Fiesta del Corpus. Fiesta de Cáritas

Mensaje del arzobispo de Burgos, don Fidel Herráez Vegas, para el domingo 23 de junio de 2019.

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Celebramos hoy la fiesta del Corpus Christi. Es una de esas fiestas que el calendario cristiano ha puesto en letras rojas y que el Pueblo de Dios celebra con especial cariño y devoción. La fe se ha hecho cultura en tantas manifestaciones como podemos contemplar estos días en nuestra geografía burgalesa. Ante el Misterio de la Eucaristía nos podemos acercar desde diferentes perspectivas; también la fiesta y la celebración forman parte constitutiva de esta aproximación. Hoy nuestra fe se centra de modo especial en Jesucristo Eucaristía, «Cuerpo entregado y sangre derramada», memoria perenne del inmenso amor de Dios por nosotros; y tenemos la alegría no solo de celebrar este Misterio sino también de alabarlo, adorarlo y cantarlo por las calles de nuestra ciudad.

 

Todos sabemos que la Eucaristía culmina el proceso de la iniciación cristiana. Además, la riqueza que encierra no puede expresarse con un único nombre, por lo que tenemos términos diferentes en función de los aspectos que se trata de subrayar: misa, banquete, comunión, sacrificio, fracción del pan… Por eso, los cristianos reconocemos que ella es fuente y cúlmen de la vida eclesial y de «toda vida cristiana» (LG 11). Y es que, en torno al altar, la Iglesia se reúne para hacer presente el Misterio total de entrega de Jesús en la Cruz. Hoy el Señor nos sigue hablando en silencio, en el Misterio de la Eucaristía, y cada vez nos recuerda que seguirle quiere decir salir de nosotros mismos y hacer de nuestra vida no una posesión nuestra, sino un don para Él y para los demás.

 

No extraña, por tanto, que la celebración del Corpus sea también la fiesta de Cáritas. De esta manera se visibiliza la unidad intrínseca entre la Eucaristía y los pobres. Hace pocos días nos lo recordaba el Papa Francisco en una de sus homilías: «La Eucaristía y los pobres, tabernáculo fijo y tabernáculos móviles: allí se permanece en el amor y se absorbe la mentalidad del pan partido; allí se comprende el cómo del que habla Jesús: dando todo, no reteniendo nada para sí mismo».

 

En efecto, detrás de cada pobre se esconde Jesús mismo. Ellos son «tierra sagrada» que esconde el Misterio de la Encarnación. En su carne herida podemos tocar y palpar las propias llagas de Cristo que se prolongan en la historia y que Él mismo nos encomienda su cuidado. Así lo podemos escuchar en diferentes pasajes evangélicos que recordamos: «Lo que hicisteis a uno de estos mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis». «Dadles vosotros de comer». «Pobres siempre tendréis con vosotros». En todas estas expresiones recibimos y acogemos el mandato de Jesús de hacernos cargo de los más pequeños y con su mismo estilo evangélico.

 

Esto es, ni más ni menos, lo que Cáritas pretende realizar. Por eso, cuando en mis Visitas Pastorales me acerco a alguna de las realidades de Cáritas no me canso de afirmar que allí se «huele a Evangelio». Allí está la mano cercana de la Iglesia entregada al mundo de la exclusión y de la pobreza. Allí se visibiliza la caridad organizada y el compromiso comunitario de una Iglesia que quiere ser pobre y para los pobres. Allí el amor no es de palabras, sino de obras.

 

Precisamente, Cáritas Diocesana ha presentado esta semana su Memoria de actividades del año pasado. En ella se nos presenta su importante y fundamental trabajo en favor de nuestra sociedad. Como se puede leer, a través de sus programas y servicios, y gracias a la labor de sus 800 voluntarios y de sus técnicos, han acompañado a más de 6.000 familias de nuestra Diócesis. Son cifras que nos hablan de una situación de exclusión social que se está enquistando en nuestra sociedad. Así nos lo acaba de decir el informe FOESSA, recientemente publicado, que nos previene de una situación donde crece la desigualdad y donde la precariedad y vulnerabilidad de muchos hermanos nuestros es lo habitual.

 

Por todo ello es fundamental animar y acompañar la actividad de Cáritas en nuestras comunidades cristianas. Contemplando el Misterio de la Eucaristía, percibimos la urgencia del amor que nos invita a salir al encuentro de los demás. Es importante que busquemos ese equilibrio necesario en nuestras comunidades que refuercen, junto a la evangelización y la celebración, la dimensión caritativa. Es fundamental que, también desde Cáritas, se profundice en el necesario equilibrio entre voluntariado y técnicos, entre comunidad y organización, entre financiación e identidad… Gracias a todos los hombres y mujeres que sois el rostro de la caridad en nuestra Diócesis de Burgos. Os invito a beber del Misterio de la Eucaristía para que vuestra entrega sea cada día más evangélica y generosa. ¡Ojalá la celebración del Corpus imprima hoy en todos nosotros la huella de que Dios nos ama y que estamos llamados a amar!

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