Aranda de Duero y Miranda de Ebro rezan por la unidad de los cristianos

Las parroquias de Santa María y del Espíritu Santo acogieron la pasada semana oraciones para implorar la unidad entre los seguidores de Cristo.
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Las parroquias del arciprestazgo Santo Domingo de Guzmán organizaron el pasado sábado en la parroquia de Santa María de Aranda de Duero una oración especial por la unidad de los cristianos, justo en el día que concluía este octavario, coincidiendo con la fiesta de la conversión del apóstol San Pablo.

 

En el acto participaron cerca de 100 personas, si bien este año por motivos personales no pudieron participar miembros de las otras comunidades cristianas, como son evangélicos y ortodoxos. Esto no restó que los católicos de la Ribera se reunieran para a tener un encuentro de oración, que finalizó en torno a la pila bautismal con la renovación de las promesas bautismales y el signo de la luz y del agua, que recuerdan que es precisamente en la fuente del bautismo donde nace la identidad cristiana, en la fe en Cristo Salvador. Presidió la oración el padre Víctor Cabezas, acompañado por sacerdotes de todas las parroquias de Aranda. Con este gesto quisieron hacer palpable en Aranda de Duero la oración que desde todas las Iglesias se eleva a lo largo de esta semana a Dios para pedirle el don de la unidad.

 

También en Miranda

 

De igual modo, la pasada semana tuvo lugar en Miranda de Ebro una oración ecuménica arciprestal. La cita fue en la parroquia del Espíritu Santo y a ella acudieron miembros pertenecientes a las diversas Iglesias cristianas de la ciudad.

 

La vigilia, presidida por representantes de las diversas confesiones, se desarrolló en torno al lema «nos mostraron una humanidad poco común», en referencia a la acogida que San Pablo y otros cristianos recibieron al llegar a Malta tras una tormenta marítima. Una barca acompañó como símbolo la oración, en la que se rogó especialmente por la reconciliación, la iluminación, la esperanza, la confianza, la fortaleza, la hospitalidad, la conversión y la generosidad necesarias para lograr la unidad de los cristianos.

 

Al finalizar la oración, los asistentes pudieron compartir un chocolate caliente en los salones parroquiales, y así fortalecer lazos de unión y convivencia. Un buen final para el evento, coordinado por la comisión arciprestal de liturgia en colaboración con el grupo Cristo Joven y otras Iglesias cristianas.

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