Imagen del mes de septiembre: El nacimiento de la Virgen María

El relieve que hoy nos ocupa forma parte del retablo de la Concepción o de Santa Ana de la Catedral y es una de las obras más singulares de Gil de Siloé.
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El retablo inmaculista de la Capilla de Santa Ana de la Catedral de Burgos es una de las obras cumbres de la escultura tardogótica europea. El abrazo jubiloso de Ana y Joaquín ante la Puerta Dorada de Jerusalem, en el centro del retablo, es un símbolo de la Concepción inmaculada de María. Por otra parte, sólo Ana está nimbada y en el relieve del nacimiento de la Niña, Joaquín no aparece. Realizado por Gil de Siloé en los años 1483-1486, es el primer gran retablo totalmente escultórico castellano. El policromador del conjunto fue su habitual colaborador Diego de la Cruz. El obispo Luis de Acuña fue el comitente que encargó este retablo para su capilla funeraria.

 

Obedeciendo las indicaciones angélicas, Joaquín y Ana se reencuentran ante la Puerta Dorada de Jerusalem, escena que se halla en el centro del retablo. Después, llega el tiempo del nacimiento de la Niña. Es un acontecimiento con abundante representación en el arte. Isabel de Villena relata este hecho en su Vita Christi. Se trata de un nacimiento importante, en el que puede estar Joaquín, generalmente en un lugar apartado como suele suceder con José en el nacimiento del Señor, o no aparecer. La importancia se concentra en Ana, lo cual expresa veladamente la falta de participación de Joaquín en el nacimiento de María.

 

Estamos ante una obra maestra de Gil de Siloé, una de las más singulares por los procedimientos utilizados. El escenario parece más propio de una pintura que de un relieve. Para el grupo de las seis escenas que aparecen en este retablo, entre ellas la que estamos contemplando, debió tomar como modelos pinturas contemporáneas, sobre todo flamencas. En principio puede considerarse que es una obra deudora de la pintura. Para conseguir la fuerza de la profundidad, el artista hace que la parte más saliente avance como si fueran las caras de un diedro; de esta forma el dosel que cobija la cama resalta porque es real, las cortinas cuelgan. Ana está real y no ficticiamente, bajo el dosel.

 

En la escena hay siete mujeres exclusivamente. La mayor densidad de las figuras se concentra en la parte derecha donde dos mujeres atienden a Ana, aunque no parece que necesite ayuda, ya que está leyendo tranquilamente recostada en el lecho. Se trata de una actitud infrecuente en las mujeres de aquella época, pero quizás se pretende resaltar la fama de mujer sabia que posteriormente enseña a leer a su hija. Esta actitud de madre y maestra de María crea un modelo iconográfico nuevo, en el que Ana lleva en su regazo o sostiene en sus brazos a su hija, mientras le muestra un libro abierto, indicando con su dedo que le está enseñando a leer. Sólo Ana y María están nimbadas.

 

De estas dos mujeres que asisten a Ana, la de la izquierda ha perdido las manos y ahora sostiene una bandeja que no es la original, quizás la original fuese algo similar. Va vestida con lujo y con un tocado de origen morisco. La que extiende la mano con un plato lleva en la cabeza una cofia de trenzado.

 

Una cofia similar también la utiliza la muchacha arrodillada en primer término. Su compañera lleva la toca que corresponde más comúnmente a una mujer de cierta edad. Estas dos mujeres sostienen en sus brazos el cuerpo desnudo de la recién nacida y parece que van a cubrirlo con el paño blanco. Bajo ellas se encuentra una especie de brasero. En otras obras, como el Misal Rico de Cisneros, se ve a una mujer que seca o calienta un paño también blanco al calor de unos carbones encendidos, que están esperando Ana y la otra sirvienta para envolver a María.

 

La fiesta de la Natividad de María tuvo su origen en Oriente, y su génesis se remonta al siglo V: la dedicación en Jerusalem, de una basílica en el lugar en donde se supone que nació la Virgen, hoy basílica de Santa Ana. Coincide esta celebración con el principio del año litúrgico bizantino y está considerada como la raíz de todas las fiestas, ya que con el nacimiento de la Virgen comienza a cumplirse la historia de salvación. El número ocho simboliza el renacimiento por el Bautismo, la Resurrección. Ocho son asimismo los lados de la pila bautismal y octogonal es la planta de los baptisterios. El número ocho representa lo intermedio entre la materia y el espíritu: es el número de los ángeles.

 

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