«La belleza que conduce a Dios»

por Natxo de Gamón,

 

Escucha aquí el mensaje de Mons. Iceta

 

Queridos hermanos y hermanas:

 

Mañana nuestra archidiócesis se reúne en torno a una celebración que no es solamente un recuerdo del pasado, sino una presencia verdaderamente viva: la fiesta de la dedicación de la Santa Iglesia Basílica Catedral de Burgos, cuando se cumplen 805 años desde que el obispo Mauricio y el rey Fernando III el Santo colocaran la primera piedra de lo que se convertiría en uno de los grandes signos de arte, esperanza y fe del mundo.

 

Decía Fiódor Dostoievski que «sólo la belleza salvará el mundo». Y no le faltaba razón a esta intuición, pues la belleza nos habla siempre de Dios y el anhelo del ser humano de poseerlo. Y si hablamos de lo bello, no podemos dejar a un lado nuestra catedral.

 

Más allá del peso de la historia, de la hermosura de la sillería, del acontecer del tiempo y del ingenio humano, nuestra catedral es un corazón que sigue latiendo, un espacio habitado, un misterio donde los milagros acontecen cada día. Es un lugar donde no hay horas vacías, donde el Cielo toca la Tierra en cada Eucaristía, donde se derraman lágrimas que nadie ve, donde llegan peregrinos y quienes cargan con su cruz y quienes traen sus súplicas y la alegría agradecida de un corazón en paz.

 

A lo largo de estos años como pastor de esta Iglesia burgalesa, he comprobado la inmensa riqueza escondida en tantas personas que Dios me ha puesto en el camino y que, sin saberlo, dan sentido al ministerio que se me ha confiado. Riqueza que no siempre hace ruido, pero que nutre la vida de la Iglesia que peregrina en Burgos con una discreción admirable. He sido testigo de una fe sencilla, muchas veces probada en silencio, transmitida como un tesoro escondido, de generación en generación. He visto dolores convertidos en plegarias agradecidas, esperanzas pequeñas escondidas en ruegos sinceros, corazones traspasados por la prueba que no se cerraban al misterio de Dios, sino que –desde su vulnerabilidad– se abrían más a su amor…

 

Y puedo decir, con humildad agradecida, que la catedral ha sido testigo de todo ello. Aquí, la Virgen María, protectora y patrona, conoce a la perfección a cada uno de los hombres y mujeres que, con historias distintas pero con una misma sed, han sido acogidos, comprendidos, perdonados y bendecidos. Y en ese encuentro silencioso entre la fragilidad humana y la misericordia de Dios, he contemplado cómo la gracia sigue actuando con una fecundidad que desborda cualquier previsión humana.

 

Pocas personas son plenamente conscientes de lo que sucede dentro de una catedral. Porque su verdad más profunda no siempre es visible. La belleza de sus naves, la armonía de sus vidrieras o la hermosura que eleva la mirada no son sólo estética: son pedagogía de Dios, son un modo de conducir el corazón hacia el Amor invisible. Así, en cada rincón de nuestra catedral Dios trabaja el interior de quienes acuden a su encuentro. Como un artesano paciente, va moldeando el corazón humano con la delicadeza de la misericordia. Durante más de ocho siglos, generaciones enteras han entrado en ella con sus preguntas, sus razones y sus promesas; y han salido un poco más habitadas por la luz.

 

También el perdón tiene aquí su casa. Esta misericordia que reconcilia historias rotas, que sana rencores antiguos, que abre futuros nuevos. Hay perdones que, sin gritar, cambian una vida entera. Y la catedral los ha visto nacer tantas veces… Quizá por eso uno aprende, con el tiempo, que el verdadero tesoro de una catedral no está en sus piedras o en su historia, sino en la vida escondida de su gente, en su capacidad de creer, de amar, de sostenerse, de comenzar de nuevo.

 

Le pedimos a la Virgen María que continúe haciendo verdad aquella intuición profunda de Dostoievski: que la belleza tiene una fuerza salvadora. Que Ella nos enseñe a contemplar la hermosura de la gracia que cada día sigue obrando en nuestra catedral, para que cuantos crucen sus puertas puedan encontrarse con el rostro misericordioso de Dios y salir de ella con el corazón colmado de paz. Y que, al celebrar estos 805 años de historia, sepamos custodiar este inmenso don, para que nuestra catedral sea, siglo tras siglo, un hogar donde la belleza conduzca siempre al encuentro con el Padre.

 

Con gran afecto, pido a Dios que os bendiga. 

✠ Mario Iceta Gavicagogeascoa
Arzobispo de Burgos

Burgos vuelve a proclamar: «¡Viva la Virgen del Carmen!»

por Natxo de Gamón,

<
>

 

La devoción a la Virgen del Carmen ha vuelto a hacerse visible un año más en las calles de Burgos. Centenares de fieles han participado en la celebración eucarística celebrada en la iglesia de Nuestra Señora del Carmen y, posteriormente, han acompañado la imagen de la Virgen en la tradicional procesión por el paseo del Empecinado.

 

Organizada por la comunidad de los padres carmelitas, la celebración ha reunido a numerosos devotos que han querido rendir homenaje a la Madre del Carmelo en el día de su fiesta. Durante el recorrido procesional no han faltado las muestras de cariño hacia la Virgen, con cantos, aplausos y vivas que han acompañado el paso de la imagen por las calles del barrio.

 

La procesión ha puesto el broche final a los actos de culto que la comunidad carmelita ha venido celebrando durante los días previos con motivo de la novena en honor de la Virgen del Carmen, una de las advocaciones marianas más queridas y arraigadas entre los fieles burgaleses.

 

La devoción a la Virgen del Carmen hunde sus raíces en el Monte Carmelo, en Tierra Santa, donde surgió la Orden del Carmen en torno al siglo XII. Con el paso de los siglos, esta advocación mariana se ha extendido por todo el mundo, especialmente a través del escapulario carmelita, convertido en signo de protección y de confianza en la intercesión de María.

 

También en Burgos, esta tradición continúa muy viva gracias a la comunidad de los padres carmelitas y a los numerosos fieles que, año tras año, participan en los actos litúrgicos organizados en torno a la festividad del 16 de julio, manteniendo viva una celebración que forma parte del patrimonio religioso y devocional de la ciudad.

El Círculo de Silencio de Burgos reclama dignidad para las personas migrantes presas

por Natxo de Gamón,

<
>

 

El CLI Círculo de Silencio de Burgos —que organiza bimestralmente la Delegación de Pastoral para las Migraciones y la Movilidad Humana de la archidiócesis en el paseo de la Sierra de Atapuerca— se ha celebrado este lunes, 13 de julio, en la capital burgalesa. En esta ocasión, el acto ha contado con la participación de voluntarios de Pastoral Penitenciaria, centrando su reflexión en la situación de las personas migrantes privadas de libertad y en la necesidad de mirar más allá del delito para comprender su historia.

 

Como es habitual, el encuentro se ha desarrollado en silencio, acompañado de la lectura de un manifiesto que ha puesto rostro a realidades concretas. Bajo el título El delito no debe solapar el origen de la historia, el texto ha presentado testimonios que reflejan las circunstancias de exclusión y vulnerabilidad que viven muchas personas migrantes antes de llegar a prisión.

 

Uno de los casos relatados ha sido el de Soulimane, quien «viajó durante semanas por todo el desierto del Sahara» desde Mauritania, invirtiendo sus ahorros en un cayuco hacia Europa. La narración ha mostrado cómo, tras aceptar hacerse pasar por capitán de la embarcación para abaratar el viaje, fue detenido a su llegada y condenado como responsable de tráfico de personas. «A veces el delito no debe solapar el origen de la historia», ha subrayado el manifiesto.

 

En la misma línea, se ha recordado la historia de Luis Alfredo, padre de familia en Medellín, quien aceptó transportar droga ante la desesperación económica. El texto ha vuelto a insistir en la misma idea central: «A veces el delito no debe solapar el origen de la historia».

 

El manifiesto leído durante el Círculo de Silencio de Burgos ha señalado también la situación estructural que afecta a las personas migrantes en prisión. Según el texto, «solo 3 de cada 10 personas que viven en los centros penitenciarios del estado proceden en su origen de fuera de España», aunque muchas de ellas han llegado tras recorrer itinerarios marcados por la exclusión social.

 

Más allá de la condena, el documento ha denunciado que estas personas encuentran dificultades añadidas para su reinserción. «Lo terrible de todo es que no se contemple con las personas privadas de libertad extranjeras lo que, por ley, les pertenece», se ha afirmado, recordando el artículo 25 de la Constitución, que establece el derecho a la reinserción social.

 

En este sentido, el texto ha advertido de las consecuencias que sufren tras cumplir sus penas: expulsiones del país, denegación de permisos, pérdida de derechos laborales o dificultades de acceso a la sanidad y al empadronamiento. «Por desgracia, una persona privada de libertad que es migrante, pierde los pocos derechos que hubiera podido conseguir antes de su entrada a prisión», ha denunciado el manifiesto.

 

El acto ha concluido con unas palabras del papa Francisco, recogidas en el texto, en las que propone «iniciativas que devuelvan la esperanza», como amnistías o itinerarios de reinserción que permitan recuperar la confianza en uno mismo y en la sociedad.

 

También en este Círculo de Silencio se ha tenido un recuerdo agradecido y un minuto de silencio por José Miguel González Cid, Josemi, coordinador del programa de Ocio y Tiempo Libre de Atalaya Intercultural y habitual participante en esta iniciativa, recientemente fallecido en accidente de tráfico.

 

De este modo, el Círculo de Silencio de Burgos ha vuelto a convertirse en un espacio público de denuncia y sensibilización, invitando a la ciudadanía a reflexionar sobre la dignidad de todas las personas y la necesidad de construir una sociedad más justa e inclusiva.

«Vivir la fe en comunidad transforma la vida cristiana»

por Natxo de Gamón,

Los grupos de vida son una de las siete prioridades emanadas de la Asamblea de Iglesia en Castilla. | Foto: wirestock / Magnific.com

 

La archidiócesis de Burgos está impulsando la promoción de los grupos de vida como una de las líneas de acción principales para el próximo curso pastoral. Esta iniciativa se enmarca en las siete prioridades señaladas por la Asamblea de Iglesia en Castilla, celebrada el pasado mes de mayo en Ávila, y busca fortalecer la vivencia comunitaria de la fe en las parroquias.

 

La Delegación para el Laicado ha comenzado a dar a conocer esta propuesta en todas las comunidades a través de un díptico que se ha enviado a las parroquias, con el objetivo de facilitar la creación de pequeños grupos estables donde los fieles puedan compartir, celebrar y profundizar en su vida cristiana.

 

En este contexto, Susana Castrillejo, miembro de la HOAC y del equipo de la Delegación, ha destacado el valor de esta experiencia, subrayando que «como realmente se vive la fe es de una forma compartida».

 

Espacios para crecer en la fe

Los grupos de vida en Burgos han sido presentados como espacios donde alimentar la fe y hacerla vida concreta. Según ha explicado Castrillejo, se trata de «un grupo de personas que toman la decisión de vivir la fe con más profundidad», compartiendo su experiencia a la luz del Evangelio y de la doctrina social de la Iglesia.

 

En estos encuentros, los participantes no solo se forman, sino que integran la fe en su vida cotidiana. «Es el lugar donde alimentar nuestra fe, donde crecer en ella, donde compartir con otros y donde hacer vida y compartir nuestra vida», ha señalado.

 

De este modo, la propuesta se aleja de un enfoque teórico para centrarse en la vivencia personal y comunitaria. «Vivir la fe de una forma aislada al final no te lleva a ninguna parte», ha advertido, insistiendo en la importancia de caminar junto a otros.

 

Revisión de vida y compromiso

En la práctica, los grupos de vida en Burgos se articulan a través de reuniones periódicas que combinan formación, reflexión y celebración. Una de sus claves es la revisión de vida, que permite analizar la propia realidad y avanzar en el compromiso cristiano.

«Vamos analizando nuestra vida y marcándonos compromisos que vayan cambiándola», ha explicado Castrillejo, quien ha subrayado que este proceso ayuda a crecer de manera concreta en la fe.

Además, estos grupos favorecen el discernimiento personal y comunitario. «El ir revisando mi vida poco a poco me hace crecer y me hace crecer con otros», ha afirmado, destacando también la importancia de compartir decisiones y procesos vitales dentro del grupo.

 

Una propuesta abierta a las parroquias

La archidiócesis ha concebido los grupos de vida en Burgos como una propuesta abierta a todas las parroquias, dirigida a personas con inquietud por profundizar en su fe. La intención es crear grupos con cierta estabilidad, adaptados a edades o situaciones vitales similares, que faciliten la confianza y el acompañamiento.

Al mismo tiempo, se busca que estos grupos impulsen la participación activa en la vida parroquial. «No se trata solo de ir a misa», ha señalado Castrillejo, sino de implicarse en tareas y responsabilidades concretas dentro de la comunidad.

Para ello, la Delegación para el Laicado ha comenzado a difundir materiales informativos y se ha ofrecido acompañamiento a quienes deseen iniciar nuevos grupos. Además, se contará con el apoyo de movimientos de Acción Católica y otras realidades eclesiales, como CVX.

 

Una experiencia que transforma

Para quienes ya forman parte de estos grupos, la experiencia resulta fundamental en su vida cristiana. «Me costaría vivir sin mi equipo de vida», ha reconocido Castrillejo, resaltando el valor del acompañamiento y del discernimiento compartido.

Estos espacios permiten integrar la fe en la vida diaria y descubrir nuevos compromisos. «Vamos descubriendo cómo implicarnos, cómo cambiar nuestra vida y cómo ayudar a otros», ha añadido.

Con esta apuesta, la archidiócesis de Burgos ha querido dar un paso más hacia una Iglesia más participativa y en salida, donde la fe se viva en comunidad y se traduzca en un compromiso concreto en la sociedad.

Niños y jóvenes de la Ribera «asaltan» el castillo de Tarazona en una aventura de fe y convivencia

por Natxo de Gamón,

<
>

 

Con el lema Panivín y el asalto al castillo, alrededor de 170 niños, niñas y jóvenes de los Grupos Parroquiales Juveniles (GPJ) de Aranda de Duero han participado en la cuarta edición de los campamentos de verano. En esta ocasión Panivín, mascota de los GPJ, se ha trasladado a las instalaciones del Seminario Diocesano de Tarazona (Zaragoza), lugar en el que han encontrado un aliciente especial para la realización de las actividades. El Seminario de esta diócesis ha brindado la hospitalidad de servicio de cocina y sus instalaciones, cuya piscina y diversidad de campos y salas han facilitado todo tipo de juegos, talleres y fiestas.

 

Las históricas callejuelas y plazas de la ciudad mudéjar han sido escenario de gymkanas y concursos. La remozada catedral ha deslumbrado a todos con Hydria, el espectáculo audiovisual nocturno que acerca a la historia y la fe del templo. Santa Cruz fue la meta de la jornada de excursión, a los pies del imponente Moncayo.

 

Las ambientaciones de cada día y sus revisiones al final de la jornada, las oraciones y celebraciones y eucaristías han ayudado a la transmisión y vivencia de valores y virtudes. Una de las misas fue celebrada por el obispo de la diócesis, el burgalés Mons. Vicente Rebollo Mozos, quien además compartió con los chavales la cena y sus experiencias en convivencias similares.

 

El campamento concluyó con la celebración de la jornada de familias, ocasión de encuentro y gratitud por esta iniciativa, que continúa la labor desarrollada durante todo el curso en las catequesis infantiles y en los grupos de adolescentes de las parroquias de Aranda y alrededores.

 

La programación de los GPJ incluye para este verano la realización del Camino de Santiago para los mayores y el voluntariado con la Hospitalidad de Lourdes.