Hay textos que uno, nunca, quisiera tener que escribir; noticias que, nunca, desearía tener que trasmitir, papeles que, nunca, quisiera tener que firmar: la muerte de un maestro, de un amigo, de un hermano. Pero, la realidad se impone. Y, hoy, tengo que escribir, comunicar y firmar: ¡D. Pablo del Olmo ha muerto!.Con su muerte,
Hay personas cuya sencillez, sinceridad y simpatía hacen que sientas gozo en su compañía. Una de esas personas nos ha dejado, José María Herrera. No temo equivocarme que habrá pocos en la Provincia de Burgos que conozcan, por nombre y apellidos, a tantas personas como José María. Ir con él, andando, a algún sitio, era
¡Gracias! Esta es la última palabra que esta mañana, en la lucha fatigosa entre la vida y la muerte, en medio de un dolor espantoso, me balbuceaba, por dos veces. Poco después lo temido se confirmaba: D. Nicolás ha muerto. Burgos, ciudad, provincia, Diócesis, han perdido uno de sus grandes hombres. Nacido, pronto iba a
D. Teodoro, nuestro obispo (1982-1992), ha muerto. La muerte de un padre siempre es dolorosa. Los cristianos el dolor lo vemos mermado gracias a la fe: memoria de la Resurrección de Cristo, que garantiza la esperanza de un futuro plenificador, preparado en un presente vivido en el amor. Era el primer domingo de Adviento de
La Vicaría Diocesana para el Clero es el Organismo colegiado que tiene como finalidad fundamental el servicio y atención al Clero –sacerdotes y diáconos- en su dimensión humana, espiritual, intelectual y en el aspecto pastoral.
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