreto el de los cristianos en general es muy escaso, lamenta. «En política la mayoría llegamos hasta meter la papeleta en la urna. Y en la Iglesia, hasta meter la moneda en el cestillo. A partir de ahí, que no me pida nadie nada. Y si yo quiero que se hagan cosas en la Iglesia me tengo que implicar, si yo quiero que se hagan cosas en política me tengo que involucrar».

 

En ese «que me lo den todo hecho» y «que me den todo», Pura advierte de un riesgo y especialmente en estos momentos, de cara a las próximas elecciones:  «Algunos partidos no nos están ofreciendo cosas ciertas. Tenemos que tener muy claro que de donde no hay dinero no se puede sacar. Hay gente que no tiene ese espíritu crítico y lo único que oye es: me van a dar. Entonces, como me va a dar, lo voto. A todos nos gusta que nos den, desde pequeños, cuanto más grande es el regalo, o la chuche… Ahora mucho de lo que están haciendo los partidos es darnos chuches. Nos están metiendo el caramelo pero con un palo muy largo, y en un momento dado van a tirar de él y nos vamos a quedar sin el caramelo». «Además, cuando vamos a votar», añade, «no tenemos que pensar qué es lo que me van a dar, porque los políticos no nos van a dar nada: es nuestro dinero, el de todos. Lo que necesitamos es que gestionen bien nuestro dinero, nuestro patrimonio, nuestra educación, nuestra salud… Y si tenemos buenos gestores, estaremos todos bien».

 

Sobre la postura que debería mantener la Iglesia como institución, sostiene que «está bien que dé sus pautas, porque tiene una Doctrina Social que debería cumplirse. Pero tenemos que tener mucho espíritu crítico. Porque a veces confundimos la Doctrina Social con soflamas. A veces los cristianos confundimos la Doctrina Social de la Iglesia con una izquierda radical».

 

El mayor peligro que se cierne en este momento sobre los votantes, en su opinión, es la utilización de los sentimientos: «Los mayores errores se cometen cuando haces las cosas con el  corazón sin haber racionalizado. Todos los extremismos son malos. Y algunos partidos están tirando mucho de corazón, nos están utilizando de arriba abajo».

 

Consciente de que no hay ningún partido con el que se pueda identificar plenamente un cristiano, sugiere que cada uno, según su personalidad, tiene muchos espacios donde poder encajar. «Pero tampoco toda opción es válida. No todo es blanco o negro, hay muchos matices de grises. Por ejemplo, ahora con el debate de la eutanasia: Puedes decir sí a una muerte digna. Pero ¿cómo lo van a legislar? Es que no te han puesto toda la letra encima de la mesa. Eso es firmar un contrato en blanco. Ese tipo de cuestiones son las que tenemos que plantearnos. Y el legislador tiene que legislar para todos. Eso es lo difícil. Las leyes no están para que yo obligatoriamente haga algo que yo no quiero, tienen que estar para que libremente yo pueda escoger», concluye.

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