La precariedad laboral se ceba con los inmigrantes

El último círculo de silencio denunció que la pobreza severa afecta el 38% de los hogares con origen inmigrante y reclamó un cambio económico político y social para revertir la situación.
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La precariedad laboral está tan extendida y aceptada en España que contar con un empleo no asegura unas condiciones de vida dignas. Así, en uno de cada cinco hogares en situación de pobreza severa, la persona sustentadora principal está activa, pero en inestabilidad laboral grave. Fue la denuncia que ayer se escuchó en la última edición de Círculos de Silencio. Militantes de HOAC recordaron cómo tener un trabajo ya no es sinónimo de evitar la pobreza y la exclusión. Y aunque puede afectar a todos, de hecho el colectivo de trabajadores migrantes tiene tasas mucho más altas de precariedad que el resto de la población.

 

Según el último informe FOESSA, el 11% de los hogares están en pobreza severa, pero esta cifra se triplica hasta alcanzar el 38% si hablamos de hogares de origen inmigrante. «La pandemia ha intensificado situaciones de exclusión críticas para la población de origen inmigrante y ha convertido en crónica su obvia posición de desventaja», se leyó ayer en un manifiesto.

 

Al grito de «la persona es lo primero», en la concentración de ayer se reclamó un «cambio económico, político y social en las instituciones, en el mercado de trabajo y en la cultura imperante». Solicitaron «políticas sólidas de equidad y solidaridad con esta población que se encuentra segregada, ocupando los niveles sociales más desfavorecidos y con graves dificultades en los ámbitos del empleo, la vivienda y la pobreza». Y con el papa Francisco recordaron a los presentes que «no existe peor pobreza que aquella que priva del trabajo y de la dignidad del trabajo» (Fratelli Tutti 162).

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