FAE profundiza con el Arzobispado y la CEE en la repercusión social del IRPF asignado a la Iglesia

por Natxo de Gamón,

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En el marco de la campaña Xtantos, Mariola Rilova, ecónoma de la archidiócesis de Burgos, y José María Albalad, director del Secretariado para el Sostenimiento de la Iglesia de la Conferencia Episcopal Española (CEE), han mantenido este martes, 5 de mayo, un encuentro con el Comité Ejecutivo de la Confederación de Asociaciones Empresariales de Burgos (FAE). La reunión, celebrada en la Casa del Empresario, ha servido para profundizar en el destino y la utilidad de la asignación tributaria a la Iglesia vinculada al Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF).

 

Tanto Rilova como Albalad han explicado el funcionamiento de este mecanismo, su repercusión en el ámbito social y desmontaron mitos que, siempre que comienza la campaña de la Renta, vuelven a ponerse en circulación. «Mitos como que marcar la casilla 105 implica pagar más impuestos son completamente falsos. El importe destinado a la Iglesia es una parte total de impuestos que las personas ya han pagado durante todo el año. No se mueve ni un céntimo de la cifra final de la declaración. Otro mito arraigado es que si se marca la casilla 105 se bloquea automáticamente la casilla de fines sociales (106) y es otra falsedad porque ambas casillas son complementarias. La realidad es que el impacto de marcarlas no aumenta los impuestos del contribuyente ni reduce la devolución», han explicado los representantes de la Iglesia.

 

Por todo ello, durante la sesión se ha puesto el foco en la importancia de marcar las casillas 105 (Iglesia católica) y 106 (Fines sociales) en la declaración de la Renta. Ambas permiten a los contribuyentes destinar un porcentaje de su cuota íntegra del IRPF a estos fines de forma voluntaria, sin que ello suponga un coste adicional ni afecte al resultado final de la declaración.

 

Rilova y Albalad han incidido especialmente en el impacto social de esta decisión individual, que han definido como «un ejercicio de democracia fiscal». Los recursos obtenidos a través de esta asignación se integran en un fondo común que permite sostener una amplia red de iniciativas de carácter asistencial y solidario, entre ellas programas de atención a personas vulnerables, acción caritativa y proyectos de inclusión social desarrollados en la provincia.

 

En este sentido, se ha destacado el papel de organizaciones como Cáritas, así como otras iniciativas de voluntariado y conservación del patrimonio, que se nutren de estos fondos y canalizan gran parte de la actividad social vinculada a la Iglesia.

 

El encuentro también ha servido para acercar esta realidad al tejido empresarial burgalés, subrayando cómo una decisión aparentemente sencilla en la declaración de la Renta puede traducirse en un apoyo directo a proyectos con impacto en el entorno más cercano. Porque marcar las dos casillas simultáneamente, la casilla de la Iglesia y la de otras actividades de interés social no se excluyen, no se solapan y no alteran el resultado de la declaración.

 

En la última campaña de la Renta, más de 9 millones de contribuyentes marcaron la casilla 105 al presentar su declaración. Y por ello, para la archidiócesis de Burgos y la CEE, «esto se debe a la importancia de poder ofrecer toda la información acerca de la utilidad de la asignación tributaria». Porque, como han expuesto en la reunión al Comité Ejecutivo de FAE, «la decisión de marcar la casilla 105 y 106 siempre es más fácil de tomar sabiendo que marcarlas no implica pagar más, ni recibir menos y sí implica dar un destino concreto a algo en lo que crees y que además ya habías pagado».

 

Por su parte, Nacho San Millán, presidente de FAE, ha valorado la reunión como «una oportunidad para conocer con mayor detalle el funcionamiento de este modelo y el destino de los recursos», y ha destacado «la importancia de que los ciudadanos dispongan de información clara para tomar sus decisiones con criterio».

Los políticos burgaleses valoran la presencia pública de la Iglesia

por Natxo de Gamón,

 

El Departamento para la Formación Sociopolítica de la archidiócesis de Burgos ha convocado la XVIII edición de sus encuentros con políticos, que ha buscado en esta ocasión de manera particular, escuchar a los servidores públicos, con el marco de la campaña diocesana sobre su percepción de la presencia en la vida pública de la Iglesia en España y en Burgos.

 

Los asistentes se reunieron en el centro de los Jesuitas, en la calle Molinillo, el pasado lunes, 4 de mayo, desde las 19:30h hasta las 21:00h. Para preparar la sesión, previamente se les envió un texto con algunas preguntas propuestas por el Departamento con el fin de que sirvieran de reflexión y diálogo entre todos.

 

El diálogo giró en torno a la valoración de la presencia pública de la Iglesia y su aportación a la sociedad, especialmente en Burgos, así como sus propuestas y sugerencias para conseguirlo.

 

Tras las presentaciones, los asistentes fueron presentando sus reflexiones, en primer lugar, desde lo que cada uno consideraba que era la Iglesia, desde su análisis como institución a la identidad reflejada en sus miembros, desde la jerarquía al resto del Pueblo de Dios, desde la Conferencia Episcopal al párroco o feligrés en un pueblo.

 

Valoraban por experiencia propia, la escuela de valores que ha supuesto en sus vidas el cristianismo, independientemente de las creencias y que ha influido notablemente en muchas generaciones. En cuanto a la presencia, también alguno indicaba que considera que es poca y que resulta poco «pública».

 

Respecto a las propuestas y sugerencias, los participantes consensuaron que la coherencia entre hechos y palabras y la manera de dar la cara ante los errores y dificultades que se dan en todos los ámbitos de la vida pública, contribuirá a mejorar la imagen de la Iglesia en la sociedad, así como el cuidado de los detalles y estar más cerca de las realidades sociales.

La Pastoral de la Salud de Iglesia en Castilla se forma en acompañamiento

por Natxo de Gamón,

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La ciudad de Valladolid acogió la II Jornada de Formación promovida por el Secretariado Interdiocesano de la Pastoral de la Salud de la Iglesia de Castilla (SIPS). Al encuentro acudieron un centenar de personas destacando la amplia representación de la archidiócesis de Burgos.

 

Bajo el título Acompañar el final de la vida, la jornada tuvo como propósito despertar y fortalecer en los asistentes una mirada samaritana capaz de acoger, escuchar y acompañar el sufrimiento humano en el contexto actual. Se trató de una invitación a integrar la fe, humanidad y discernimiento para ofrecer una presencia que cuide, sostenga y abra caminos de sentido y esperanza tanto a los enfermos como a sus familias.

 

La jornada se enmarca en el itinerario formativo del SIPS y estuvo dirigida a los voluntarios de delegaciones pastorales, equipos de parroquias, residencias, centros asistenciales y servicios religiosos entre otros. Un encuentro que volvió a poner de relieve la necesidad de una presencia comprometida, cercana y esperanzadora ante el sufrimiento humano.

 

La formación fue impartida por la pedagoga Elisabeth Carrasco Falcó, responsable del área de Solidaridad del Centro Asistencial San Juan de Dios en Sant Boi, y coordinadora de un amplio equipo de voluntariado. Durante su intervención, Carrasco Falcó puso el acento en las claves fundamentales del acompañamiento en el final de la vida, destacando el rostro de sufrimiento hoy, marcado por la soledad, la pérdida de sentido y la fragilidad.

 

En este contexto, subrayó la importancia del acompañamiento como eje central de la acción pastoral y del cuidado entendido como una forma de evangelización. Así mismo, insistió en la vocación de acoger y escuchar y no abandonar, ofreciendo siempre una presencia cercana que ayude a descubrir sentido incluso en medio del dolor vinculado a la soledad y al abandono, y reiteró la postura de la Iglesia que, desde la valoración moral, lo entiende como una forma de cooperación directa en la muerte de otra persona.

 

La ponente también abordó algunos de los principales desafíos éticos y pastorales de nuestro tiempo, como la eutanasia, el suicidio asistido y los cuidados paliativos. En relación con la eutanasia recordó que la iglesia no responde únicamente desde la norma, sino desde una visión integral de la persona, considerándola una grave vulneración de la ley de Dios. Sobre el suicidio asistido, señaló que con frecuencia expresa un profundo sufrimiento existencial.

 

Por último destacó el valor de los cuidados paliativos como una respuesta profundamente humana y cristiana, una expresión privilegiada de caridad desinteresada que sitúa en el centro la dignidad de la persona y el acompañamiento compasivo hasta el final de la vida.

 

Fue un día muy rico y de gozo en el que también pudimos encontrar una oportunidad para charlar y compartir entre las diferentes delegaciones de la Pastoral de la Salud de la Iglesia en Castilla.

«Hemos sabido escuchar lo que el Espíritu quiere para la Iglesia en Castilla»

por Natxo de Gamón,

 

La archidiócesis de Burgos ha estado representada por una amplia delegación, compuesta por cerca de 40 personas de diferentes estados de vida —laicos, religiosos y ministros ordenados—, en la reciente Asamblea de Iglesia en Castilla, un encuentro que ha tenido como lema Renovados para la misión y que ha reunido a fieles de nueve diócesis de la región para discernir conjuntamente las prioridades pastorales de los próximos años para la Iglesia en Castilla.

 

La cita, enmarcada en el camino sinodal promovido por el papa Francisco, ha tenido como eje central el método de la ‘conversación en el Espíritu’, una dinámica de escucha, diálogo y oración compartida que también se ha empleado en el Sínodo.

 

La participación burgalesa ha destacado tanto por su número como por su implicación en las distintas tareas de la Asamblea de Iglesia en Castilla, desde la aportación en los grupos de trabajo hasta la coordinación de los mismos a través de facilitadores. Una experiencia que, según los participantes, ha estado marcada por la escucha, la comunión y la búsqueda conjunta de la voluntad de Dios para la Iglesia en este territorio.

 

Paula Mena, una de las representantes de Burgos, ha valorado especialmente el método empleado: «ha sido un método de trabajo que me ha gustado mucho porque no ha sido un método tradicional, sino un método en el que, a través de los demás, hemos ido descubriendo lo que el Espíritu quiere decirnos».

 

En la misma línea, el Hno. Domingo Fernández-Martos VS ha subrayado el carácter profundamente evangélico de esta experiencia: «ha sido una experiencia muy fructífera, muy evangélica en el sentido de que se viene a definir juntos lo que el Espíritu Santo quiere». Además, ha destacado la importancia de los momentos de silencio y escucha: «intentar dejar la escucha al Espíritu Santo y a la opinión del otro».

 

«El método ha sido fundamental»

El papel de los facilitadores, encargados de acompañar y guiar estos grupos de trabajo, también ha sido clave. Desde la archidiócesis de Burgos, tres personas han desempeñado esta tarea de facilitación, contribuyendo a que el método de la ‘conversación en el Espíritu’ se desarrollara con fluidez y ayudara a todos los participantes a implicarse activamente en el discernimiento.

 

Uno de ellos, Víctor Román, ha descrito su experiencia como «estupenda, formidable», destacando que «al final la evaluación era de mucha paz, de mucha acogida, de mucha escucha profunda».

 

Por su parte, Susana Castrillejo ha reconocido que el proceso ha sido «muy gratificante y muy enriquecedor», poniendo el acento en la comunión generada: «hemos sabido comprendernos y el método ha sido fundamental».

 

«Nos vamos con mayor ilusión todavía»

Por su parte, José Luis Lastra, vicario de Pastoral de la archidiócesis de Burgos, ha realizado un balance muy positivo tanto de la participación burgalesa como del conjunto de la Asamblea. «Hemos sido de las delegaciones más numerosas y yo creo que nos vamos con mayor ilusión todavía», ha señalado, subrayando la voluntad de trasladar lo vivido a la realidad diocesana: «salimos enriquecidos y además con ganas de llevarlo a nuestra realidad concreta».

 

En cuanto al desarrollo global del encuentro, Lastra ha afirmado que «las expectativas se han cumplido con creces», destacando la actitud de los participantes: «hemos sido personas dóciles al Espíritu, hemos sabido dialogar, compartir, abrirnos a lo que el Señor quería de nosotros». Una experiencia que, en su opinión, fortalece la fraternidad y la sinodalidad en la Iglesia y que «ojalá sirva para futuras ocasiones».

 

La Asamblea de Iglesia en Castilla se ha convertido así en un espacio de encuentro y discernimiento común entre las diócesis de la región, en el que la Iglesia busca responder a los desafíos actuales desde la escucha del Espíritu y la participación de todo el Pueblo de Dios.

«Renovados para la misión»

por Natxo de Gamón,

Escucha aquí el mensaje de Mons. Iceta

 

Queridos hermanos y hermanas:

 

Con el lema Renovados para la misión, desde el 30 de abril hasta el día de ayer, hemos celebrado en Ávila la Asamblea Eclesial de Iglesia en Castilla: un encuentro sinodal que ha reunido a más de 300 representantes de todas las realidades eclesiales. Hemos estado laicos, miembros de la vida consagrada, sacerdotes y obispos; todos, en un proceso de escucha, participación y discernimiento para el futuro de la Iglesia en Castilla. Un verdadero tiempo de gracia donde el Pueblo de Dios se ha dado la mano para escuchar –a una sola voz– lo que el Espíritu dice hoy a la Iglesia (cf. Ap 2, 7).

 

Vivimos necesitados de una verdadera renovación que haga, de nuestra vocación, una misión. «En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de nuevo no puede ver el Reino de Dios» (Jn 3, 3). Con esta oración pronunciada en medio de la noche –en el silencio buscador de Nicodemo–, el Señor vuelve a salir hoy a nuestro encuentro como una llamada viva que cruza la historia y alcanza el corazón de su pueblo.  Nosotros, como aquel hombre inquieto, nos descubrimos faltos de un nuevo nacimiento, de una vida que no proceda de nuestras fuerzas, sino del don que nace de lo alto. Porque la renovación cristiana es un misterio pascual: es morir a lo que ya no conduce a Cristo para renacer eternamente en Él, es permitir que el Espíritu que levantó a Cristo de entre los muertos (cf. Rom 8, 11) vuelva a fecundar nuestras comunidades, nuestras estructuras y nuestros corazones.

 

Cuando Nicodemo le preguntó al Señor cómo puede uno nacer siendo viejo (cf. Jn 3, 4), Jesús asentó en sus dudas una revelación: «El que no nazca del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios» (Jn 3, 5). Por tanto, toda renovación eclesial ha de volver a la fuente, dejar que el Bautismo vuelva a ser el comienzo de todo, el baño permanente de pureza, el origen de cualquier misión.

 

Durante la Asamblea, el trabajo se ha apoyado en el documento La conversión pastoral y misionera de la Iglesia en Castilla, que ha iluminado nuestro discernimiento en tres grandes ámbitos. En primer lugar, hemos sido llamados a una conversión pastoral, que nos pide volver a situar a Jesucristo en el centro de todo. No basta hablar de Él: es necesario encontrarse con su mirada y dejarse mirar por sus ojos para vivir desde su propia vida. Porque sólo quien ha rozado el borde de su manto y ha sido tocado por su amor puede anunciar con verdad el Evangelio. En segundo lugar, se ha puesto de manifiesto la urgencia de una renovación de la pastoral: la Iglesia está llamada a ser más cercana, más misionera, más participativa e implicativa. Una Iglesia que aprende el lenguaje de la escucha y la proximidad, reflejo del Corazón de Cristo, que «al ver a la multitud, se compadecía de ella» (Mt 9, 36). O somos una Iglesia que sale, acompaña y se implica en llevar el Evangelio a todos los ámbitos, o quedaremos repitiendo siempre los mismos esquemas pastorales ya superados. Y, en tercer lugar, se ha abordado la necesaria remodelación de las realidades evangelizadoras, con especial atención a la parroquia y al entorno digital. También las estructuras están llamadas a convertirse, a ser transparentes al Evangelio, a facilitar el encuentro con Cristo y que los fieles encuentren un hogar para vivir con Él. La parroquia, hogar apacible y acogedor entre todas las casas, debe redescubrir su identidad misionera y generar espacios para que los fieles la frecuenten y estén a gusto en ella; y el mundo digital, lejos de ser un mero instrumento, se presenta como un verdadero areópago donde la Palabra debe resonar con verdad y belleza, que ilumine las oscuridades y renueve los corazones.

 

Los objetivos que han guiado cada paso de este encuentro –impulsar una Iglesia más viva y misionera, fortalecer la comunión, ofrecer respuestas evangélicas a los desafíos actuales y concretar decisiones pastorales– sólo podrán hacerse realidad si nacen de corazones verdaderamente renovados dispuestos a salir de la tierra ya conocida para echar las redes mar adentro. Porque la misión no brota de un plan establecido, sino de una vida transformada por el Espíritu que sopla donde y como quiere.

 

La Iglesia no se renueva cuando se mira a sí misma, lo hace cuando se deja habitar de nuevo por el Espíritu Santo. No se trata de hacer cosas extraordinarias o llamativas, sino de dejarnos renovar en el agua viva de Aquel que «hace nuevas todas las cosas» (Ap 21, 5). Por eso hemos de renacer: cada día, cada decisión, cada gesto, cada palabra… debe estar habitada por el Señor. Nacer del agua que purifica y del Espíritu que vivifica para una misión que no es nuestra, sino Suya.

 

Que María, tierra fecunda del Espíritu, nos enseñe a dejarnos recrear en lo más profundo de nuestro ser, para que nuestra Iglesia sea en medio del mundo signo transparente de la vida nueva que no pasa y es fuente de vida. Y que, como Nicodemo, aprendamos a salir de la noche oscura para encontrarnos con la Luz que nunca se apaga.

 

Con gran afecto, pido a Dios que os bendiga.

 

✠ Mario Iceta Gavicagogeascoa
Arzobispo de Burgos