«La misión no es algo que uno escoge, es algo que se recibe»

La delegación de Misiones presenta la Jornada del Domund y el Mes Misionero Extrardinario, con un significado muy especial para nuestra diócesis por su tradicional actividad misionera.
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El 30 de noviembre se cumplen 100 años de la publicación de la carta apostólica Maximum Illud de Benedicto XV, con la que, después de la Primera Guerra Mundial, se dio un impulso a las misiones. Con este motivo, el papa Francisco decidió convocar el Mes Misionero Extraordinario, que estamos celebrando este octubre con el lema «Bautizados y enviados, la Iglesia de Cristo en misión por el mundo». Para la diócesis de Burgos, este Mes Misionero Extraordinario tiene un significado especial. El 30 de abril de 1919, el papa Benedicto XV escribía una carta al recién nombrado arzobispo Juan Benlloch, mes y medio antes de que tomara posesión de la diócesis burgalesa, para encargarle «procurar por cuantos medios estén a tu alcance que dentro de los muros de Burgos se formen aptos para el caso, jóvenes escogidos del Clero que se sientan llamados por Dios para evangelizar…». Y el 3 de diciembre de 1920 se inauguraba en Burgos el Seminario Nacional de Misiones, lo que convertiría a la diócesis en un semillero de vocaciones a la misión y dotaría de una gran actividad misionera en todas las parroquias de las diócesis, hasta en el pueblo más pequeño.

 

Hoy, aunque las cifras han descendido, Burgos sigue siendo una de las diócesis españolas con más misioneros, concretamente 620, de los cuales 329 son hombres y 291 mujeres. La gran mayoría de ellos son religiosos (281 religiosos y 272 religiosas), 32 son sacerdotes diocesanos, 28 laicos, 7 obispos y 9 familias misioneras. La presencia burgalesa alcanza a los cinco continentes: 427 misioneros en América, 70 en África, 93 en Europa, 29 en Asia y 1 en Oceanía. Son algunos de los datos que se han dado a conocer en la presentación del Día del Domund –que se celebrará el día 20–, en la que han participado el delegado diocesano de Misiones, Ramón Delgado, y los misioneros burgaleses Jesús Ruiz Molina, obispo auxiliar de Bangassou (República Centroafricana) y Presentación López Vivar, religiosa de las Hermanas de San José de Gerona, regresada de Rubare (República Democrática del Congo).

 

Todos somos misión

 

«La misión no es algo que algo que uno escoge, es algo la misión es algo que se recibe», ha defendido monseñor Ruiz, que leva 31 años en África, los 15 primeros en el sur de la República del Chad, en una Iglesia que daba sus primeros pasos «bajo los árboles». «Una Iglesia viva que les atrajo porque se dieron cuenta de que el evangelio les llevaba vida». De aquel territorio de sabana el misionero se desplazó al sur de la República Centroafricana, a la selva, donde durante casi nueve años trabajó con el pueblo pigmeo, «despreciado y vejado, no se consideran ni personas», intentando transmitirles que «ellos también tienen derechos, que son hijos de Dios». Su orgullo, ha asegurado, es que cuando dejó esa zona los pigmeos ya estaban un poco integrados, entraban en la iglesia». Cuando viajó allí el papa, hace dos años, 76 personas peregrinaron juntas durante cuatro días y se creó una complicidad muy grande.

 

Hace dos años, cuando este misionero comboniano se disponía a regresar a España para trabajar en Justicia y Paz, el Papa le nombró obispo auxiliar de Bangassou, una región done un tercio de la población está desplazada y donde actúan 15 grupos guerrilleros que mantienen en país en constante guerra. A pesar de la extrema violencia que azota la vida diaria en su diócesis, la Iglesia, que tiene acogidos a 2.100 musulmanes desde hace dos años –«la misión es la defensa de la vida, de toda vida» ha subrayado– decide permanecer allí. «Dios está en medio de nosotros, en medio de la guerra. Y nos quedamos hasta dar la vida», en un territorio donde han sido ya muchos los cristianos asesinados, en el último año cinco sacerdotes y la religiosa burgalesa Inés Nieves Sancho.

 

«La misión es el desbordamiento del amor de Dios. No hemos ido allá a hacer adeptos, sino para comunicar el amor de Dios. Y todos somos misión, todo bautizado es misionero. O la Iglesia es misión o no es la Iglesia de Jesucristo, por muchas cosas que hagamos», ha concluido.

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