La diócesis de Burgos celebra los 798 años de la Catedral, un edificio vivo

El arzobispo, Fidel Herráez Vegas, ha presidido esta mañana la misa solemne del aniversario de la Dedicación de la Seo.
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Hace hoy 798 años se ponía la primera piedra de la Catedral de Burgos y numerosos fieles, autoridades y ciudadanos han querido sumarse a este cumpleaños participando en la misa solemne de la Dedicación del templo, presidida por el arzobispo, don Fidel Herráez Vegas, con quien han concelebrado el obispo de Puyo (Ecuador), el burgalés monseñor Rafael Cob, y el abad de San Pedro de Cardeña, dom Roberto de la Iglesia. Junto a ellos, el colegio de canónigos y una representación del clero diocesano.

 

En puertas de la celebración de la Asamblea Diocesana, y a doce meses del Año Jubilar, el pastor de la Iglesia burgalesa ha insistido en su homilía que lo que la realidad que hoy celebramos es que «no estamos meramente ante un conjunto arquitectónico, no estamos solo ante la presencia de un edificio bellísimamente artístico», recordando que lo que le dio origen fue la fe cristiana y no la estética.

 

«No es un edificio de piedras, sino un edificio vivo. Una catedral es un edificio vivo porque está hecho para la vida de la comunidad cristiana. Es el edificio donde una comunidad diocesana tiene el centro. El fundamento es Cristo. Los demás somos todos servidores de la comunidad en este templo». Aludiendo a la lectura de la Primera Carta de San Pablo a los Corintios, ha recordado que «todos nosotros somos templos vivos y somos piedras de este edificio».

 

«No perdamos el alma de este templo»

 

«Sería lamentable que nos quedáramos solo en la consideración externa de ver que tenemos un templo precioso, que es Patrimonio de la Humanidad…», ha insistido. «Por supuesto, eso es estupendo, pero nos quedaríamos en la superficie porque lo que le da contenido y vida es la presencia del Señor muerto y resucitado, que es el origen de la Iglesia. No perdamos nunca el alma de este templo catedral fijándonos en aspectos que, siendo bellos y estupendos, no son el centro ni lo más importante. Son signos que nos tienen que llevar a ese centro».

 

El arzobispo ha incidido especialmente en que «la iglesia no es una estructura que se crea por conveniencia, por estrategia, por táctica. La Iglesia no nace de nuestra voluntad. Nace del amor de Dios. Lo fundamental de la Iglesia es que es Pueblo de Dios en camino, comunidad. Y esa comunidad, en una Iglesia diocesana, tiene su expresión viva en el templo catedral. Vivamos este templo en su marco y en su vivencia adecuada: Celebremos con gozo, con alegría, con agradecimiento, con compromiso, el hecho de esta magnífica catedral que tenemos, pero siempre llenándola de la auténtica vida que tiene», ha concluido.

 

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