Adviento, tiempo de espera y de esperanza

Mensaje del arzobispo de Burgos, don Fidel Herráez Vegas, para el domingo 1 de diciembre de 2019.

adviento

 

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Anunciad a los pueblos y decidles: «Mirad, viene Dios, nuestro Salvador». Estas palabras las proclama toda la Iglesia en la liturgia de las vísperas del primer domingo de Adviento, que celebramos hoy. Comienza un nuevo año litúrgico y desde el principio se nos invita a renovar el anuncio de la salvación a todos los pueblos. La expresión «viene» está escrita en presente. No estamos ante un hecho que ya ocurrió o que está por venir. Dios viene aquí y ahora, en cualquier momento Dios viene. Viene a nuestra vida y, a través de nosotros, quiere seguir entrando en la historia de la humanidad. Adviento es el tiempo litúrgico que nos invita a preparar la Navidad. Es un tiempo de espera y de esperanza. Pero más que un tiempo tiene que ser una actitud.

 

Algunos Santos Padres, como S. Bernardo, hablaban de los tres Advientos, las tres venidas del Señor: la que aconteció hace dos mil años cuando vino en la humildad de nuestra carne; la que acontecerá al final de los tiempos, cuando Él vuelva en su gloria; y la que deseablemente acontece en la vida del creyente que acoge al Señor. Por eso, la actitud de un cristiano no es la nostalgia de aquella primera llegada de Jesucristo en Belén, ni tampoco el temor por la última venida, al final de los tiempos. La actitud de un cristiano que quiere celebrar en serio la venida cotidiana de Dios, es precisamente la de abrirse a su venida, preparando los caminos, como se nos recuerda en la liturgia de este tiempo de Adviento: «Preparadle un camino al Señor, allanad la estepa, alzad los valles, abajad las colinas, enderezad lo torcido, igualad lo escabroso…» (Is 40,3-5).

 

Durante estas cuatro semanas estamos invitados a preparar la Navidad cristiana, revisando personalmente nuestros senderos para ponerlos en sintonía con los caminos por los que Dios quiere llegar a cada uno de nosotros. Vivamos el Adviento como un tiempo de gracia, de conversión y espera y sobre todo de esperanza, porque nos sitúa ante el rostro amoroso de Dios que se nos desvela en su Hijo, Jesucristo. Atentos a la Palabra de Dios que se nos regala en este domingo primero, quisiera destacar tres actitudes para vivir este tiempo:

 

En primer lugar hemos de estar vigilantes: «Estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre» (Mt 24,44). Como expresa el Papa Francisco, «el Adviento nos invita a un esfuerzo de vigilancia, mirando a nuestro alrededor y más allá de nosotros mismos, alargando la mente y el corazón para abrirnos a las necesidades de la gente, de los hermanos y al deseo de un mundo nuevo. Este es un tiempo oportuno para abrir nuestros corazones al Señor y a los demás, para hacernos preguntas concretas sobre cómo y por quién gastamos nuestras vidas».

 

La segunda actitud es la oración, que está estrechamente vinculada con la vigilancia y con la conversión del corazón, «pues ya es hora de despertar del sueño» (nos dice hoy San Pablo)… «dejemos pues las obras de las tinieblas y pongámonos las armas de la luz»…, «revestíos más bien del Señor Jesucristo» (Rom 13, 12-14). En la oración, como nos dice también el profeta Isaías, «el Señor nos instruirá en sus caminos y marcharemos por sus sendas» (Is 2,3-4). Es, pues, tiempo de rezar, de poner los pensamientos y el corazón en Jesús, suplicando su venida.

 

Y en tercer lugar, vivamos nuestra esperanza en clave eclesial. El Adviento es un tiempo favorable para caminar, personalmente y como comunidad diocesana, alegres y esperanzados. Durante este Adviento os invito a ir conformando los Grupos de la Asamblea diocesana para hacer juntos ese camino renovador que nos proponemos, buscando una Iglesia más misionera y más comprometida con el Reino de Dios en la tierra… «porque ahora la salvación está más cerca de nosotros que cuando abrazamos la fe» (Rom 13,11). El Adviento es un tiempo para que los cristianos nos unamos, con una mirada universal, a todos los hombres que buscan, que quieren y trabajan por un mundo más justo y fraterno, a cuantos albergan el deseo de la justicia y de la paz.

 

Que Santa María, Señora del Adviento, disponga nuestros corazones para acoger la venida del Señor, con la sencillez de su fe, la fuerza de su esperanza y la profundidad de su amor. ¡¡VEN, SEÑOR, JESÚS!!

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