El encuentro de voluntarios del ámbito rural de Cáritas Burgos reunió el pasado 12 de mayo a más de 70 técnicos, voluntarios y sacerdotes, en una jornada celebrada entre Oña y Trespaderne en torno a la festividad de San Isidro y del Día del Mundo Rural del 15 de mayo. El día comenzó con la acogida de los participantes y un momento de oración, antes de dar paso a la charla impartida por Francesca Petriliggieri, de Cáritas Española, centrada en la animación comunitaria en el entorno rural. La intervención despertó un gran interés entre los asistentes, que participaron activamente con preguntas, comentarios y aportaciones sobre la realidad de los pueblos y la importancia de fortalecer el tejido comunitario.
Posteriormente se celebró una mesa de experiencias bajo el título Animación comunitaria desde lo pequeño, en la que se dieron a conocer distintas iniciativas impulsadas en el medio rural. Entre ellas, la experiencia de acogida comunitaria desarrollada en Trespaderne, el proyecto ‘Enseño mi pueblo’, compartido desde Sotillo de la Ribera, y la labor de una asociación local que impulsa distintas actividades comunitarias y celebraciones en su municipio.
La programación incluía una visita cultural a Oña, aunque la intensa lluvia obligó a modificar parte de la jornada y regresar antes de lo previsto a Trespaderne, donde tuvo lugar la comida en la residencia de la localidad. Allí los participantes pudieron compartir un tiempo de convivencia en un ambiente distendido y cercano. En la Eucaristía, motivada en torno al trabajo y la comunidad en el mundo rural, tuvieron también protagonismo los voluntarios.
El arciprestazgo de Santo Domingo de Guzmán ha hecho entrega a la comunidad camaldulense del Yermo de Herrera, en las proximidades de Miranda de Ebro, de la recaudación obtenida durante la proyección solidaria del documental Solo Javier, organizada el pasado mes de marzo en colaboración con Cine Club Duero. La iniciativa permitió reunir 500 euros destinados a ayudar a las necesidades de esta comunidad religiosa.
La entrega tuvo lugar el pasado 29 de abril, cuando una comisión del arciprestazgo junto al presidente de Cine Club Duero se desplazó hasta el monasterio para hacer personalmente el donativo al padre Antonio Benzomi, responsable de la comunidad. Según explicó durante el encuentro, la ayuda se destinará a labores de restauración de distintas infraestructuras de madera afectadas por problemas de humedad y carcoma.
Los monjes camaldulenses de esta comunidad viven en el monasterio de Santa María de Herrera, situado en un paraje apartado de los Montes Obarenes, cerca de Miranda de Ebro. Era la única de este orden en España hasta la constitución en Córdoba de una segunda comunidad a principios de esta década. Sus miembros mantienen una forma de vida austera, basada en la oración, el silencio y el trabajo manual.
Durante la visita, los propios monjes explicaron que cada miembro de la comunidad reside en una pequeña celda individual con taller y jardín propios, reuniéndose habitualmente solo para la liturgia y, en determinadas fiestas, para compartir la comida comunitaria. Sus medios de vida son muy limitados y se sostienen principalmente mediante pequeñas actividades como la apicultura o la cría de truchas.
La proyección solidaria del documental Solo Javier, en Aranda formaba parte de las iniciativas organizadas con motivo de la Jornada Mundial de la Vida Consagrada como propuesta abierta al público en general, tras la celebración de un encuentro de las distintas congregaciones religiosas presentes en la zona. La película se centra en la vida, conversión y vocación religiosa de Javier Sartorius y se proyectó como un evento especial dentro de la programación de Cine Club Duero.
Desde el arciprestazgo de Santo Domingo de Guzmán han querido agradecer públicamente la colaboración y disposición de este colectivo cultural para apoyar distintas iniciativas solidarias a través del cine. Ambas entidades ya habían colaborado anteriormente en la proyección del documental Libres, cuyos beneficios se destinaron a apoyar la creación de la comunidad camaldulense de Córdoba, así como en las campañas solidarias impulsadas junto a Manos Unidas.
El 10 de mayo se ha celebrado en España la Pascua del Enfermo, fecha en la que finaliza la Campaña del Enfermo que se inicio el 11 de febrero, día de la Jornada Mundial del Enfermo y festividad de la Virgen de Lourdes.
En torno a esa fecha, las parroquias de la archidiócesis han tenido muy presentes a los enfermos, los limitados y a los frágiles, rezando por ellos y en la medida de lo posible, realizando comunitariamente el sacramento de la Unción de enfermos.
En Burgos, la celebración de la Pascua del Enfermo tuvo lugar el pasado 6 de mayo en la residencia de mayores de la Junta de Castilla y León de Fuentes Blancas, con una misa convocada desde la Delegación para la Pastoral de la Salud.
El encuentro se vivió con solemnidad, con los matices de un acontecimiento extraordinario en la programación y el transcurrir normal de la vida en la residencia. En el acto colaboraron y participaron ampliamente los mayores, sintiéndose protagonistas de lo que estábamos celebrando. Hubo una gran asistencia de residentes, varios de ellos acompañados por sus familiares, además tuvieron la cercanía de los cuidadores y de la dirección del centro que se prodigaron en atenciones. También asistió un grupo de voluntarios de la Delegación para la Pastoral de la Salud y un nutrido coro que, con sus cantos, ayudaron a rezar.
La riqueza de aportaciones hizo que se creara un ambiente cálido, en una concurrida asamblea que sobrepasó ampliamente el centenar de personas. Los participantes ha valorado esta la celebración como un espacio de tiempo en el que vivieron una experiencia muy gratificante.
«La tierra descansará, la justicia se afirmará, los pobres se alegrarán y la paz volverá si dejamos de movernos como depredadores y comenzamos a hacerlo como peregrinos». Con estas palabras, el papa León XIV animaba —durante la homilía pronunciada el año pasado en Pentecostés— a cuidar la tierra y a trabajar por la justicia para que los más desfavorecidos puedan vivir con dignidad y en paz.
Desde hace un tiempo, nuestra archidiócesis burgalesa está acogiendo los Encuentros en el Mundo Rural, una iniciativa que nació con el objetivo de reflexionar sobre la realidad de los pueblos y sus desafíos en el marco de la Campaña Diocesana de Doctrina Social de la Iglesia, centrada este año en el mundo rural.
Desde Roa o Melgar de Fernamental, pasando por otros municipios, hasta Belorado, estos encuentros desean crear una conciencia pastoral que nos comprometa como Iglesia diocesana a encarnarnos y acompañar a las personas y a las diferentes realidades de nuestro mundo rural, a la luz del Evangelio y del Magisterio de la Iglesia, bajo el amparo de las recientes Orientaciones pastorales para el mundo rural.
La zona rural de nuestra archidiócesis es tremendamente rica en agricultura, ganadería, empresas, empleo, patrimonio artístico, vivencia religiosa… La defensa de los servicios básicos –sanidad, infraestructuras, educación, cuidados sociales…– hacen, de su tejido social, un compromiso cristiano único en favor de la dignidad de la persona. Al mismo tiempo, la despoblación rural es una realidad a la que intentamos ponerle freno. No cabe duda de que, con la llegada de la población inmigrante, familias jóvenes que regresan a las poblaciones desde donde marcharon sus padres, o la aparición de nuevos empleos fruto de la creatividad, aparecen nuevas oportunidades.
Por ello, hemos de poner en valor la presencia —tantas veces silenciosa, pero siempre fiel— de la Iglesia en este mundo rural de cara a toda la comunidad diocesana, que está comprometida con los retos existentes y está aportando propuestas sugerentes de futuro.
Cultivar la tierra y hacerla crecer es dejar a Dios ser Dios, es hacernos terreno apacible de encuentro para los demás, es asumir los desafíos de quienes sufren para hacerlos nuestros y afrontarlos en comunión. Desde esta Iglesia que peregrina en Burgos respaldamos alternativas sostenibles y respetuosas con la casa común.
Porque donde la tierra marca el compás de la existencia, se custodian valores esenciales: la cercanía, el sentido de comunidad, el respeto por la creación. Como recuerda el papa Francisco en Laudato si’, «todo está relacionado y todos los seres humanos estamos juntos como hermanos y hermanas en una maravillosa peregrinación, entrelazados por el amor que Dios tiene a cada una de sus criaturas y que nos une también, con tierno cariño, al hermano sol, a la hermana luna, al hermano río y a la madre tierra» (LS 92, cf. LS 220). Y en esa red de relaciones, el mundo rural se revela como un espacio privilegiado para aprender otra forma de habitar la realidad, más sencilla y más profundamente humana.
La Iglesia no sólo está presente en estos lugares, sino que, apuesta decididamente por ellos, reconociendo en su sencillez una riqueza que puede iluminar a toda la sociedad y ofrecer caminos nuevos –y, a la vez, renovar los antiguos– para vivir con mayor armonía con Dios, con los demás y con la casa común. Y, al final, apostar por un desarrollo rural sostenible y solidario necesita de un cuidado eclesial asentado sobre las bases del compromiso, la cercanía y la esperanza; un cuidado silencioso y fecundo que, como la semilla escondida en la tierra, da fruto a su tiempo y sostiene la vida allí donde parece más frágil, haciendo visible –también en lo pequeño y en lo cotidiano– el paso fiel de Dios por nuestros pueblos y nuestros campos.
A los pies de María, Madre que guarda y acompaña, confiamos cada puñado de nuestras tierras, para que todo en nosotros aprenda a preservar la belleza como hizo Ella con Jesús de Nazaret, siendo así sembradores de esperanza en la tierra de Dios.
«A mis 33 años no llego tarde. Llego más bien con claridad y valentía para dar un paso importante desde el corazón, elegido con calma, libertad y verdad». Con estas palabras resume Beatriz sus sentimientos cuando recibe el sacramento de la confirmación. Como ella, otros 58 adultos han celebrado este sacramento en la catedral esta misma tarde y, lejos de lamentar no haber recibido el don del Espíritu Santo cuando fueron adolescentes, casi todos coinciden en señalar que hacerlo ahora implica «mayor compromiso» y «decisión personal», una manera de volver a «reconectar con la fe».
Todos los candidatos se han formado desde meses atrás con un itinerario catequético diseñado especialmente para ellos y que se ha desarrollado tanto en Burgos ciudad como en Miranda de Ebro, donde también se ha celebrado el sacramento, y en Aranda de Duero, donde las confirmaciones se desarrollarán el próximo fin de semana. Coordinado desde la vicaría de Pastoral, estas catequesis no sólo han abordado la fe cristiana desde el punto de vista doctrinal, sino que también ha contado con testimonios de cristianos concretos que han relatado cómo viven su fe en el día a día, experiencias de conocimiento de distintas realidades eclesiales y momentos de retiro espiritual y oración.
Algunos se confirman porque desean ser padrinos de bautismo o contraer matrimonio. Es el caso de Guillermo, que se casa este próximo verano. Aunque para él hay una motivación todavía mucho más profunda: «Siento un acercamiento hacia Dios desde el año pasado y recibir la confirmación sólo acrecienta lo que he sentido dentro de mí y estas catequesis me han confirmado. Estoy muy contento de recibir este sacramento».