25 años trabajando por la dignidad de las mujeres

El programa Betania de las adoratrices que trabaja para restaurar la dignidad de las mujeres víctimas de explotación sexual y en situación de prostitución cumple 25 años.
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El pasado 15 de junio se celebraba la fiesta de Santa María Micaela, fundadora de las religiosas adoratrices del Santísimo Sacramento. Una congregación que trabaja sin descanso por restaurar la dignidad de las mujeres víctimas de la trata y de la explotación sexual y que cumplen 160 años de presencia en Burgos. Además, también se celebran este año el 25 aniversario de la puesta en marcha de su proyecto Betania en la ciudad, un programa de apoyo para las mujeres en exclusión, prostitución y víctimas de trata con fines de explotación. 

 

En todo este tiempo han cambiado las cosas, antes se ponía el foco en las mujeres y ahora se trata de mirar a otros problemas, como las redes que hay detrás o los consumidores de prostitución. «La peor parte de este problema se la llevan las mujeres, pero hay otras partes implicadas y otros actores. Si hay mujeres es porque, de alguna manera, se permite, se consiente y porque hay una demanda», denuncia Consuelo Rojo, adoratriz y directora del Secretariado de Trata. Es una realidad muy «poliédrica», con muchas caras y «hay que mirarlas todas».

 

La prostitución ha ido variando a lo largo de los 160 años de historia en los que las adoratrices han estado presentes acompañando esta realidad en la ciudad de Burgos: «Hay escritos de hermanas que describen una situación muy dramática, donde las mujeres no eran nadie, eran expulsadas de la sociedad, situaciones de mucha violencia», explica Consuelo. Ahora, esa violencia física –aunque también existe– deja paso además, a la violencia «psicológica y social». Lo que deja entrever que, aunque la situación de la prostitución cambie, «el daño que genera a las mujeres no ha cambiado».

 

En cuanto a la legalidad o no de esta práctica, también ha habido variaciones, «hemos pasado por momentos donde se ha considerado que había que reglamentar la prostitución porque era un trabajo más, y otros donde se ha considerado que había que abolirla porque es una forma de violencia hacia las mujeres». Actualmente, todo parece indicar que es momento de la segunda opción, donde se considera que la prostitución es una forma más de violencia hacia las mujeres. Pero, a pesar de que a nivel social se esté viviendo este momento aparentemente «favorecedor», todo el debate que se genera alrededor –sobre todo político– «no favorece el acompañamiento a las mujeres». Para Consuelo, sigue tratándose de un «tema pendiente». 

 

Escucha el podcast completo aquí:

 

El programa Betania, de las religiosas adoratrices, trata de apoyar a estas mujeres a través de dos métodos de actuación: el acompañamiento y los recursos residenciales. «El año pasado contactamos con más de mil mujeres» y la cara de la prostitución que se ve en este proyecto es de mucha vulnerabilidad, «a las mujeres se les hace mucho daño. No es un oficio sino una actividad que, en un momento determinado de sus vidas, está ahí por diferentes circunstancias», recalca Consuelo.

 

Mirando al presente y al futuro, lo que se ve es una realidad bastante compleja en la que, por un lado, existen más campañas que nunca a favor de la mujer, pero, por otro lado, también han aumentado las agresiones hacia ellas. «Estamos educando a las generaciones más jóvenes a través de la prostitución y la pornografía, diciéndoles que la sexualidad es violencia, humillación y vejación de unas personas que tienen el poder sobre otras», denuncia Consuelo.

 

La realidad de acompañamiento a todas estas mujeres es muy «del día a día». Se trata de un trabajo muy lento, que requiere mucha paciencia y para el que cuentan con un equipo multidisciplinar con psicóloga, trabajadoras sociales, etc. «Nosotras sembramos pero sabemos que ni siempre vamos a recoger, ni cuándo recogeremos los frutos», señala la adoratriz. Lo que sí tiene claro es que siempre estarán al lado de las mujeres, «algunas veces de forma silenciosa acompañando y dando la mano; otras gritando y denunciando la situación que viven», concluye Consuelo, que como último reclamo para la sociedad en general pide: «Mirar siempre a las mujeres como ciudadanas de pleno derecho. No son el despojo, ni lo que no queremos. Mirarlas con la dignidad de que son Hijas de Dios».

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