Proyecto Raquel: un itinerario de sanación y reconciliación tras un aborto

Con este programa, la Iglesia ofrece un itinerario de reconciliación y sanación para que el dolor no destruya a las personas que han participado en un aborto.

proyecto raquel

 

«Un aborto destruye dos vidas. Queremos ayudarte a recuperar una: la tuya». Esta es la tarjeta de presentación del Proyecto Raquel, un camino de sanación y reconciliación que ofrece la Iglesia católica a personas que sufren después de un aborto provocado. En Burgos, así como en otras 40 diócesis españolas, un equipo formado por diez personas y que incluye sacerdotes, psicólogos, una matrona y orientadores acompaña desde hace ocho años a personas que han pasado por esta experiencia. Siempre de forma confidencial, estrecha y desde una mirada misericordiosa.

 

La iniciativa surge en los años 70 en Estados Unidos, cuando muchos sacerdotes constatan que hay mujeres que «después de haber abortado se confiesan una y otra y otra vez», explica Isabel Muñoz-Cobo Cique, coordinadora de Proyecto Raquel en Burgos, ligado al COF, el Centro Diocesano de Orientación Familiar. «Es decir, aunque Dios ya las ha perdonado, ellas no se perdonan a sí mismas, hay una gran culpabilización o tienen un sufrimiento muy grande en el corazón, porque el problema no siempre es que no se perdonen, sino que sienten un peso muy grande y la única vía de desahogo que encuentran es la confesión. Claro que el sacramento borra ese pecado, pero confesarse no consigue traerles la paz, consigo mismas o con la situación».

 

Esa constatación, no solo por parte de los sacerdotes, sino de otras personas involucradas en la pastoral y también por psiquiatras, psicólogos, médicos de cabecera, matronas, profesores… que identifican este síndrome post aborto, fue la que llevó a «proponer un camino para que la persona tenga una experiencia de la misericordia de Dios: que pueda comprender lo que pasó, pueda integrarlo en su vida, sentirse en paz, pueda perdonarse… un acompañamiento psicológico espiritual, para que ese perdón de Dios que es real les cale como para llegar a producir la paz que ellas necesitan».

 

Es entonces cuando se diseña un itinerario con unas sesiones concretas, con un principio y un fin, en el que lo más importante es que la persona se sienta acogida, no juzgada, recalca Isabel. «Cuando uno vive algo doloroso es difícil pedir ayuda. Casi lo fundamental es que quienes formamos parte del proyecto seamos verdaderamente reflejo de misericordia porque si estas personas intuyen un mínimo de juicio, un mínimo de rechazo o un mínimo de superioridad, es muy difícil que experimenten el amor de Dios que todos necesitamos y se fíen. Proyecto Raquel no es solo una metodología, sino un equipo diocesano. Las personas que somos consejeras tenemos una formación, sí, pero lo más importante es que tengamos un corazón que acoja, que mire con misericordia, que se compadezca con el sufrimiento».

 

El Proyecto no está restringido a personas creyentes («al margen de religiones o creencias hay una conciencia, un arrepentimiento espiritual hondo, espiritual en cuanto que no es solamente psicológico, está en la naturaleza humana», apostilla Isabel) sino a todo aquel que está sufriendo el síndrome post aborto. Esto incluye también a hombres (una de cada cuatro personas que acude a proyecto Raquel es varón): «El síndrome post aborto afecta a la pareja de la mujer tanto si intentó convencerla para que abortara como si intentó convencerla para no abortar, como si se entera posteriormente de que ha perdido un hijo… Y afecta a los hermanos del bebé abortado, si los hay o nacen posteriormente, y a los abuelos, que en muchos casos, sobre todo cuando se trata de chicas jóvenes, han presionado para acabar con ese embarazo. El itinerario está pensado para todas las personas involucradas en el aborto porque también están afectadas por el aborto», insiste la coordinadora».

 

Ellos también lo sufren

 

El síndrome se manifiesta a través de múltiples síntomas, muchos de ellos compartidos por los que han vivido la experiencia. En las mujeres son frecuentes los trastornos afectivos y emocionales, como pérdida de autoestima, inestabilidad emocional, angustia, culpa, tristeza, ansiedad, depresión, trastornos relacionales, agresividad, irritabilidad, incapacidad de mantener relaciones duraderas, aislamiento social, rechazo de la figura masculina, y también trastornos de alimentación, trastornos del sueño, o algunos más específicos de la mujer que ha abortado, como el síndrome del aniversario (tanto del día en que se practicó el aborto como de la fecha en que el bebé debería haber nacido), la obsesión con embarazadas y con bebés, el hijo sustitutivo…

 

En el varón, el síndrome post aborto puede manifestarse en forma de rabia o ira, deterioro de la propia imagen como hombre, impotencia, grave preocupación por la pareja, uso y abuso de alcohol y drogas, conductas de riesgo, pensamientos obsesivos con el hijo perdido, pesadillas, ideas suicidas, abuso emocional y maltrato conyugal, y a veces activismo pro vida exagerado.

 

El itinerario de sanación y reconciliación consta de unas fases definidas, pero que se van ajustando a lo que cada persona puede y quiere hacer, porque se respeta, sobre todo, su libertad. «Si se le propone una tarea y esa persona tiene mucho bloqueo, no se la fuerza a cumplir ninguna fase. Sí que hay unos pasos que se ha comprobado que son efectivos para ayudar y para aliviar, pero nos da mucho respeto ponernos delante de alguien que sufre. ¿Quién soy yo para decir que yo te voy a curar? No, yo no te curo, yo te ayudo a que tú hagas un camino y aquella herida que tienes en el corazón se sane, el único que cura es Cristo». Por tanto, el itinerario tiene siempre mucho que ver con la historia de la persona y con la situación en la que llegue en ese momento.

 

Algo muy común al principio de vivir el síndrome post aborto es la negación del sufrimiento. «Lo típico de haber vivido una experiencia traumática es negar que sufres por ello. Y no solo cuando has vivido un aborto. En cualquier experiencia traumática se pasa por la fase de negación. También cuando has sufrido en un abuso sexual, una violación, malos tratos, hay negación».

 

Así pues, la primera tarea es mirar de frente la realidad y hacer entender a la mujer que lo que le ocurre a ella les pasa a muchísimas mujeres que han pasado por la misma experiencia. «El problema es que como legalmente se puede abortar, la gente que sabe que esa mujer ha abortado y la ve sufrir le dice que tiene que dejar de hacerlo, que ha sido su elección voluntaria, con lo cual todo se complica. Y no es correcto decir que aborten voluntariamente», sostiene Isabel, «A menudo hay mucha presión por parte de algunos médicos y trabajadores sociales y sobre todo del entorno».

 

Una vez aceptada esa realidad, la de la herida –«no se trata de regodearse en el propio dolor, sino de que el dolor que ya hay se integre»–, el segundo paso es el perdón y la reconciliación, con una misma y con los «facilitadores», ya que a menudo hay mucha ira hacia las personas que han tenido que ver con el aborto (muchos de los padres no se dan cuenta de la herida que puede nacer de ahí en la relación con su hija cuando han sido ellos quienes han presionado para que abortase) y lo mismo ocurre con las relaciones de pareja: es habitual que la mujer decida abortar presionada por su pareja y después del aborto se termine rompiendo esa relación. Incluso cuando una mujer ha puesto fin a a su embarazo porque pensó que su bebé podría dificultar sus estudios o su trabajo, a veces esas facetas también se resienten. El centro de Proyecto Raquel no es la herida, sino la Misericordia que sana las heridas, no se trata de aliviar el dolor sino de abrir a la persona a una vida nueva en Cristo y transformar la memoria del sufrimiento.

 

La última fase, como después de cualquier pérdida, es ayudar a pasar el duelo, un duelo no reconocido y que a menudo la persona no ha tenido herramientas para superar. «Para cualquier madre la muerte de un hijo, en las circunstancias que sea, provoca un gran dolor. Cuando pierdes a alguien, siempre sufres… Pero se puede conseguir que esa tristeza no te destruya», concluye la psicóloga.

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